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"El narcotráfico es ahora más peligroso de lo que fue Sendero"

Ex ministro del Interior exhorta a retomar la iniciativa política y policial contra este flagelo y a recuperar las zonas que controla

Por Francisco Tumi Guzmán

¿En qué se basa para afirmar que, a diferencia de lo que el Gobierno asegura, los últimos ataques en Huánuco y en Huancavelica no tienen nada que ver con un supuesto rebrote terrorista, sino directamente con el narcotráfico?
Primero, en que el narcotráfico está creciendo de manera muy fuerte, sobre todo en el valle de los río Apurímac y Ene (VRAE), aunque también en el Alto Huallaga. Segundo, en que ya hay zonas liberadas del narcotráfico, como por ejemplo el mismo VRAE. Los narcotraficantes tienen compradas a gran parte de las autoridades allí, y además ejecutan actos de violencia cuando quieren y no les pasa nada, como estamos viendo en estos últimos ataques. No les pasa nada a los ejecutores, es decir, a los sicarios. Y tampoco les pasa nada a los que organizan los ataques y hacen la bolsa para ejecutarlos.

¿Cuándo empezó este último capítulo de expansión y de mayor agresividad del narcotráfico?
En diciembre del 2005. En ese momento hubo dos ataques: Uno en el VRAE, en donde mataron a varios policías que salían de la base de Palmapampa --una base antidrogas de la Policía Nacional que acababa de ser inaugurada en noviembre-- con rumbo a Ayacucho. Y ese mismo mes mataron también a otros 8 policías cerca de Aucayacu, en el Alto Huallaga. Ese es el punto de quiebre, el inicio de esta nueva etapa. A partir de allí, el narcotráfico ha cometido otros atentados que les ha costado la vida a varios policía y fiscales.

¿Qué áreas busca controlar el narcotráfico?
La pasta básica sale de las zonas cocaleras y se transforma en cocaína en laboratorios ubicados en Ayabaca, Huanta, Ayacucho, Apurímac, Andahuaylas, Huan-cavelica... El narcotráfico ya no tolera que le toquen sus rutas y sus zonas liberadas. Ayabaca, por ejemplo, en Piura, se está convirtiendo en una zona liberada.

Todo esto es, sin duda, consecuencia de la ejecución del Plan Colombia en el país vecino.
Es así de sencillo. El narcotráfico crece en el Perú como consecuencia de la ejecución, desde fines de la década pasada, del Plan Colombia.

¿Por qué el Gobierno se empeñaría en desviar la atención hacia Sendero? ¿Porque no tiene ningún plan o porque tiene otros objetivos, por ejemplo mantener vivo el temor al terrorismo?
Yo ya estoy sospechando otra cosa. No puede ser posible tanta ingenuidad. Hay algo oscuro ahí. No puede ser que no se den cuenta de lo que pasa. Hace un año y medio, cuando llegaron al Gobierno, uno podía pensar que eran muy ignorantes y que no le daban importancia al asunto. Pero ahora ya no pueden ser tan ignorantes. Esto último de difundir los nombres de los terroristas que han salido de la cárcel es increíble. ¿Qué tiene que ver eso con el crecimiento del narcotráfico? A mí me parece muy sospechoso que el Gobierno esté tratando de desviar la atención y de encubrir el crecimiento del narcotráfico.

¿Cómo interpreta usted eso?
No sé. Habría que buscar más información.

¿En torno a qué?
Bueno, el narcotráfico siempre tiene relación con la política en todas partes del mundo.

¿No se trata de algo mucho más simple y es el no poder reemplazar a Alva Castro porque es una pieza importante en los equilibrios políticos dentro del Apra?
Yo no sé una pieza importante de qué es Alva Castro. Él tiene también muchas relaciones que ya han sido publicadas por la prensa. Eso no es nuevo en el Perú. La famosa conferencia de agosto del 2000 de Fujimori y Montesinos sobre el tráfico de armas de las FARC es un ejemplo de cómo funciona el tráfico de armas y el tráfico de drogas. No me digan, pues, que no hay relación entre el narcotráfico y la política. Claro que la hay, y llega a niveles muy altos.

A pesar de la gravedad de los hechos, muy pocos peruanos consideran que el narcotráfico es un problema clave para el país.
Pero los hechos son impactantes. No es cosa de juego que el narcotráfico ataque una comisaría en Apurímac y mate al comisario a la vista y paciencia de todo el mundo. No es cosa de juego el ataque en Tayacaja, en Huancavelica; o el caso de los mexicanos que cada cierto tiempo son asesinados acá en Lima con métodos propios de los sicarios; o el caso del juez al que mataron y que estaba viendo el proceso de esos mexicanos y colombianos. Eso no ocurría antes en el Perú. Cualquiera que tenga dos dedos de frente se da cuenta de que algo muy grave está pasando. Los únicos que no se dan cuenta son los políticos que están en el Gobierno. Eso me parece muy sospechoso.

¿No hay, entonces, de ninguna manera, el riesgo de rebrote senderista?
No, no hay. Eso del rebrote senderista se ha discutido por lo menos 15 veces en los últimos años. Cada vez que hay una de estas cosas, resulta que hay rebrote senderista. Pero es mentira. No existe esa posibilidad. Sendero ya fue derrotado. Existen dos grupos armados que están ahí, pero que no crecen, que no se expanden, que no llegan a otras zonas, que son sicarios del narcotráfico y que solo actúan en función de los intereses del narcotráfico.

¿No es un error reiterado subestimar a esos grupos?
No. El error es subestimar el problema del narcotráfico. El narcotráfico es ahora más peligroso de lo que fue Sendero, pues tiene muchísima más plata y puede generar muchísima más violencia. Miremos lo que pasó en Colombia hasta que llegó Uribe y puso en marcha el Plan Colombia. Miremos lo que está pasando hoy día en México o en Guatemala, que son países de tránsito donde la violencia es brutal. Allí el narcotráfico ha desbordado y corrompido a las autoridades.

¿Qué debería hacer el Estado peruano frente al narcotráfico?
Para empezar, recuperar el control de las zonas que se han perdido. Pero para ello se necesitan muchas cosas. Para comenzar, una decisión política del más alto nivel. No es cuestión de un jefe policial; ni siquiera de un ministro del Interior. Tiene que ser desde el más alto nivel, pues esta lucha será muy dura, larga y peligrosa, ya que el narcotráfico va a reaccionar. Hay que poner bases policiales en el Huallaga y en el VRAE, y el Ministerio del Interior tiene que retomar el control. Este no es un asunto militar.

¿De todas maneras tiene que haber represión?
Así es. Ese es el tema. También tiene que haber, por supuesto, todo lo demás: plan de educación, plan de salud, pero este no es un problema de educación, ni de salud, ni siquiera de pobreza. Puede haber la mejor salud del mundo y la mejor educación del mundo, y va a seguir habiendo narcotráfico. Lo que hay que hacer es entrar ahí y acabar con las firmas que operan a vista y paciencia de todo el mundo. Son los dueños de Llochegua, de Sivia, de San Francisco, de toda esa zona, y tienen sobornados a todos.

¿Son inevitables los combates?
Así es. Hay que tomar la iniciativa.

¿Y también se tendrá que bombardear?
No se requiere tanto. Se requiere tener la iniciativa y estar un paso adelante de ellos, pues si uno se queda, ellos toman la iniciativa. No se trata solo de poner más policías, sino de ir con la iniciativa y de golpearlos para tenerlos a ellos a la defensiva. Por supuesto, no solo se trata de mandar más efectivos, sino que tiene que haber una reforma en la policía y un control muy estricto sobre los efectivos que se mandan, pues de otra manera el narcotráfico los compra.

¿Cuántas bases y cuántos policías se requieren para una campaña así?
Se necesitarían varios centenares de policías ahí. Y no muchas bases policiales, sino más bien algunas grandes para evitar que sean atacadas. Es decir, no se trata de poner comisarías. Se necesita movilidad y entrenamiento, construir un batallón especializado, policía entrenada en la lucha de selva. Eso es clave y se puede hacer; lo único que se necesita son recursos y, por supuesto, decisión política.

¿Por qué no deben intervenir las fuerzas armadas?
Por varias razones. Primero, porque cuando corrompen a los militares, estamos en un problema muy serio, pues los militares tienen poder político, cosa que no tiene la policía. Ya hemos visto qué pasó en la década de los 80 y de los 90, cuando corrompieron a los militares que estaban en las zonas del narcotráfico. ¿Qué juez le ponía la mano encima a un militar? El Comercio denunció hace poco que en Piura los tratos con los narcotraficantes mexicanos se hacían en el Casino Militar. ¿Qué juez fue a sacar a un militar de algún cuartel?

Pero eso también puede pasar con la policía.
No, pues sí se puede tener más control sobre la policía, y si se encuentra a un policía corrupto, se lo mete a la cárcel. En cambio, con el militar eso es mucho más difícil, pues ahí hay un espíritu de cuerpo. Por otro lado, los militares no saben combatir el narcotráfico. Están entrenados para la guerra, pero no están preparados para investigar bandas de delincuentes, ni para probar que el cabecilla de tal firma es efectivamente eso. Esa es una tarea policial. Los militares no saben hacerlo.

¿Puede realmente la policía recuperar los bolsones donde manda el narcotráfico?
Claro que sí. Lo podría hacer si quisiera, si tuviera un ministro de verdad, alguien que se comprara el pleito. Cuando nosotros estábamos en el ministerio, pedimos 3 millones de soles para empezar a formar un batallón antisubversivo. Ahora el Ministerio del Interior tiene 1.400 millones de soles más que en ese período. Es decir, tienen para hacer maravillas, lo que quieran: entrenar uno o diez batallones antisubversivos, equiparlos. Pero para eso deben tener autoridades civiles que se la jueguen.

Pero si no han podido hacer aún la compra de vehículos patrulleros...
Bueno, ese es ya otro asunto. Si ponen a ineptos e incapaces como Alva Castro frente al Ministerio del Interior, y los mantienen allí, estamos perdidos, no vamos a avanzar un paso. Eso está clarísimo. Pero esa es ya una responsabilidad del presidente de la República. Ese es su problema: decidir si quiere seguir así o si quiere cambiar a Alva Castro por uno igual o peor.

¿Cuánto tiempo demoraría, en el mejor de los casos, una guerra contra el narcotráfico?
Eso nunca va a terminar. Pero ahora que han crecido tanto, se les tiene que dar un golpe muy fuerte. Y en el período que le queda al Gobierno, tres años y medio, se podría realmente revertir la situación. Si quisieran, por supuesto. De lo contrario, vamos a llegar al 2011 y esto ya nos va a rebasar por completo. Y de ahí ya no hay retroceso, a menos que se tenga una intervención extranjera, como en Colombia, es decir, que entren los norteamericanos con plata, con asesoría y con control y reviertan la situación. Pero eso no va a ocurrir en el Perú.

¿Por qué?
Porque del 100% de cocaína que se consume en Estados Unidos, el 85% proviene de Colombia. Por eso ponen plata, pues de allí vienen sus problemas. En cambio, del Perú solo les llega el 14% de la droga que consumen. La mayor parte de la droga peruana va a Europa, a Asia y a otros países de América Latina, y ya sabemos que los europeos no van a poner ni un centavo para combatirla. No les interesa; tienen África y otros problemas. Nadie, entonces, nos va a ayudar. Es nuestro problema. Si no lo solucionamos nosotros mismos, estamos perdidos.

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