FILOSOFEMAS
Por Francisco Miró Quesada Cantuarias. Filósofo
El lunes 10 del mes de diciembre, que coincidía con el Día Internacional de los Derechos Humanos, se inició, a las 9:58 de la mañana, el juicio público a Alberto Fujimori, acusado por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, por los secuestros del periodista Gustavo Gorriti y del empresario Samuel Dyer y, en general, por corrupción y violación a los derechos humanos.
El juicio se lleva a cabo en la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía Nacional del Perú (Diroes). Comenzó en la sala de audiencias que se ha habilitado en dicha dependencia policial, bajo la dirección de los miembros de la Sala Penal Especial de la Corte Suprema, integrada por los vocales César San Martín, que la preside; Hugo Príncipe y Víctor Prado. Fujimori debió escuchar los alegatos del fiscal supremo José Peláez Bardales.
La sala ha sido adaptada para el caso. En una parte están los vocales y el acusado, y en la otra, separada por un vidrio transparente, asisten los cuatro sobrevivientes del crimen de Barrios Altos, quienes comparten la sala con los familiares de Fujimori. Quienes están en esta parte del local pueden escuchar todo lo que se diga durante el juicio. Además, hay un sitio especial para periodistas nacionales y algunos observadores extranjeros. Todo el proceso se transmite por televisión.
El acusado estuvo sentado frente a los vocales. El fiscal supremo comenzó su alegato, mientras que Fujimori tomaba apuntes en un cuaderno. Pero, más o menos a la media hora de la exposición, el acusado se levantó y comenzó a vociferar, afirmando que todo lo que se decía sobre él era falso. Que en realidad él era el salvador del Perú, pues decidió enfrentarse militarmente a Sendero Luminoso, cuando habían avanzado muchísimo en el territorio nacional y ya estaban cercando Lima.
En un momento, el presidente de los vocales le dijo: Señor Fujimori, esta no es manera de hablar en esta sala. Pero el enjuiciado no bajó la voz sino que siguió vociferando hasta que, por fin, agotado, se calló.
El juicio debió continuar en la tarde de ese mismo día, pero Fujimori sintió un dolor al corazón y comenzó a respirar con dificultad. Inmediatamente se llamó a un médico, que logró calmarlo y dijo que debería estar en reposo absoluto durante unos días.
Pero Fujimori regresó al día siguiente a escuchar su primera sentencia por el irregular allanamiento al departamento de Trinidad Becerra, esposa de su asesor Vladimiro Montesinos. Y el juicio por violación a los derechos humanos se reanudó el miércoles. El fiscal sostuvo que el extraditado deberá ser juzgado por homicidio, lesiones graves, secuestros y corrupción. Entre los testigos más importantes están los integrantes del grupo Colina, que era el encargado de ejecutar los asesinatos. Los jefes del grupo eran los mayores del Ejército Peruano, Santiago Martin Rivas y Carlos Pichilingüe. Ambos están llanos a declarar que recibían las órdenes de asesinato de Montesinos, pero que todo lo que este hacía lo realizaba por orden de Fujimori.
El miércoles pasado se reanudó el juicio contra el ex presidente, con el interrogatorio del fiscal José Peláez Bardales, quien el lunes pidió 30 años de prisión para Fujimori por homicidio, lesiones graves y secuestro.
El martes Fujimori fue condenado a seis años de prisión por el allanamiento al departamento de Trinidad Becerra. Para entrar al lugar donde ella vivía, hizo que uno de sus edecanes se presentara como fiscal, portando una orden que permitiese ingresar al domicilio. Por eso, el vocal supremo Pedro Urbina Ganvini lo ha condenado a seis años de prisión, por ser instigador del delito de usurpación de funciones.
Pero un hecho alentador es que, por fin, se está haciendo justicia.