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MÁS ALLÁ DEL TLC CON ESTADOS UNIDOS

Y la reforma del Estado...

Por Raúl Diez Canseco T. Ex vicepresidente de la República

Sobre el TLC con EE.UU. y sus beneficios está casi todo dicho. Sin duda, abre un capítulo en la historia del comercio exterior, reta nuestra capacidad competitiva y dibuja un nuevo mapa de producción y generación de bienes y servicios. Celebro el punto final de un largo proceso que se inició durante el mandato del presidente Alejandro Toledo y mi gestión como ministro de Industria, Turismo, Integración y Negociaciones Comerciales Internacionales (2001-2002). En firme apuesta por el comercio exterior y el turismo como instrumentos de desarrollo y de lucha contra la pobreza, el ex presidente ordenó crear la palanca que hiciera posible esta lucha. Entonces, desde el otrora Mitinci impulsamos la creación de una institución que lidere las negociaciones comerciales internacionales y promueva la llamada "industria sin chimeneas". Así nació el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Ley 27779), que se convirtió luego en el punto inicial de la revolución exportadora.

Desde el Mitinci batallamos para la ampliación de las preferencias arancelarias que nos otorgaba unilateralmente EE.UU. Se logró, en agosto del 2002, mediante el ATPDEA (Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga), que no solo renovó las ventajas a los productos que se beneficiaban del ATPA (Ley de Preferencias Arancelarias, de 1991), sino que amplió dichas preferencias a las confecciones textiles. Hay que decirlo, en todo el proceso de negociaciones pro ATPDEA y pro TLC, jugó un papel decisivo el entonces representante de Comercio de EE.UU., y actual presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick.

Corresponde ahora aprovechar al máximo los beneficios que nos reporta este tratado. Es posible, primero ratificando que la oferta exportable actual y potencial es un elemento relevante dentro de cualquier política comercial. Segundo, que su expansión debe considerar efectos multiplicadores de los productos con mayor impacto en la economía nacional. Tercero, definiendo correctas estrategias de posicionamiento mediante un sistema cohesionado de inteligencia comercial en el que participen nuestras embajadas.

Durante mi gestión se avanzó en este último punto. Hoy es un imperativo como política pública, ya que necesitamos orientar a los productores sobre cuáles serían los mercados con mayor potencialidad actual y futura.

Por otro lado, el Estado tiene que promover a miles de pequeñas y medianas empresas con financiamiento de organismos internacionales. Así se hace en las naciones desarrolladas y emergentes.

En suma, si no encaramos a fondo la reforma del Estado, modificamos la legislación obsoleta, mejoramos la infraestructura vial, portuaria y aeroportuaria, servirían de poco los planes estratégicos nacionales y regionales. Para lograr aquellos objetivos y metas, es indispensable la colaboración e inclusión de todos los sectores. El TLC con EE.UU. fue posible gracias al esfuerzo colegiado del Gobierno, la mayoría de los actores políticos, los gremios empresariales y el pueblo peruano. ¿Por qué no seguir el mismo camino para aprovecharlo al máximo? Recordemos que la dinámica del comercio exterior está fuertemente influenciada por el contexto internacional y por políticas de orden interno de consenso. Y en cuanto al desarrollo de nuevos emprendimientos vinculados al comercio internacional, recordemos aquel viejo proverbio que enseña que mejor que dar pescado es enseñar a pescar. Ahora hay que enseñar cómo llevar el pescado al mercado.

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