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Parecía un negocio sobre ruedas...

Una encantadora mujer, su joven pareja y un familiar se han visto involucrados en una estafa de ligas mayores: la venta ilegal de 49 lujosos autos por un valor de casi medio millón de dólares

Por Alberto Villar Campos

Si uno repara en la imagen de al lado, observa a una modelo esbelta de cabellos negros rizados, la cálida luz del sol al mediodía, dos modernas camionetas recién lavadas y a cuatro hombres que sonríen en el que es, quizá, el mejor día de sus vidas. En la foto salen cuatro pero en realidad son seis, y nadie les podía decir hasta ese entonces que una mujer los dejaría pronto aún más boquiabiertos. Esa misma mujer que aquel día los paró al frente de su negocio para retratarlos. "Van a salir en mi revista", les dijo, y eso, para Fidel Cabrera Mayorga (el segundo de izquierda a derecha), fue una perturbadora pero eficaz estrategia de convencimiento. La mujer se llama Hilda Cecilia Chacaltana Pacheco (35) y desde hace tres meses no contesta ninguna de sus llamadas.

Con la extraña serenidad de quien, a pesar de todo, mantiene aún la esperanza de ver resuelto su embrollo, Cabrera --uno de los seis empresarios del Grupo Automotor Escarabajo, dedicado hace 15 años al comercio de autos en esa intransitable arteria que es la avenida Nicolás Arriola, en La Victoria-- cuenta que sus socios recorren ahora Ica de cabo a rabo en busca del resto de sus 49 carros desaparecidos, un robo del que, según la denuncia interpuesta por ellos el pasado 23 de octubre a la policía, Chacaltana sería la principal responsable. "¿Qué nos queda? --exclama Cabrera--. Tratar de recuperar los que más se pueda para no perder tanto". En su pequeña oficina del segundo piso hay dos carteles en los que aparecen la esbelta chica de la foto y otra más, una célebre y rubicunda modelo, sentadas cada una en una 4x4 y en casi imperceptibles bikinis. El hombre los señala y dice que ese fue un regalo que Chacaltana les hizo. Lo distinto es que ahora ya no sonríe.

UN SORPRESIVO ASCENSO
La irrupción de Hilda Chacaltana en la alta sociedad de Ica sorprendió a propios y extraños, según periodistas de la zona. Sucedió en febrero del 2006, con la inauguración de su lujoso spa de dos pisos (que ya no funciona) en una zona residencial iqueña y donde, además, presentó la revista CMC (Cecy Master Cuts), que dirigía y en la que apareció la imagen que ilustra esta crónica. Por ello, lo que se sabe de la mujer antes de su ingreso a la palestra pública de Ica es poco.

Cabrera y sus socios conocieron a la mujer en febrero de este año. "Aparentaba solvencia económica, decía que tenía una hacienda con caballos de paso en Ica", recuerda Cabrera. Quizá por ello, por su natural encanto e incontrastable sonrisa, la mujer adquirió cuatro modernas camionetas 4x4, cada una con un valor promedio de US$11.000, en solo un mes y medio. "Con eso se ganó nuestra confianza", se lamenta el hombre. Aquellas veces, la mujer iba acompañada de un familiar, Pedro Chacaltana Galdo (49), implicado también en este grueso y complejo caso en manos de la División de Estafas de la Dirincri. No mucho después de adquirir los carros, y con la misma energía del principio, Chacaltana les propuso un negocio mucho mejor. "Nos dijo que tenía amigos poderosos que trabajaban en una mina, a los que les habían gustado los carros que compró aquí --narra Cabrera--. Entonces, pidió que le alquiláramos los que teníamos".

Era la primera vez que lo hacían y si aceptaron fue porque la ilusión pudo más que el temor a lo desconocido. "Nos iba a pagar US$100 por camioneta y US$50 por un auto normal, diariamente". Tras armar un rápido contrato de alquiler, Chacaltana empezó, casi sistemáticamente, a llevarse los vehículos, hasta que completó los 49. Durante las tres primeras semanas, pagó puntualmente por el arrendamiento. "Solía hacerlo en Miraflores, en un departamento de Pardo, donde vivía; luego se mudó a una casota en el mismo distrito". Y fue en aquella vivienda de dos pisos, donde ahora nadie responde, que empezaron las demoras.

"Nos atendía con un tal George Hamilton, un señor de unos 70 años que casi no hablaba castellano y que nos prometía pagar las deudas, pero no cumplía". Cabrera recuerda que el argumento de la mujer era que los trabajadores de la mina no entregaban los autos. "Pronto, nos olvidamos de la deuda: solo los queríamos de vuelta". Pero eso jamás ocurrió.

AL FINAL DEL CAMINO
Tras las investigaciones de la Dirincri, los 15 primeros vehículos desaparecidos del Grupo Automotor Escarabajo fueron recuperados por la Dirección de Prevención de Robos de Vehículos de la PNP (Diprove) el viernes 9 de noviembre en Ica. Fue un lento trabajo que empezó un mes y medio antes, con la sorpresiva aparición de un policía en el negocio de Cabrera y sus socios. "El hombre dio con nosotros porque dijo que la señora Chacaltana le vendió una camioneta, pero que hasta ahora no regularizaba los papeles --dice--. "El carro estaba a nuestro nombre y, al notarlo, no pudo sino entregarlo: a él también lo habían estafado".

El coronel Javier Sanguinetti, jefe de la Diprove, asegura que Chacaltana creó una impecable red de estafas entre entusiastas comerciantes limeños e incautos negociantes iqueños. "Los carros que alquilaba aquí los vendía a un precio mucho menor que el que tendría en el mercado real, argumentando que los había conseguido por remates judiciales o cosas así". De esta manera, camionetas 4x4 de segunda mano de 12 mil dólares eran ofrecidas a 6 mil, lo que aumentaba la ilusión de los compradores, muchos de los cuales (como el policía que descubrió de un porrazo la presunta estafa) accedían a esperar por la supuesta tramitación que (decía la mujer) duraba entre uno y dos meses.

Desde que la noticia salió a la luz el pasado martes 13, algunas pocas víctimas, a quienes Chacaltana habría vendido autos de forma ilegal (no solo en Ica sino también de Chincha, Pisco y Nasca), han ido, de a pocos, entregándolos voluntariamente. Todos con la misma historia y apuntando a la misma mujer. Cabrera, no obstante, refiere que sus socios se han topado con varias víctimas que, renuentes a perder no solo el vehículo sino además lo invertido, piden algo de dinero a cambio de devolverles lo que les pertenece. "Si no, lo desbarranco o lo quemo", es el endemoniado argumento de los embaucados. Mientras esto ocurre, Chacaltana, su familiar y Javier Toledo Elías (un joven futbolista que alcanzó cierta notoriedad años atrás, al jugar por Estudiantes de Medicina y Universitario de Deportes, y que ahora es presunto cómplice y pareja de la denunciada), continúan inubicables. No obstante, fuentes confiables han indicado que Toledo mantiene contacto con algunas amistades suyas estafadas por su mujer para prometerles la devolución de su dinero. Esto, según la Diprove, no es más que el último recurso de quien se sabe rodeado. El final del camino está muy cerca. Ellos lo saben.

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