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LA VIÑETA DEL SEÑOR

Acerca de los tatuajes

Por Lorenzo Osores

Vivimos en un mundo desquiciante, sazonado con extravagancias que forman parte de un gozoso culto a la monstruosidad. Por ejemplo, la manía del tatuaje se extiende como una verdadera plaga en todos los sectores de la población y la mayoría no es conciente del daño que se incuba con esta aberrante moda.

Lucir un tatuaje puede ser más peligroso que llevar navajas en el paladar. No hablo de tatuajes motivados por un calculado exhibicionismo o por simple frivolidad. Tampoco me refiero a los que ilustran una vida delictiva o aventuras de ultramar. Los verdaderamente peligrosos son ajenos a tan vulgar didactismo, sólo atañen a una pareja de amantes e inducen al crimen pasional. No importa tanto el diseño que puede ser simple como el llamado tribal o barroco como el de los japoneses. Lo decisivo es la ubicación corporal del tatuaje y el instante de su descubrimiento en plena intimidad.

Otros tatuajes peligrosos, por sus consecuencias sociales, son los descaradamente hagiográficos que lucen algunos delincuentes para paliar los tormentos de su alma atribulada. También los hay de minimalista simbología religiosa pero son igualmente inoportunos. En cuanto a tatuajes se refiere, lo más prudente es que no tengan relación con ningún tipo de fe o de creencia. En estos tiempos de fanatismo e intolerancia, una cruz tatuada adquiere un significado tan amenazante como una cruz gamada y puede desatar enfrentamientos devastadores. No exijamos racionalidad a un mundo que se nos escapa de las manos.

Hay también tatuajes aparentemente inocuos que llevan la urticante marca de la provocación. Una inocente hortaliza en la pantorrilla de una muchacha puede denotar abierta hostilidad contra las inversiones mineras, tan necesarias en esta época de necio ecologismo y de calentamiento global.

Y mejor no hablar de esos tatuajes en cráneo pelado, una verdadera ofensa a la conducta virginal, un llamado a la promiscuidad sin límites o, en el mejor de los casos, una escandalosa regresión a la vida natural.

Lo más aconsejable es no hacerse tatuajes y en el hipotético caso de ser inevitables deberían ser discretos o de explícito contenido premilitar para la formación cívica de nuestros jóvenes, tan propensos a todo tipo de descontrol.

Sin embargo, dadas las circunstancias, lo mejor es dejarnos de idioteces, de tanta tolerancia mal administrada, ejerzamos la fuerza de la coerción, la única realmente disuasiva contra toda forma de extravagancia, de rareza conductual.

Posdata: Nunca imaginé que mi complaciente artículo A las palabras con cariño iba a desatar tanta iracundia. Varios escritores que se ufanan de domar a las palabras me enviaron agresivos mensajes detallando sus tristes métodos. Para que esos domadores de pacotilla aprendan algo de tan dudoso arte les envío el poema Las Palabras de Octavio Paz:

Dales la vuelta,/ cógelas del rabo (chillen, putas),/ azótalas, dales azúcar en la boca a las rejegas,/ ínflalas, globos, pínchalas,/ sórbeles sangre y tuétanos,/ sécalas,/ cápalas,/ písalas, gallo galante,/ tuérceles el gaznate, cocinero,/ desplúmalas,/ destrípalas, toro,/ buey, arrástralas,/ hazlas, poeta,/ haz que se traguen todas sus palabras.

Felizmente, también hubo mensajes gratificantes. Uno de ellos -el de mi amigo Luis Gómez Sánchez, matemático y letrado- vino obsequiosamente con tres palíndromos o capicúas:

AMAD A LA DAMA que es de su propia cosecha. Otro en griego que según el mismo Luis es el campeón de campeones:

NISPON ANÓMEMA ME MÓNAN OPSIN, cuya recta traducción es "lava tus pecados, no sólo tu cara". Y el tercero en inglés, cargado de humor y muy apreciado por los distraídos a tiempo completo:

WAS IT A CAR OR A CAT I SAW (Fue un carro o un gato lo que vi ). Y el señor Fernando Li, peruano hijo de cantoneses, me llamó por teléfono para felicitarme y hacerme conocer dos palíndromos suyos que son realmente estupendos. El primero, notablemente influido por la literatura griega, es una romántica invocación de Teseo a Ariadna: ANDA IRAS AMOR A RECONOCER AROMAS ARIADNA. El segundo es más corto pero no por eso menos sugerente: ASIRNOS A LA SONRISA. Una linda manera de recordarnos la importancia vital del humor.

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