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Cuando la política y los negocios van de la misma mano

Por: Juan Paredes Castro |

Hugo Chávez no se ha demorado ni cuarenta y ocho horas en echar por tierra lo que el presidente Alan García y su canciller José Antonio García Belaunde venían defendiendo: que podíamos recibir inversiones venezolanas al margen del color político del régimen.

Las declaraciones de Chávez hechas en Caracas el último miércoles son de espanto. No solo ha anunciado la pronta revisión profunda de las relaciones diplomáticas y económicas con España, a raíz del estate quieto que le propinó el rey Juan Carlos de Borbón ("¿Por qué no te callas?"), sino que ha dicho, entre otras cosas, que va a "meterles el ojo" a las empresas españolas, a las que ha amenazado con una severa petición de rendición de cuentas e inclusive con la eventual posibilidad de nacionalizarlas.

El mandatario venezolano tiene tan a flor de piel la intolerancia y tan a la mano las medidas políticas a adoptar contra quien se cruza en su camino, que bastó que tuviera un áspero intercambio de frases con el rey Juan Carlos, durante la reciente Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, para que montara en cólera contra las empresas y las inversiones españolas.

Después de la Decimosexta Cumbre Iberoamericana Chávez fue recibido en Caracas en olor a multitud, prácticamente como triunfador en su altercado con el rey Juan Carlos. Su reacción contra España y sus empresas más parece revelar, por el contrario, que el "¿Por qué no te callas?" le ha dolido en el alma, no tanto por la frase misma como por el efecto universal de quien lo dijo. Tampoco puede decirse que el rey Juan Carlos estuvo bien, dado el marco del acontecimiento. Pero nada justifica mezclar los fermentos del incidente político de Santiago de Chile con los marcos contractuales de Estado que rigen las garantías al capital extranjero en la Venezuela de Hugo Chávez.

Por ahora el propio Hugo Chávez se ha encargado de arrojar una sombra más en el tema de las inversiones venezolanas, especialmente de PDVSA, que de por sí refleja el manoseo político directo que sobre ella ejerce el gobierno. La anunciada represalia contra las empresas españolas confirma la regla: Hugo Chávez no separa los negocios de la política, como pensaban hasta hace dos días el presidente García y su canciller.

Claro que para el mandatario peruano las reglas de mercado abierto aconsejan que no debemos juzgar las inversiones por los colores políticos de los gobiernos. Eso está muy bien.

El problema empieza cuando tales gobiernos, a diferencia del nuestro, que separa la política de los negocios, tienen una preconcebida convicción de que no debe ser así.

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