Por José Antonio Caro John. Penalista
Siempre hemos oído hablar de que la justicia penal está en crisis, y ahora también se deja oír la procuradora Sonia Medina manifestándose en este sentido. Con crudeza, ella relata que la procuraduría antidrogas no cuenta con recursos económicos suficientes, carece de personal calificado y, por si fuera poco, tiene que luchar contra el narcotráfico en un Poder Judicial demasiado lento y corrupto, y con una legislación que cada vez más tiende a darle "demasiada preeminencia" al fiscal penal.
Sin poder negar parte de la realidad descrita por la procuradora, debe respondérsele señalando que muchos de los defectos endilgados al Poder Judicial y al Ministerio Público como factores de la crisis en la lucha antidrogas no se debe, sin embargo, solo a ellos, sino también a la propia complejidad de la investigación de los delitos de narcotráfico y a su procesamiento dentro de un modelo de justicia penal con una normatividad hoy obsoleta, pero todavía vigente.
En efecto, en el modelo procesal actual es inevitable observar la diaria congestión judicial de los procesos complejos contra la criminalidad organizada, y en gran medida porque al juez penal se le obliga a instruir y resolver las causas penales.
Este problema podrá comenzar a resolverse, en gran medida, con el reconocimiento de la exclusividad de la acción penal al Ministerio Público, de modo que los fiscales penales tengan competencia para instruir los procesos penales, dejándose al juez la única misión del juzgamiento. Que la fiscalía tenga "demasiada preeminencia" no es un problema, sino en ella constituye más bien el comienzo de solución al problema. Baste ver la experiencia alemana, donde el Ministerio Público, como único órgano instructor de las causas penales, y teniendo en sus manos el monopolio de la acción penal, ha resuelto impecablemente el problema de la tan reprochada lentitud de la justicia penal.
Por esta razón, urge que en el país rija, lo más pronto posible, el nuevo Código Procesal Penal, el mismo que está inscrito en el mismo modelo de su par alemán. Naturalmente, ello tendrá que ir acompañado por reformas orgánicas, como de un mejor reparto y creación territorial de juzgados y fiscalías, capacitación de jueces y fiscales, entre otros.
Entonces, no se trata de que el narcotráfico lo compre todo, sino que gran parte del problema es propiciado por el propio modelo procesal penal vigente, cuyo cambio se hace impostergable cada vez más.