Por Jorge Paredes
Arequipa ha sido -desde las asonadas caudillescas del siglo XIX- un epicentro político del país, fuente de conspiraciones y revueltas, propulsora de la Confederación Perú-Boliviana, y también el corazón de levantamientos en contra de dictaduras y gobiernos que quisieron perpetuarse en el poder. De esta ciudad partió Sánchez Cerro para derrocar a Leguía en 1930 y en esa misma plaza adoquinada estudiantes y pobladores resistieron veinte años después a la dictadura de Manuel A. Odría. Tanto así que Basadre llamó a la ciudad "el caudillo colectivo del país".
Fiel a esta tradición Mario Polar Ugarteche (1912-1988) nació en la política en las calles arequipeñas durante los últimos años del oncenio de Leguía. Junto a un grupo de estudiantes firmó una proclama a favor de la restauración democrática. Mario Polar es el personaje de excepción de estas más de quinientas páginas que recuperan los escritos, los discursos y también algunos textos de relativo valor literario de uno de los ideólogos de la Democracia Cristiana en el Perú. Bajo su mirada se recorre buena parte de la vida política y social del país y de la Arequipa ilustrada y liberal del siglo anterior. Entre los textos en prosa destacan La leyenda de Arequipa, publicada en 1956, donde trata de explicar el carácter singular de su ciudad natal, y la semblanza "Papá Juan", que forma parte del libro de memorias Viejos y nuevos tiempos. Cartas a mi nieto (1969), aquí el autor evoca la figura de su tío abuelo, un maestro de escuela y filántropo muy querido por los ricos y pobres de la ciudad.
BAJO LA SOMBRA DE LAS DICTADURAS
Con la llegada al poder de José Luis Bustamante y Rivero en 1945 apareció en la escena política arequipeña un grupo de jóvenes independientes que con el tiempo darían vida a la Democracia Cristiana, influidos sobre todo por las ideas de Víctor Andrés Belaunde y por la doctrina social de la iglesia, a partir de las encíclicas de Pío XIII, del Rerum Novarum (1891). Entre ellos estaban Javier de Belaunde, Héctor Cornejo Chávez, Juan Chávez Molina y Mario Polar. Su fogueo en la vida política sucedió durante los duros años del ochenio de Manuel A. Odría (1948-1956), cuando el gobierno golpista emprendió la persecución de apristas y comunistas, bajo la Ley de Seguridad Interior. En junio de 1950 una manifestación popular de tres días en el centro de Arequipa terminó sangrientamente, lo cual sería un lastre para la dictadura.
Sobre estos hechos el libro reproduce una carta que Polar -ya elegido senador en 1957- envía al diario La Prensa para refutar la versión dada por el coronel Daniel Meza Cuadra (prefecto de Arequipa en junio de 1950 y acusado por la población de la represión a estudiantes y trabajadores), en ella señala que las protestas fueron espontáneas y no estuvieron, como sostenía el militar, alentadas por algún grupo político y que los muertos no eran invento de los pobladores, sino gente anónima del pueblo.
Como senador de la Democracia Cristiana (1956 a 1962), Polar se convertirá en un tenaz investigador del gobierno de Odría. Mientras los defensores de dicho régimen alababan las obras públicas desarrolladas en el ochenio, él afirmaba, en una sesión del Congreso del 28 de agosto de 1956, algo que en realidad es válido por toda dictadura que pretende escudarse en el éxito de su gestión: "Hemos criticado que en la realización de esas obras se haya incurrido en numerosos despilfarros (.) y hemos criticado, sobre todo, el que se pretenda justificar los atropellos contra la dignidad de los ciudadanos, contra la libertad y la Constitución, en el afán de construir carreteras o de levantar monstruos de cemento como el Ministerio de Educación. Como lo he manifestado en varias oportunidades, la realización del progreso de un país se tiene no solo haciendo obras materiales indispensables, sino también haciendo Moral, insuflando dignidad y respeto, creando conciencia cívica, porque el progreso material que no está respaldado por el verdadero progreso cívico, no conduce a ninguna parte. No bastan las obras materiales: es necesario que los electores eventuales se conviertan en ciudadanos permanentes" (p. 112).
Entre 1963 y 1968 fue vicepresidente y senador por Lima en la Alianza Acción Popular-Democracia Cristiana. De esta etapa data un proyecto de ley de reforma agraria (1964), que buscaba realizar esa "revolución sin balas" que propugnaba la Democracia Cristiana, reforma que después sería desvirtuada por el golpe militar de 1968. Luego vendrá la ruptura de este grupo y la creación del Partido Popular Cristiano. En su madurez política, Polar participará en la Asamblea Constituyente de 1978-1979 y después será elegido dos veces senador, entre 1980-1985 y 1985-1990. En este período lo alcanzará la muerte en 1988.
Mario Polar perteneció a esa generación de políticos arequipeños, católicos, señoriales e ilustrados, que trataron de hacer brotar en el Perú las ideas del socialcristianismo. Este libro da fe de una comunión rara en la política peruana: el encuentro entre legalidad, solidaridad y decencia.