Por: Juan Paredes Castro |
Alguna vez, en una Navidad como esta, subrayemos lo de siempre: que no hay que pedirle peras al olmo, a la política ni a los políticos.
Estos serían mejores si llegaran al poder con un manual de instrucciones.
Pidámosles algo más simple, y a través de los partidos que representan, que de paso no son todos los que son ni son todos los que están. Tampoco evitemos mirar en ellos el espejo de una parte de nosotros mismos, como corresponsables de lo que pasa en el sistema político.
El regalo más importante que esperaríamos de los partidos sería que estos se sientan por primera vez obligados a celebrar elecciones internas libres y directas y a transparentar sus finanzas. Así el país no tendría que pagar al final costosas facturas.
El otro regalo de conjunto consistiría en la promesa de forjar a mediano plazo un sistema de partidos, sin el cual nuestra democracia seguirá siendo demasiado precaria y nuestra capacidad de concertación absolutamente nula.
El Apra tiene que renunciar a lo que más le apetece: mirar el poder central como si fuera una agencia de empleos. Ese regalo tendrá que empaquetarlo su secretario general Mauricio Mulder. Un regalo adicional sería poner a Agustín Mantilla en el clóset, para sacarlo solo el Día de la Fraternidad.
Teniendo sus sedes centrales en la misma avenida, la Alfonso Ugarte, el Apra miraba antes a la izquierda y el PPC a la derecha. Hay quienes ahora ven al Apra hacia la derecha y al PPC, con Lourdes Flores a la cabeza, volcado a la inclusión social. ¿No sería un regalo interesante del PPC al país excluido mudar su sede central a Pamplona o a Comas? Claro que el regalo no podría empaquetarlo Xavier Barrón.
Solidaridad Nacional, en un arranque de generosidad sin precedentes, podría regalarle al país, para la defensa vitalicia de la ética parlamentaria, a su mayor baluarte del año: Fabiola Morales.
El Partido Nacionalista Peruano provocaría el mayor agradecimiento de los peruanos con solo cambiar de nombre. ¿Es que los otros partidos no pueden ser nacionalistas? ¿Solo sus militantes pueden ser nacionalistas? Sería bueno que el paquete viniese con la tarjeta de Ollanta Humala.
Para Unión por el Perú (UPP) la ocasión se presenta más sencilla: ser devuelto a su fundador e inspirador, el embajador Javier Pérez de Cuéllar.
El mejor regalo del fujimorismo sería devolver a Martha Chávez a la escena pública y a Carlos Raffo, a sus padres.
Acción Popular quisiera regalar su organización de bases a cambio de su cúpula perdida. Lamentablemente, ya es muy tarde para el canje.