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Hora cero para los terminales terrestres

Ojalá que esta vez el anunciado plazo final contra los terminales de ómnibus informales realmente acabe con la anárquica y endémica proliferación de estas instalaciones, que principalmente se concentran en Lima y La Victoria.

De poco servirán las nuevas obras viales que apuntan a resolver el tránsito, cuando aún falta despejar las calles del desbocado servicio de transporte interprovincial.

Los datos de la realidad son escandalosos. En toda Lima existen 350 terminales, pero solo el 10% está habilitado por el Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Es decir, el resto funciona al margen de la ley y, peor aún, en precarias condiciones y con un pésimo servicio para el pasajero. Por ejemplo, la mayoría ha convertido terrales o cocheras en terminales, a veces con capacidad para un solo ómnibus y en otras se aglomeran hasta 15 empresas.

Más grave todavía es que operan en avenidas muy transitadas, donde el ingreso y la salida de estos vehículos pesados, muchas veces en cámara lenta (pues deben hacerlo en retroceso), bloquean el paso de otros autos y causan la más infernal de las congestiones en cualquier punto de la ciudad.

Por cierto que este mal es histórico y producto de la falta de autoridad con que se ha manejado el sector. Sin embargo, renueva la fe para la solución de este arraigado problema la decisión del Ministerio de Transportes que acaba de anunciar que pasado 90 días cerrará los locales que incumplan las condiciones de un terminal apto (cosas básicas como un counter de atención bajo techo, sala de espera y un espacio para el chequeo de equipaje y de pasajeros) y cuyo funcionamiento afecte el tránsito en la zona.

La titánica labor de ejecutar eficientemente esta disposición no solo recae en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones sino que los gobiernos municipales deben también darle todo su apoyo.

Ahora bien, la inacción de gestiones anteriores, muchas veces por superposición de funciones, hizo que el problema creciera hasta adquirir las actuales proporciones. En consecuencia, corresponde una acción conjunta para lograr un mejor resultado.

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