CRÍTICA DE ARTE
Por Élida Román
Como anota Ana María Rodrigo, en el texto de presentación de la exposición "Lima-Nueva Delhi-Lima" , "...El triunfo de la pintura en Luis Alberto León en el espacio del arte contemporáneo es un fenómeno atípico, un locus personal, resguardado; un alto en el continuum convulso y poblado de instalaciones, apropiaciones, intervenciones, pintura/esculturas, foto/esculturas..."., refiriéndose, sin duda, al ámbito local.
Si bien en el último año la pintura, como medio y posibilidad, ha recuperado considerable espacio del que había perdido, la ola de nuevas opciones y el cruce de técnicas e instrumentos, parecía haber copado las preferencias, en especial en los más jóvenes. Y entre aquellos que no abandonaron lo que ha sido llamado un arte tradicional, la insistencia en seguir rutas conocidas conspiraba en contra del interés, lo que revela un casi agotamiento formal.
Luis León pinta cuadros notables. Prescinde de la receta, del gusto y de lo políticamente correcto, para optar por un discurso despiadado, agresivo y brutalmente veraz, al mismo tiempo que propone narraciones descabelladas, realidades descarnadas, espacios imposibles, en una retórica que solo obedece a las percepciones y los sentimientos de una sensibilidad gobernada por la duda, el escepticismo y la ausencia de autocomplacencia. Todos los cuadros tienen un personaje instalado en espacios claramente planteados, de apariencia perfecta, pero siempre intencionalmente imperfectos, desde el buscado error en el gobierno de la perspectiva clásica ("Orquídeas") hasta la invención inexplicable e inesperada ("Colegialas"), desde la recreación de lo reconocible hasta la inclusión de lo insólito. Estrategias que pueden pensarse devotas de surrealismo, pero la casi despiadada verosimilitud de la piel y las carnes las colocan en un plano diverso, más cercano al testimonio basado en la vivencia íntima. Porque estos personajes, entre andróginos y esperpénticos, de expresión hierática, imperturbable, miradas perdidas, tocados por la fealdad y el defecto, o bañados de paz ("Úrsula"), de pieles extrañas por su color inverosímil, quizás mimetizadas con la sensación de su entorno-prisión, tantas veces aparentando abandono resignado, muy a menudo situados donde no corresponde, crean un contrapunto de significados tan intenso que consiguen superar el rechazo, pasar la barrera de lo aceptado y adquirir una normalidad insólita. No son descripciones minuciosas del sueño, tampoco relatos de opinión o juzgamiento. León prodiga anclajes. Y la prodigalidad se multiplica de tal forma que no fija un criterio sino que propone un cúmulo de ambigüedades. Quizás la obra más explícita y sencilla sea "Viewmaster": junto a una ventana, de espaldas a un mar calmo, bello e inmenso, una joven se sumerge en las imágenes que pasan por un pequeño aparato para visión de transparencias. Lo virtual ganando a lo real y natural.
Luis León tiene mucho que decir. Y la buena noticia es que sabe muy bien cómo hacerlo.