Crónica NAVIDAD CON NUEVA FAMILIA
Un 24 de diciembre puede ser distinto a otro. Si te internan en un hospital, si el avión no aterriza antes de las doce o si un niño de un albergue logra por fin tener una familia. Ellos lo vivieron
Por Elizabeth Salazar Vega
Obligaciones laborales no le permitieron comprar su pasaje de regreso a Lima días antes de Nochebuena. La pena de Julián Mendoza fue grande cuando se enteró de que el único vuelo de Delta Airlines programado para el mismo 24, de Atlanta a Lima, tenía como hora de llegada las 11:51 p.m. Entre el tiempo que demoró abandonar el avión, buscar el equipaje y pasar los controles migratorios, Julián tuvo que escuchar el ¡feliz Navidad! de boca del personal del aeropuerto y del resto de pasajeros.
Eran hombros desconocidos los que estrechaba, pero en ese momento se convirtieron en los más afectuosos y entrañables.
La unión que existe en ese momento es difícil de explicar en otro contexto y lo deben entender aquellos que, por circunstancias diversas, no llegaron a tiempo a casa y se vieron obligados a celebrar la llegada de las 12 con el taxista o el chofer de la combi. Esto último me ocurrió hace un par de años. Es curioso como todos --chofer incluido-- hacen fuerza común por pisar el acelerador mientras se comenta, con gente nunca antes vista, acerca de la cena que nos espera en casa o del motivo que nos impidió abordar la combi antes. Cuando los esfuerzos por llegar a tiempo son inútiles y las campanas nos sorprenden al interior del vehículo, los "feliz Navidad" son pronunciados espontáneamente con palmaditas en la espalda. Pareciera que --como en la misa-- el sacerdote acabara de decir "que la paz sea con ustedes".
Hay quienes quisieron estar en casa el 24 en la noche, pero la decisión no estuvo en sus manos: aquellos que se encuentran internados en el hospital. A Karen Vargas (18), por ejemplo, un derrame pleural, producto de la tuberculosis no le permitió abandonar la cama 18 del hospital Dos de Mayo. "Hace dos semanas tuve una recaída fuerte cuando estaba en mi universidad, en la Ricardo Palma. He querido sanarme, pero los médicos dicen que no me pueden dar de alta", nos dijo Karen cuando conversamos con ella dos días antes de Navidad. El horario de visita es de 2 p.m. a 4 p.m., pero por ser un día especial se hizo una excepción para que pacientes como ella pudieran pasar la noche acompañados por un familiar, en este caso su mamá. Los regalos llegaron por montones a su cama, pero una culpa sin razón se adentró en ella cuando vio que otros enfermos no recibían visita ni obsequio. Las enfermeras se convierten en la hija, madre o amiga que debe desearles el "feliz Navidad", y Karen usa la enseñanza para valorar aun más a los suyos.
Para Jean Arce Chavarría (33), "la suerte estaba echada", nos dice mientras camina hacia el enorme nacimiento que ha sido armado en la sala San Pedro, que es la que ahora ocupa. "Es la primera vez que me internan y justo en esta fecha". Él ingresó al hospital Dos de Mayo el 20 de diciembre a raíz de una complicación por la diabetes que padece, pero al enterarse de que no iba a salir de ahí antes de Nochebuena, decidió ir haciendo amigos para no pasarla tan mal. A la medianoche, el sacerdote de la capilla celebró la misa, acudió a cada sala para dar la bendición a los enfermos y luego se inició el clásico saludo navideño. Después el silencio. Jean extrañó a su esposa y amigos, pero no dejó su optimismo de lado e intentó subir los ánimos a sus vecinos de cama.
Álex (8) también pasó una Navidad distinta este año. Él no celebró las fiestas con sus 30 amiguitos de la Beneficencia de Tarma, en Junín, sino con su nueva familia: una pareja de esposos italianos con dos hijas adolescentes que iniciaron el proceso de adopción hace tres años, pero recién el pasado 6 de diciembre vieron cumplido el anhelo de tener al varoncito que no pudieron. Y los papeleos finales aún continuarán hasta febrero, mes en el cual recién podrán llevarse al niño a Europa.
El pasado de Álex fue difícil. Su madre biológica se vio tan envuelta en el alcohol que, cuando este cumplió 3 años, el abuelo decidió llevarlo a un albergue para que no estuviera expuesto a los peligros de la calle. Desde entonces, los niños huérfanos de la beneficencia fueron su familia, por eso cuando le preguntó a su nueva mamá, Antonella, si podía enviarles regalos a sus amiguitos, ella accedió gustosa a armar las tres decenas de paquetitos.
"Ellos lo cuidaron muy bien. Álex es un niño muy inteligente, vivaz. Lo queremos mucho", dice en un español un tanto difícil de entender, pero que logra explicarnos el proceso. Fue la primera vez que el niño no abrió regalos comprados por docena ni comió una cena masiva. Esta fue una celebración íntima, feliz... inesperada.
Inesperado fue también lo vivido por aquellos que anoche celebraron la Navidad lejos de quienes acostumbran, pero cerca de gente que los acogió y, de algún modo, cambió nuestro modo de entender estas fiestas.