L o sucedido el sábado último no puede volver a repetirse: una combi cayó a un abismo en Cajamarca, cuatro ómnibus fueron asaltados entre Ayacucho y Huancavelica y, por añadidura, transportistas vándalos incendiaron un puesto del MTC en la variante de Uchumayo, en Arequipa.
Son las consecuencias del insuficiente control e inseguridad que existe en las carreteras, así como de la negligencia e irresponsabilidad de ciertas empresas del transporte interprovincial que se niegan a aceptar la tolerancia cero.
El MTC tiene que ser inflexible. No puede detenerse en la articulación de un sistema que garantice la circulación de vehículos seguros, control policial y la participación de los transportistas que, en lugar de obstáculos, tienen que convertirse en parte de la solución del problema frente al caos vial. Además de impedir la impunidad, sancionando las infracciones y haciendo efectivas las multas.
Las empresas que no están de acuerdo con las normas vigentes, como el Reglamento de Tránsito, deben sentarse con el MTC para analizar su aplicación, pero de ninguna manera adoptar posturas desafiantes. Es más, es intolerable que incurran en delitos, como el de Arequipa, o se plieguen a paros que solo afectan al usuario, como si la violencia solucionara los problemas del transporte.