LAS VIDAS ESCRITAS DE JUAN MANUEL ROBLES
Por Alonso Rabí do Carmo
Lima freak
Juan Manuel Robles
Planeta
Lima, 2007
La crónica y sus variantes, entre ellas el perfil, no solo goza hoy de una enorme presencia en el mercado de los discursos, sino también se da el lujo de competir, en igualdad de condiciones, con la ficción.
Mientras en otros países del ámbito hispano la crónica ha mantenido una vitalidad regular en el tiempo, en el Perú de los últimos años ha habido un despertar, marcado por la aparición de publicaciones como Etiqueta Negra y libros como Mariposas y murciélagos (1999), de Julio Villanueva Chang o El cadete Vargas Llosa (2004), de Sergio Vilela, entre otros, que hicieron notar que los textos periodísticos no necesariamente tenían, como final último, envolver pescado, tamales, paltas o cualquier otra cosa vendida a granel en los mercados populares de la ciudad.
A esta saga de libros que dan al periodismo un soplo de vida más allá de la esclavitud de las coyunturas, se suma ahora Lima freak, de Juan Manuel Robles, un conjunto de ocho perfiles que retratan la intimidad de ocho conocidos personajes locales, a saber: Genaro Delgado Parker, Frieda Holler, Cromwell Gálvez, Sofía Mulanovich, Leslie Stewart, Rafael Osterling, Laura Bozzo y Augusto Polo Campos, ocho personajes reales como un duchazo o el dolor que produce el contacto con un alfiler.
Ahora bien, la tentación de preguntarse qué tienen en común estas personas tan disímiles como para formar parte de esta reunión, sigue estando allí. Una respuesta posible es que todos ellos, en una o en otra forma, encajan dentro del cada vez más vasto campo de significación del anglicismo "freak".
Si bien es cierto que en inglés la palabra sirve para designar a personas con alguna tara física que los ligaba a la monstruosidad, así como también a seres raros y extravagantes, que presentan como rasgo un desacomodo evidente frente a la realidad, en nuestra lengua, a fuerza de uso, la palabra señala a quienes tienen una desmedida obsesión o afición, al punto de convertirla en una forma de vida. Se trata, en más de un caso, de una especialización en algo, pero con carácter excluyente.
Entonces, ¿qué tienen en común estos ocho seres retratados por Robles? Primero, vivir en Lima y aunque algunos no hayan nacido en la capital, son limeños a su manera. Segundo, y más importante: cada cual está obsesionado con un objeto que conoce a fondo y que constituye parte medular de su existencia. El mar y sus vaivenes, en el caso de Sofía Mulanovich; la etiqueta y los modales para Frieda Holler o la música -y las mujeres, según él- hablando del a veces procaz Augusto Polo Campos, son tres de los ocho contundentes ejemplos que ofrece Lima freak.
En su momento, varios de estos textos fueron dados a conocer en periódicos o revistas, con una extensión menor. Conversando con su autor, nos reveló el método de composición del libro, que consistió, en esencia, en un paciente trabajo de reescritura que incluyó, por cierto, una nueva desgrabación de las cintas usadas para las entrevistas originales. A eso se añadió la actualización de datos y, muy probablemente, nuevas visitas a sus personajes. Con altibajos, muertos y heridos, estamos hablando de un proceso que se alargó durante casi cuatro años.
Todo esto contribuye a que el libro tenga un aliento narrativo más ambicioso, que excede la posibilidad de espacio ofrecida por una publicación periódica. Así, el cronista-narrador puede discurrir e intervenir con más soltura; sus observaciones logran una mayor penetración y, de este modo, esas páginas primigenias tuvieron la oportunidad de una segunda juventud.
Ese trabajo, es precisamente lo que permite superar la contingencia del diario o el semanario, porque el autor tiene carta libre para desarrollar un estilo, gracias al cual sus textos obtienen un salvoconducto para pasar al dominio de lo perdurable. Ese tránsito es el que pretenden celebrar estas líneas.