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EL HORTELANO Y EL BUEN GOBIERNO

¿Y si empezamos por la educación?

Por Carlos Amat y León. Profesor de la Universidad del Pacífico

Es muy estimulante el debate promovido por el presidente en torno a las dificultades para transformar los recursos naturales en bienes de mayor valor para la sociedad.

El doctor García afirma que la riqueza del país no se utiliza plenamente por razones ideológicas o burocráticas. Estos factores configuran al perro del hortelano. Lo cierto es que si se implementaran a cabalidad y con prontitud sus iniciativas, el país tendría un crecimiento más dinámico y descentralizado. Sin embargo, es oportuno replantear el tema desde la perspectiva del hortelano: los problemas de fondo no son el perro sino la capacidad del hortelano para gobernar bien el huerto y la mentalidad colonial, donde todavía prevalece el afán por controlar los recursos naturales como fuente de renta, de seguridad, de poder y de prestigio.

El Perú somos los peruanos, entonces nuestros conocimientos, conductas, sentimientos y habilidades, dependerán de la calidad de la educación que tenemos, lo cual se manifiesta en la manera en la que trabajamos y cómo nos gobernamos. Por ejemplo, la situación del transporte público, de los procesos judiciales, del mercado mayorista, de la Federación Peruana de Fútbol, entre otros. Por eso, es crucial poner en el centro del debate la calidad de la educación de los peruanos. Para este propósito, recomendamos la lectura del libro de José Rivero: "Educación, docencia y clase política en el Perú".

Nos acaba de informar el ránking del World Ecomomic Forum que el Perú ocupa el puesto 129 en la calidad del sistema educativo, entre 131 países evaluados. Este hecho debe conmocionar los cimientos de la nación y movilizar nuestra imaginación y esfuerzo para superar esta situación. Es un hecho más trascendente e indignante que la bomba de Sendero en Tarata. Para ser una sociedad desarrollada, tenemos que construir un sistema educativo que forme ciudadanos responsables de sus actos, creadores de riqueza, comprometidos con el bien común y conscientes de que su progreso dependerá del esfuerzo propio y del trabajo organizado con los otros. Esta es la riqueza de las naciones y no la dotación de los recursos naturales.

Debemos reconocer que los peruanos del siglo XXI, en su gran mayoría, todavía se comportan como súbditos de un Estado de cuyas dádivas depende su bienestar y por eso el sistema político se rige por la competencia de los candidatos para ofrecer servicios públicos gratuitos o subsidiados a fin de obtener el voto de los electores. Si el candidato García hubiera presentado su teoría sobre "el perro del hortelano...", probablemente no hubiera llegado a la segunda vuelta.

Tenemos que construir un nuevo Estado desde lo local, para lo cual se debe emprender lo siguiente:

* Una nueva aula para el trabajo y para la vida democrática, paralela a la escuela tradicional.

* Una administración de justicia desde y con los jueces de paz, la Defensoría del Pueblo y la Policía Nacional, para garantizar la seguridad ciudadana, la propiedad privada y el cumplimiento de los contratos.

* Plataformas institucionales de gestión productiva y de proyectos de inversión para construir un sector privado rentable y competitivo.

* Plataformas financieras para ahorrar e invertir en infraestructura social y económica y para la transformación tecnológica de las empresas.

* Sistemas tributario, laboral y administrativo para facilitar la formalización y el crecimiento de la microempresa y pequeña empresa, las cuales constituyen la masa crítica de las economías locales.

* Acelerar el cambio de la cultura burocrática de los ministerios, municipalidades y de la Contraloría General de la República, basada en los procedimientos para evitar el engaño y la corrupción, a una cultura de servicio en beneficio de los usuarios.

En resumen, el problema no es la falta de recursos, sino la incapacidad de la sociedad civil para crear riqueza, y ello depende del buen gobierno y de la calidad educativa de todos los peruanos.

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