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Narrativa

EL PERFECTO ASESINO
Un maestro del género policial

ADIÓS MUÑECA
Raymond Chandler
Traducción de César Aira
Emecé
317 pp.
S/. 49 En
"El simple arte de matar", un breve ensayo que publicó en 1950, Chandler asegura que: "si es realista, el autor de novelas policiales escribe acerca de un mundo donde los países son gobernados por mafiosos; un mundo donde el alcalde de tu ciudad puede asesinar por dinero y donde ningún hombre puede caminar seguro porque la ley y el orden son cosas de las que hablamos pero que jamás practicamos; se trata de un mundo en el que uno puede presenciar un crimen a plena luz del día, recordar el rostro del asesino, pero permanecer callado porque los criminales tienen amigos en los juzgados. No es un mundo agradable, seguro, pero es el mundo en que vivimos".

Para Chandler, el héroe de las novelas policiales está obligado a vivir en ese mundo, porque es la única persona capaz de descubir y exhibir sus verdades ocultas. Según Chandler, este héroe es "un hombre honorable por instinto. Su lenguaje es el lenguaje de su tiempo, rudo e ingenioso, Su historia es la búsqueda de una verdad oculta".

Si alguna vez Chandler creó un personaje cercano a este ideal, no hay duda de que fue Philip Marlowe, el detective privado de El sueño Eterno, El largo adiós y, por supuesto, Adiós, muñeca, novela que Chandler consideraba su mejor trabajo y que Emecé acaba de reeditar, traducida por César Aira.

En Adiós, muñeca, Marlowe se decide a descubrir ("por curiosidad") el paradero de Velma Valento, una mujer que también es buscada por su ex novio, un asesino liberado tras ocho años de encierro. Mientras busca a Valento, Marlowe es contratado por un elegante millonario que quiere recuperar una joya robada. En el camino que conduce al descenlace, Marlowe se topa con algunos de los mejores personajes creados por Chandler: Jessie Florian (la alcohólica viuda del dueño del bar donde bailaba Valento), Anne Riodan (la jovencita que intenta ayudar a Marlowe a lo largo de la novela), el guardián del bar Florian y la hermosa Helen Grayle.

Chandler hace converger las historias de los personajes en un final común, pero no es su sobria lógica narrativa, tampoco las descripciones de sus personajes, ni la recreación de Los Angeles en los años 40 lo que convierte a Adiós, muñeca en un clásico. Este mérito es de Marlowe, más que un personaje, una actitud y una lección de cómo convertir a un mundo poco agradable en el pretexto perfecto para iniciar una nueva y emocionante aventura. Aunque sea solo "por curiosidad".
 [Francisco Melgar Wong]

UN PEQUEÑO INCONVENIENTE
Mark Haddon
Alfaguara
484 pp.
S/. 59
George Hall es el ex gerente general de una pequeña empresa dedicada a la construcción de parques infantiles que, tras jubilarse, vuelve a casa a pasar el resto de sus días al lado de su disfuncional familia. Para distraerse, George se sumerge en la construcción de un nuevo estudio en su jardín, pero por la cercanía de sus familiares no puede llevar a cabo su tarea con tranquilidad. En primer lugar está su esposa, Jean, fastidiada por su regreso, ya que esto le impide encontrarse libremente con su amante. Luego está Katie, la hija temperamental que ha decidido casarse con Ray, un inoportuno y divorciado joven nacido en el seno de la clase obrera inglesa. Por otro lado, está Jamie, el hijo inseguro, emparejado con el impredecible Tony. Para complicar aún más las cosas, una mañana George descubre una extraña lesión en su cadera, una oscura mancha que, según su punto de vista, es el comienzo de una enfermedad mortal. Así se inicia la historia que el escritor británico Mark Haddon narra en Un pequeño inconveniente, donde (gracias a un lenguaje transparente, agudas observaciones y la sucesión de anécdotas domésticas) asistimos a la desmitificación de la familia como institución social y, al mismo tiempo, a la redención de un patriarca que se enfrenta a sus últimos años de vida. Celebrada por la crítica anglosajona como una de las mejores novelas publicadas en Inglaterra el año pasado, Un pequeño inconveniente pretende hacernos creer que las relaciones sentimentales que entablamos con otros miembros de la raza humana están destinadas, inevitablemente, a causarnos dolor; pero que paradójicamente, estos lazos emocionales encierran los únicos mecanismos capaces de sanar nuestras heridas y acabar, al menos por un tiempo, con nuestras tristezas. Tal como le explica George Hall a su esposa, en uno de los momentos cruciales de la novela: "Yo. Jean. Alan. Barbara. Katie. Ray. Todos vamos a morir. Pero no queremos admitirlo. No comprendemos lo importante que es. Esto. este sitio. Los árboles. La gente. Los pasteles. Entonces nos lo quitan todo. Y comprendemos nuestro error". Epifanía, le dicen.
[FMW]

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