Autoridades tienen visiones distintas sobre el mismo problema
Por Javier Medina Dávila
Además de las 857 embarcaciones fluviales que navegan formalmente en los ríos de la Amazonía, se estima que otras 500 lo hacen de manera informal, en su mayoría botes con capacidad menor a 50 toneladas, sin contar los botes ni canoas con menos de 2 toneladas que en su mayoría no se registran.
Según el director ejecutivo de Transporte Acuático en Loreto, Eduardo Méndez Moreno, del referido parque fluvial 417 son naves menores a 50 toneladas y 440 están por encima de esa capacidad, incluso con posibilidades de llevar a más de 300 pasajeros hacia Pucallpa, Yurimaguas, Requena o Santa Rosa, cerca de Colombia y Brasil.
La informalidad fue detectada por la Comisión de Protección al Consumidor del Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi), que en su primera intervención acaba de sancionar a 15 empresas.
Pero no es solo la actitud irresponsable de los armadores o la proclividad a ser partícipes de sobornos lo que ha favorecido dicha informalidad, sino también la existencia de autoridades con prerrogativas sobre este sector, así como la falta de puertos.
Cada una de esas autoridades tiene su propia visión de las condiciones de operatividad del servicio que esa primera intervención dejó al descubierto. No solo es el Indecopi, que recién el año pasado fue reconocido como autoridad administrativa para intervenir el servicio de transporte fluvial, sino también están la Capitanía de Puerto, Transporte Acuático, la Autoridad Portuaria Nacional, Aduanas, la Empresa Nacional de Puertos y próximamente la autoridad portuaria regional. La apreciación de cada una de dichas entidades sobre los riesgos en el servicio es diferente.
Por ejemplo, si Indecopi sancionó a 15 empresas, entre otras cosas por exceso de pasajeros, para Capitanía y Transporte Acuático debía tomarse en cuenta que la verificación se efectuó cuando las naves estaban acoderadas, en momentos en que suelen subir no solo los clientes, sino también familiares, amigos y comerciantes que incrementan el número de personas y no todas son viajeras.
Incluso, Méndez hizo notar que los armadores no suelen cobrar pasajes a los niños menores de 10 años de edad, hijos de sus clientes. Pero cuando se hizo la constatación se los consideró a pesar de no tener boletos ni estar registrados como pasajeros, lo que de por sí son irregularidades que se toman como costumbres.
Algunas de esas apreciaciones coinciden con las apelaciones que presentaron cinco de las empresas sancionadas, que argumentaron que el exceso de personas en el bote fluvial o motonave correspondía a visitantes.
Sin embargo, también se descubrieron empresas que no contaban con pólizas de seguros, o no tenían las suficientes para cubrir a todos los pasajeros; los botiquines de emergencia no estaban debidamente equipados o transportaban mercancías peligrosas sin medidas de seguridad.
Para estos casos, los infractores también se defienden asegurando que el material peligroso, como los combustibles que deben ir en cubierta abierta, bien amarrados y protegidos de la intemperie, estaban en la sala de máquinas o entre los pasajeros en forma provisional, mientras acomodaban el resto de la carga.
MÁS DATOS
4El tribunal del Indecopi en segunda instancia se pronunciará sobre las apelaciones presentadas por 5 de las 15 empresas sancionadas en Loreto. Debe resolver en 120 días hábiles.
4Las regiones Loreto, Ucayali y Madre de Dios están coordinando para que se instituya una autoridad portuaria regional que atienda el sector fluvial con autonomía en todos los estratos navales.
Capitanía no impide navegación
El capitán de puerto de Iquitos, Bruno Fatur Díaz, reveló que también descubrieron 34 motonaves que desde hace años navegaban con ampliaciones en sus bodegas sin la autorización respectiva. Las multaron y exigieron presentar sus planos para que los aprobaran en Lima, pero no les impiden navegar para evitar problemas sociales y laborales en esas empresas.
También capitanía viene exigiendo a las motonaves tener sus equipos de radio abiertos para una comunicación permanente y consigan equipos para intercomunicarse con las demás motonaves que faciliten la vigilancia durante toda la navegación.