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Escritor, guionista de cómics y cineasta, El versátil e incorrecto autor catalán vendrá a lima no solo a presentar su reciente libro de cuentos "Putas es poco" sino también a echar raíces en una ciudad que, confiesa, lo fascina
Por Enrique Planas
"He descubierto que me tomo la literatura más en serio de lo que mucha gente cree", me dice, al otro lado de la línea telefónica, Hernán Migoya. El comentario del escritor español viene a cuento al relatar cómo muchas almas bondadosas no lo quieren en su país. Lectores que no le perdonaron nunca que publicara "Todas putas", uno de los libros de cuentos que más escándalo despertaron en una España que se pinta de moderna y tolerante. Eso ocurrió en el 2003, cuando Migoya se vio en medio de un escándalo político. Su libro de relatos había pasado casi inadvertido hasta que su editora, Miriam Tey, fue designada directora del Instituto de la Mujer. Entonces la oposición cogió el libro para cargar contra el gobierno. "¡Cómo habían podido elegir a una persona que editó un libro denigrante para las mujeres!", exclamaban citando uno de sus relatos políticamente más incorrectos, en el cual un violador cuenta su historia y hace apología de su condición. Puro humor negro, claro, pero que no les hizo gracia a quienes lo acusaron de machista y misógino. Pasó el tiempo y el escándalo mediático fue olvidándose. Al final, ni la editora fue destituida de su cargo ni "Todas putas" fue censurado. "Simplemente escribo lo que necesito sacar de las tripas. Soy muy instintivo, muy visceral", añade Migoya, que llegará en breve a Lima para presentar "Putas es poco", un nuevo libro de relatos que podría considerarse una secuela, menos realista, más fantástica, pero igualmente radical y provocadora.
"Si 'Todas putas' trataba especialmente sobre el influjo de la mujer a nivel sentimental, durante la fase del enamoramiento, en "Putas es poco" abordo la etapa post-relación, el abandono y el vacío que puede dejar una mujer. Un vacío y un abandono que yo viví también por la repercusión que tuvo mi primer libro en España. Me sentí yo mismo un poco prostituta, en el sentido de que me sentí muy maltratado, todo el mundo me usó para sus fines", recuerda Migoya, en esta entrevista que lo encuentra en sus últimas horas en Barcelona, haciendo maletas para viajar a Lima no solo para presentar con la editorial Planeta su libro el martes 19, sino también para comprar un departamento en Miraflores y afincarse en nuestra ciudad.
Pocos temas más literarios que el de la prostitución...
Sí. La prostitución es un gran tema. Es la venta de uno mismo. Me interesa mucho el tema de la mujer como traidora y del hombre como traidor de sí mismo. He llegado al punto en que en mis cuentos la palabra "prostitución" tiene una aplicación general. Creo que todos en el fondo somos putas, todos nos prostituimos por algún motivo.
Todos tenemos un precio...
Ya no solo eso. ¡La mayoría estamos deseosos de vendernos! Eso es lo más triste. Ni siquiera hay un distanciamiento, sino una humillación constante, sea laboral o sentimental.
Tanto así que, en la portada, tú mismo encarnas a una 'pin up' violentada...
Lo que quería con la portada era yo mismo adquirir esa máscara de prostituta para aligerar el tono, reírme un poco del tema. Era una forma de decir "no soy machista", nunca lo he sido. Yo soy el primero en considerarme puta.
La verdad es que el resultado es sorprendente...
Sabía que era una portada que si no se hacía bien, no funcionaría. Probablemente, si hubiera sido mujer no sería atractiva. Sin embargo, lo hicimos muy bien, incluso demasiado bien. La gente piensa que se trata de una mujer y encima me dicen que está buenísima y que les excita mucho. ¡Eso me crea más de un trauma! (ríe). No sé si despertarlos de la ilusión.
Por un lado, en tus cuentos uno encuentra cultura popular, prostitución y violencia. Por otro, una exploración sobre la niñez y la pureza. Curiosa dualidad...
Sí, tengo una dualidad. Esa cosa muy discreta, emotiva, intimista e introspectiva que, de repente, se repliega cuando el cuerpo me pide escribir con más furor. Dentro de "Putas es poco" hay cuentos que, si se leyeran fuera de contexto, la gente que me conoce a nivel público no los relacionaría conmigo.
Sueles escribir sin temor a herir susceptibilidades. ¿Lo haces consciente de la provocación de tus cuentos o escribes sin pensarlo demasiado?
Tengo un problema: me crie con novelas adultas, especialmente con novela negra. Creo que de allí nace todo. Estoy acostumbrado por mis propias lecturas de niño a cierta franqueza hacia todo tipo de temas. Y me he dado cuenta de que, en la literatura española, hay prejuicios hacia la franqueza, algo que también había notado en la vida cotidiana. Hay una preocupación histórica por aparentar, por mantener el espejismo de que todos somos maravillosos y que en España no pasan cosas feas. Y muchos escritores conservan esa pose en su literatura. Yo escribo con un exhibicionismo orgánico del que no soy consciente. Cuando escribo, se me va el demonio, me sale de dentro.
Lo curioso es que en tu intento por llegar a la franqueza utilizas personajes profundamente cínicos...
Es parte de la dualidad de la que hablábamos. ¿Cómo se puede llegar al cinismo si no se pasa por el romanticismo? Si yo soy muy cínico, es porque he sido absolutamente romántico. ¿Qué implica el romanticismo absoluto? Un choque frontal, demoledor contra la realidad. De repente, ves el desnivel existente entre la realidad y los ideales. La mayoría de la gente tiende a disimularlo. En mi caso, es todo lo contrario: busco la pasión real, la verdad que pueda reinstaurar tu fe romántica.
PERÚ CORAZÓN
¿Tu fascinación por lo 'freak' tiene algo que ver con tu amor por el Perú?
¡No! (Ríe). Para nada. Mi amor por el Perú tiene que ver más con la búsqueda de la naturalidad en las personas. Lo he pensado mucho tiempo, desde el primer viaje que hice hace tres años. En sociedades supuestamente desarrolladas como España te obligan a deshumanizarte hasta un nivel angustiante. Aquí se vive una angustia continua, de tensión permanente, al mismo tiempo que un distanciamiento entre las personas. Y en el Perú hay una cosa extraña. Quizás porque estáis más protegidos de la invasión del pensamiento políticamente correcto, hay una mayor naturalidad en las personas. Esa forma de vivir al día, el disfrutar las cosas, de improvisar el placer, es algo inconcebible en Europa, donde todo está calculadísimo. Eso me fascina y sorprende. En el Perú he vivido muy feliz.
Uno de tus cuentos, "Jirón de amor", sucede en el Perú, en un lugar muy parecido al Jirón de la Unión. Es la primera vez que cuentas la historia de una prostituta desde la primera persona...
¡Esa prostituta tenía que ser peruana! Yo las admiro. Me parecen personas admirables, gente muy digna y valiente. Convertir tu cuerpo en mercancía y encontrarte con ocho desconocidos al día me parece una valentía extrema. Y eso solo puede provocarme admiración. Me gusta la gente valiente.
¿Cómo fue la investigación para construir ese personaje? Es una de las mujeres más tiernas del libro.
Hay en ese cuento el recuerdo de la miseria que pude ver en Lima, en las invasiones y en mi viaje a Pucallpa. Después de esa experiencia, por primera vez me sentí capaz de meterme en un personaje como ese. A mí me sigue sorprendiendo lo tiernas que son las mujeres que se dedican a la prostitución, o que tienen vidas duras. Es la mirada del hombre la que presupone un endurecimiento del alma. La mujer siempre es un pozo de sorpresas.
TRES OFICIOS
Comenzaste como guionista de cómics, luego escritor y guionista de cine, ahora ya has estrenado tu primer largometraje como director. ¿Simple acumulación o es una evolución de oficios para luego optar por uno solo?
No es algo premeditado. Desde los 14 años quise ser guionista de cómics. Era un chaval que había leído mucho, que le encantaban el cine y la música, pero fue el cómic que se me presentó como primera vocación. Ya a los veinte entraron el cine y la literatura. Pero no hay un plan. No quiero quedarme con uno solo. Cada medio tiene su encanto.
¿Qué te parece el término de moda "novela gráfica" para definir los cómics más "literarios"?
Es una huachafería. Parte del complejo de inferioridad del autor de cómics frente a la literatura. Han inventado un término que a los periodistas les es útil porque les sirve para hablar de cómics sin tener que dar explicaciones al director del diario. Al ser "novela gráfica", tiene un aura de intelectualidad alrededor que hace que entre más fácil a la prensa masiva que un cómic. Pero no hay nada que hacer, es un término que se ha extendido por todos lados. Es una batalla perdida.
¿Tu trabajo en el cómic fue fundamental para dar al salto a la dirección de cine?
Claro. De hecho es muy parecido. Yo hago mis guiones de cómics y te puedo decir que editar una película es exactamente igual a guionizar un cómic mediante story board. Es como si el dibujante ya hubiera hecho las viñetas y te las hubiera dado para que armes la historia.
¿Ahora que residirás en el Perú, piensas desarrollar aquí algún proyecto de cine?
Me gustaría. ¡Tienen tantas historias que contar! Me hace gracia que la mayoría de escritores peruanos que triunfan en España son los más "europeos", inocuos, domesticados. ¡Con tantas cosas brutales y enérgicas que hay que expresar en tu tierra!
LA FICHA
NOMBRE Hernán Migoya Martínez
EDAD 36 años
TRAYECTORIA Nacido en Ponferrada, Barcelona, Migoya es guionista de cómics, de cine y escritor. Fue redactor jefe de la revista "El Víbora". Provocador nato, ataca los tabúes de la sociedad española con personajes individualistas y cínicos.
CÓMICS: "Kung Fu Kiyo", "El Hombre con Miedo", "Desalmado", "Salida de clase" y otros.
CINE: "¡Soy un pelele!" (2006)
LIBROS: "¡Desnudas!" (teoría sobre cultura pop), "Charles Williams: La tormenta y la calma" (biografía), "Chiqui Martí: Piel de ángel" (biografía de una conocida 'stripper' española), "Todas putas" (cuentos), "Putas es poco" (cuentos), "Observamos cómo cae Octavio" (novela).