MARÍA ROSA SALAS Y UN DISCO EN MEMORIA DE JOSÉ MARÍA
La musicóloga y antropóloga María Rosa Salas continúa el encargo que le dejara Arguedas cuarenta años atrás: difundir la música tradicional quechua. Ella ha producido un nuevo disco con los temas que el autor de Todas las sangres le enseñó a cantar.
Por Jorge Paredes
Seis días antes del disparo que acabaría con su vida, José María Arguedas se reunió con un grupo de amigos en su casa de Chaclacayo para almorzar, conversar, cantar y grabar canciones de la sierra sur peruana que él había escuchado desde su infancia en Puquio y en otros pueblos de Andahuaylas, Ayacucho y Cusco. Eran los últimos días de noviembre de 1969 y aunque ninguno de los invitados podía saberlo, el escritor se estaba alistando para partir. Entre los invitados estaban Jesús Ruiz Durand, Carolina Tellier, Gaby Heinecke y María Rosa Salas, quien cuatro años antes había iniciado una especie de relación musical con Arguedas, mientras estudiaba música antigua en Santiago de Chile y se alojaba en la casa que compartía el escritor con Sybila Arredondo. Ahí Arguedas le empezó a dar lecciones de canto, le enseñó a estirar la voz hasta convertirla en un sonido agudo, tal como cantaban los harawis las mujeres indígenas de su infancia. María Rosa viajó después a Londres a estudiar música renacentista y a su regreso a Lima se encontró nuevamente con Arguedas en medio del barullo de la calle Ocoña. Entusiasmado, la invitó a su casa a almorzar. Ese sábado de noviembre ella recibiría las últimas lecciones, repasaría con Arguedas algunas canciones en quechua y, a pedido suyo, tomaría la decisión de estudiar antropología. *** Casi cuarenta años después de esa última tertulia, María Rosa Salas acaba de producir un Libro-CD, Canciones de agua, fuego, viento y tierra*, que contextualiza el material musical que Arguedas le entregó entre marzo de 1965 y noviembre de 1969. Las pautas acerca de cómo interpretar las canciones tradicionales quechuas, los rituales festivos y agrícolas de la región sur peruana. La voz de María Rosa Salas entra en contrapunto con la guitarra de Ricardo Villanueva y de Shin Sasakubo, un instrumentista japonés.
¿Cuál es la diferencia entre este disco y el anterior realizado con la Universidad Católica, Arguedas, canto y herencia?
María Rosa Salas: Hay una continuidad entre los dos discos. El primero fue el resultado de 30 años de búsqueda desesperada por difundir lo que Arguedas me había dejado. Toqué miles de puertas hasta que por fin encontré una persona que se dio cuenta de lo valioso de este testimonio. Salomón Lerner, entonces rector de la Universidad Católica, revisó el material y para mi sorpresa me dijo este disco se hace mañana. Lo que hice entonces fue algo explicativo. Le pedí a Willy Rochabrún que trabajara conmigo. Ruiz Durand hizo la diagramación y la música fue de Walter Humala. Pero esta vez se trata de un proyecto que vengo madurando desde hace tiempo. Mi pregunta era cómo hacer llegar estas canciones a más gente, a las nuevas generaciones. Ese era el reto. Entonces, contacté con gente joven interesada en la música andina y gracias a Dios encontré a Ricardo Villanueva y a Shin Sasakubo.
Ricardo Villanueva: Personalmente, he tratado que la guitarra funcione como un instrumento solista, es decir que haga contrapunto con la voz. La mayoría de las canciones son indígenas, no son mestizas, y no se tocan originalmente con guitarra; entonces he tenido que hacer adaptaciones para poder expresar esos mismos géneros sin amestizarlos. Hago que la guitarra imite al arpa, al charango. La idea era que la guitarra se adapte a los géneros y no adaptar los géneros a la guitarra.
María Rosa Salas: Algunos temas del primer disco se han vuelto a arreglar de acuerdo a la sensibilidad sonora de Ricardo y de Shin, y quien da la línea de continuidad soy yo con la voz. En el primer disco tocamos todo al estilo ayacuchano, esta vez nos hemos dado cuenta, por ejemplo, que algunos temas son propios del Cusco, entonces hemos respetado esto, pero sin perder la creatividad. La idea no es hacer folclore, sino es contextualizar la música tradicional indígena dentro de nuevos parámetros.
La voz es muy aguda en temas como "Lorochay", ¿fue difícil asimilar la forma tradicional de cantar estas canciones? ¿Cómo definiría la voz?
M.R.S: Son canciones que Arguedas recordaba de su infancia. Él tenía ya decidido irse y lo que quería era regalarme esas canciones para que yo las difundiera. Me dijo, tú tienes que saber qué cosa es un harawi de techado de casa, qué cosa es un harawi de matrimonio. Él me introdujo en lo que es la emisión de la voz, la técnica vocal, la forma como las indígenas cantan. Y la voz es muy similar a las voces asiáticas, que son muy agudas también. Eso es algo muy natural en culturas orales. Las personas mayores cantan en falsete y las niñas cantan también muy agudo o en un registro medio. Si estas en un valle donde hay cerros, lo que tú cantes o hables la naturaleza lo va a amplificar.
¿Cómo hacer para que esta música llegue a un público urbano?
M.R.S: Esa es la complicidad que tengo con Ricardo. Esa es la carga que yo le he dado (risas).
R.V: El mismo Arguedas tenía una hipótesis interesante, él creía que la cultura indígena podía sobrevivir transformándose a lo largo del tiempo a través de lo mestizo. Y el mestizo que ha asimilado la cultura indígena de Huamanga, del Cusco, etc., podía llevarla mucho más allá de las comunidades. El mismo Arguedas lo dice cuando comenta el primer disco de Raúl García Zárate: cómo la música que se toca en las comunidades de Huamanga al ser absorbida por un mestizo como García puede salir de los círculos de amigos y expandirse. Gracias a su dominio instrumental, él presenta la música andina en forma limpia, es decir con el mismo sentimiento, estructura y forma, pero a través de una técnica occidental depurada. Yo pienso que para Arguedas esa era una estrategia para que esta cultura pueda seguir viva, para que pueda pasar de una generación a otra.
M.R.S: Lo que yo hago es transmitir lo que Arguedas me explicó en todas las conversaciones que tuvimos. También he relacionado canciones rituales que Arguedas escuchó cuando era muy joven en Puquio, algo que a mí también me impresionó mucho cuando lo leí, como la quemazón del ichu para fertilizar los suelos en la puna. Yo recupero lo que él sentía cuando escuchaba cantar a los comuneros a gritos, como una forma de expresión musical. Algunas canciones al público le van a sonar extrañas, son unos gritos que yo hago, son unos gritos muy agudos que caen de pronto. Es llegar hasta la nota más aguda para luego soltar la voz.
R.V: De hecho ha sido un reto porque no se trata de transgredir una forma, pero sí de poner la cuota creativa. Es una línea muy delgada para no romper algo que es muy profundo y que se tiene que transmitir. Para mí lo creativo ha sido tocar estos géneros con un instrumento mestizo como la guitarra, tratando de reproducir esa sonoridad andina del viento, del eco, del agua, imitando el sonido de una tinya. Esa ha sido la exploración sonora para intentar transmitir el sentido de esta música. ..
* Libro-CD. Edición bilingüe (español - inglés), con el apoyo del Conservatorio Nacional de Música, Ministerio de Relaciones Exteriores, Universidad San Martín, Perfo Studio y Volcán. Lima, 2007.