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Cloverfield monstruo

Por Raúl Cachay A.

El 'hype' funcionó a la perfección y "Cloverfield", con los misterios de su campaña publicitaria y la sugerente imagen de su afiche promocional, se convirtió en el primer imán de taquilla del 2008.

Los espectadores acaban desorientados después de someterse a sus ochenta y pocos minutos de movediza destrucción masiva y los críticos, casi todos, la han detestado minuciosamente. No pretendo ser la voz disidente, pero puedo asegurar que yo disfruté muchísimo con esta singular recreación anglosajona de la más japonesa de las bestias, el inolvidable Godzilla, que aquí es transformado en una descomunal e indefinible suerte de lagartija que escupe pequeños y letales engendros que traen a la memoria a las crías de "Alien" y que parece tener una fijación con los lugares más emblemáticos de Nueva York (la Estatua de la Libertad, el puente de Brooklyn).

Obviamente, esta cinta no existiría si no se hubiera producido el ataque a las Torres Gemelas el 11 de setiembre del 2001: las imágenes de gente huyendo cubierta de polvo, los rascacielos en ruinas, el pánico generalizado y el desconcierto de las masas aterrorizadas; todo eso, que en la película es presentado desde el punto de vista de una cámara manipulada por un manganzón que acaba de participar en una fiesta atosigada de yuppies huecos y superficiales, resulta tan próximo y familiar que por momentos uno puede imaginar tranquilamente que ha retrocedido poco menos de siete años y está sintonizando la CNN muy temprano en la mañana.

El guion es inexistente, los personajes son perfectamente intercambiables y la propuesta visual (el video encontrado en el lugar de los hechos tras el cataclismo, el estilo deliberadamente 'amateur' de la grabación) no es precisamente novedosa ("The Blair Witch Project" está a punto de cumplir una década), pero los estupendos efectos especiales y el correcto manejo de la tensión (a J.J. Abrams le debemos, entre otras cosas, la serie televisiva de culto "Lost") hacen de esta película un auténtico placer culposo.

Y si es posible afirmar que la destrucción de Nueva York se ha convertido ya en un tópico del cine de desastres ("El día después de mañana", "Día de la independencia"), J.J. Abrams ha hecho muy bien el trabajo: en la era de YouTube, en la que vivimos obsesionados con registrarlo todo, no está mal que de vez en cuando nos caiga un monstruo horroroso para sacudirnos de la modorra. No es una gran película, tampoco un 'bluff': "Cloverfield" es una experiencia sensorial breve y contundente, que para nada ha redefinido el género del terror pero que, al menos, nos ha regalado unas cuantas imágenes indelebles y un mostrito de antología. No está mal.

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