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Viajando en tren con el diablo

UNO DE NUESTROS MÁS NOTABLES CUENTISTAS ENTREGA DESPUÉS DE LARGA ESPERA SU TERCER MANOJO DE RELATOS: "ALGO QUE NUNCA SERÁS" (PLANETA). "PUBLICAR SOLO PARA ESTAR EN EL CANDELERO ES UNA ESTUPIDEZ", SEÑALA

Por Enrique Planas
Un libro por década: "Caballos de medianoche" fue editado en 1984. "Una mujer no hace un verano" vio la luz en 1995. En los próximos días, "Algo que nunca serás", editado por Planeta, se encontrará en las librerías limeñas. Sin duda, Guillermo Niño se hace esperar, y sin embargo ninguno de sus lectores podrá desesperarse. Es como pedirle a un viticultor que acelere la maceración del mejor vino de sus bodegas. Niño de Guzmán sabe que solo trabajando durante mucho tiempo un relato se puede lograr un añejamiento especial, algo que solo lo puedan dar el tiempo y la reescritura.

"A mí me es muy difícil escribir --confiesa--. Sin embargo, sé que tengo algo que decir y me esfuerzo por decirlo de una forma impecable. Eso para mí supone un largo proceso de decantamiento. Mi método es escribir una historia solo cuando el tema o una experiencia me atrapa y se vuelve una obsesión. De lo que se trata es llegar a una suerte de lenguaje esencial".

Algo que solo se consigue con tiempo...
No soy un escritor que tienda al barroquismo o a la adjetivación profusa, carezco de esplendor verbal. Creo que formo parte de una tradición que viene de Hemingway, de Chejov, maestros del lenguaje conciso, concentrado, en que más importa lo que se deja implícito, lo que está sobreentendido. Como comprenderás, todo esto es un proceso muy lento en el que a menudo pierdo aliento. Me desespero, me decepciono. Y termino guardando los borradores durante meses o años. Sin embargo, si es un cuento interesante, sigue reverberando en mi memoria y tengo que volver a sacarlo porque me frustra no cumplir con esa tarea inconclusa. ¡Es una cosa de locos! Corres el riesgo de no terminar nada o que por exceso de autocrítica termines con una cosa artificiosa, que pierda la frescura.

Sin embargo, a pesar del tiempo que dejas entre cada libro, los textos se sienten muy coherentes, como si los contara el mismo narrador...
Si he logrado cierta voz sólida o coherente, se debe a que nunca concibo un libro de cuentos como una colección de relatos dispersos. Muchos escritores, sobre todo en el ámbito anglosajón, escriben sus cuentos para ir publicándolos en revistas o periódicos, y finalmente juntarlos en un libro. Para mí, quizás porque no tengo esas posibilidades de ganarme la vida publicando cuentos en periódicos y revistas, suelo plantearme libros de cuentos, es decir, libros con un tema que sigan una cohesión en su estructura. Hay entre los relatos una suerte de vasos comunicantes que van vinculándolos, aun cuando los personajes parezcan distintos y las ambientaciones sean diferentes. Eso a mí me parece lo más difícil de lograr.

El título "Algo que nunca serás" caracteriza muy bien el tono de tu obra: historias nacidas a partir de la pérdida, con personajes perdedores, profundamente tristes. ¿Para ti escribir es un acto melancólico?
Es curioso; si estoy melancólico no puedo escribir una sola línea. Es un problema de carácter. Soy una persona poco optimista, que siempre tiende al desánimo. Me cuesta mucho asimilar la vida tal como es. En ese sentido, la literatura para mí tiene un valor terapéutico. Creo que me sentiría mucho más vulnerable si no tuviera el recurso de poder canalizar mis sentimientos y temores más profundos a través de un mundo de ficción, que no por ser ficción es menos auténtico que la vida misma. La mayoría de los relatos que yo he escrito no pretende reflejar la realidad social. Desde muy joven, a diferencia de los autores de mi generación que buscaban pintar un fresco social, lo que me interesaba era bucear en la conciencia del individuo. La problemática de mis personajes trasciende una determinada realidad social. Eso siempre lo he tenido claro.

Como en cuentos anteriores tuyos, en "Historia del Zoo", confrontas un adulto y un niño de relatos anteriores. Esta vez, el hijo le pregunta al padre la razón de su tristeza. Traslado la pregunta: ¿A ti qué te entristece?
Lo que me hace sentir triste no es algo definido o identificable. Quizá porque responde a mi tendencia depresiva, la emergencia de la melancolía no puede atribuirse a un hecho concreto. Si uno pudiera afirmar: "Yo estoy triste porque me ha ocurrido esto", tendría más armas para poder combatir y superar la tristeza. Pero cuando se trata de una sensación de melancolía repentina, incomprensible, que te invade, la sensación de pesar es mucho mayor.

Es notable en tu libro la irrupción de lo fantástico, algo que no había sucedido antes en tu obra.
"Caballos de medianoche", uno de mis primeros cuentos, tenía una insinuación fantástica. Pero es verdad que mi veta ha sido esencialmente realista. En este libro quise arriesgarme tanteando en otros territorios. Siempre había sentido la tentación de entrar en un ámbito fantástico. Mi escritor favorito entre los latinoamericanos es Onetti, por sus temas como la derrota, la melancolía o la desgracia. Pero otro escritor que admiro muchísimo es Cortázar, el mejor cuentista del mundo. Quizá por mi formación nunca podría escribir un cuento fantástico a la manera de Cortázar, pero tenía la tentación de trabajar en un territorio ambiguo, estar en la realidad y, al mismo tiempo, introducirme en lo fantástico. Es decir, que la explicación de los elementos fantásticos responda a causas más pedestres, como es la alucinación o el desvarío. Por ejemplo, espero que monseñor Cipriani no me excomulgue por mi último relato...

Hablas de "El desierto celeste", en el que la Virgen María sube al auto de un chofer perdido en medio del arenal...
Podría juzgarse también como un espejismo, la ilusión del protagonista, muerto de sed y varado en el desierto. Quería comunicar precisamente esa ambigüedad.

Esa intención de riesgo te ha impulsado a elegir historias que, en un autor con menos oficio, habrían parecido ridículas...
Exacto. Me pareció que era un reto. Era muy difícil trabajar esos temas, ya que ello suponía bordear una frontera muy débil, donde podías caer en lo ridículo, lo banal o lo prescindible. Pero me entusiasmaba la idea de poder explorar algo que yo no conocía pero podía entrever. De eso se trata.

"Montblanc" es un cuento que funciona como posible epílogo del memorable "Ridder y el pisapapeles", de Julio Ramón Ribeyro. En el relato sugieres que la mano del diablo está detrás de todo lo que hemos perdido...
No lo había pensado de esa manera. Obviamente es un homenaje a Ribeyro, y a uno de mis cuentos favoritos. Pero fuente principal no fue tanto el homenaje literario sino una experiencia real mía. Una vez, en el tren de alta velocidad entre Madrid y Sevilla, pensé que uno de los pasajeros era el diablo. Vi que tenía una mano muy rara, cubierta de pelambre como un animal, mientras que el resto de su apariencia era normal. Parecía un impecable ejecutivo. Me quedé impactado. Eso me ocurrió hará 15 años, y siempre quise escribir una historia en torno a eso. Y me decidí a escribirla cuando, otra vez, esperando con mi hijo el tren en Barcelona, vi a una mujer muy extraña, que tenía un enorme lunar que le cubría la mitad del rostro. Sentí pavor cuando en un descuido mi hijo empezó a acercársele. Pensé que se trataba del mismo diablo que vi en ese tren, transformado en mujer. Sé que es un delirio mío, pero ahí estaba el elemento añadido que marca las obsesiones y elucubraciones de un narrador.

¿En tu amistad con Ribeyro hubo también un ejercicio docente?
Yo no hablaría en términos docentes. Nuestras conversaciones, por lo general, no tenían nada que ver con la literatura. Hablábamos de mujeres, fútbol, vinos, amigos, aventuras... qué sé yo. A pesar de la gran diferencia generacional, teníamos muchos puntos en común. Juntos volvíamos a ser dos jóvenes mataperros. Pero no podría definirla como una relación de docente y alumno; sería pretender demasiado.

Hablando de escritores podemos citar el cuento "La vida sexual de Borges". Siendo un escritor ubicado en las antípodas de su estilo, ¿de dónde surge este homenaje?
Aun cuando Borges no sea santo de mi devoción, si yo tuviera que escoger a un escritor entre todos los latinoamericanos, me quedaría con él. Me parece el escritor de América Latina más brillante. Logró configurar un estilo único e inconfundible, lo más difícil para un escritor. Por otra parte, escribí ese cuento porque estaba harto de ver la infinidad de cuentos que aparecen, ya sean publicados o presentados a concursos, que tienen a Borges como personaje principal. Hay una cantidad de borgianos desperdigados por el mundo que no vacilan en hacer homenajes al maestro. Pensé en parodiar eso, y hablar de algo de lo que jamás se habla, un tema tabú: la vida sexual de Borges. A partir de esa idea elaboré la trama. Además, siempre había querido escribir un relato que transcurriera en Venecia, aunque no sé a ciencia cierta si Borges llegó a estar allí. Es un cuento absolutamente "literario", pues está plagado de citas, referencias, lugares comunes para los lectores.

¿Es el cuento con el que más te has divertido?
Me he divertido muchísimo. Todas esas resonancias de un descenso al infierno, como Virgilio acompañando a Dante. Me gustaba por todas las resonancias literarias que podría traer una historia aparentemente banal: en una noche en que no puede contenerse, Borges termina dirigiéndose a un extrañísimo y fantasmagórico burdel en pleno carnaval de Venecia.

Última pregunta. ¿Vas a hacernos esperar diez años más para leer un cuarto libro de cuentos?
Esa es otra de las cosas que siempre me han angustiado mucho. La mayoría de amigos y lectores no parecen comprender que mis largos silencios narrativos no se deben a la ociosidad o a la falta de algo que decir. En realidad, asumo el trabajo literario como algo muy serio. Publicar por solo mantenerme en el candelero me parece una estupidez. Lo único honesto que puede hacer un narrador es entregar algo a la imprenta solo cuando se siente plenamente satisfecho de lo que ha hecho.

EL DATO
Presentación en la feria del libro
Vírgenes en el desierto, maridos que vuelan por el aire, mujeres que desaparecen después de una noche desenfrenada, Borges en un burdel de Venecia o demonios escondidos en los trenes de Europa. Todas estas historias serán compartidas en la presentación que la editorial Planeta ha organizado de "Algo que nunca serás", el próximo lunes 10 de diciembre a las 7:00 p.m. en el auditorio de la Feria del Libro Ricardo Palma, en el Parque Central de Miraflores. Acompañarán al autor sus viejos amigos: los escritores Fernando Ampuero y Alonso Cueto.

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