Por José Rosales Vargas
A la intemperie, en medio de los escombros de sus casas derruidas, con escaso alimento, poca agua y la desesperación reflejada en sus rostros. Así permanecía ayer la mayoría de las 1.795 personas que quedaron damnificadas luego del desborde del río Aja la madrugada del sábado y que afectó a 278 viviendas en cuatro sectores de la zona urbana de Nasca.
"Continuamos pernoctando en medio del barro y los escombros, con una insignificante ración de alimentos entregada por el gobierno regional, sin agua y con los pozos sépticos que amenazan con colapsar y ocasionar alguna epidemia", declaró con su pequeña hija de 11 meses en brazos Roberto Mayhuire Quivio, poblador del sector de San Mauricio, donde se desplomaron más de 15 casas, incluida la suya.
A pocos metros, sus vecinas Rosmery Mendoza Quispe y Norma Oré Curiñaupa trataban de completar la olla común con algunos fideos y pequeños trozos de pollo que con sus propios medios habían adquirido para alimentar a unos 60 pobladores de este barrio.
RECUENTO DE DAÑOS
Una evaluación que realizó ayer el Comité Provincial de Defensa Civil confirmó que el desborde de este río dejó 193 viviendas afectadas, 56 destruidas y otras 29 viviendas inhabitables. Frente a esta emergencia el alcalde de Nasca, Daniel Mantilla Bendezú, explicó que se debe iniciar un plan de demolición de las viviendas más dañadas, de limpieza y retiro de los escombros para continuar enseguida con la habilitación de estos terrenos y para levantar nuevas estructuras con ayuda de algunos de los programas de vivienda que promociona el ministerio del sector.
"En relación con las viviendas afectadas, pero no destruidas, también se evalúa involucrar a sus propietarios en un programa de rehabilitación con el apoyo crediticio del Banco de Materiales. También se iniciaron las coordinaciones con el programa Construyendo Perú para que incluya a estos pobladores damnificados en un plan de trabajo temporal que, además de permitirles un ingreso, les posibilite participar en la limpieza y rehabilitación de sus terrenos", indicó Mantilla.
DESCUIDO MAYOR
Desde hace 30 años no se realizaban trabajos de reforzamiento ni de defensa ribereña en varios sectores críticos del río Aja, según el gerente de la subregión Nasca, Ítalo Benavides Carpio. "De acuerdo con los registros que hemos obtenido, en 1978 se terminaron de levantar estos taludes que se han ido debilitando en los tres últimos lustros con los golpes de agua que temporalmente ocasionaba este río y que confirman la seria responsabilidad de las autoridades del Gobierno Central, del sector Agricultura y de la propia Junta de Usuarios", reveló Benavides.
El funcionario coincidió con el alcalde Mantilla en que se necesitarán unos 3 millones 800 mil soles para emprender el reforzamiento, enrocado y enmallado de ambas riberas de este cauce y para proteger la ciudad ante futuros desbordes.
"Son cerca de 16 kilómetros de ribera entre el sector de Orcona, Urbe y Achaco que necesitarán cuanto antes la realización de trabajos", estimó el funcionario.
Una situación que pudo evitarsePor otro lado, unas 30 familias fueron reubicadas en igual número de carpas instaladas en la losa deportiva de Mauricio, donde la Coordinadora de Emergencias y Desastres de Nasca colocó un puesto de salud temporal para realizar atenciones preventivas. Las autoridades locales plantearon reubicar, además, a otras 55 familias que perdieron sus viviendas en el museo municipal y el parque recreacional, mientras dure la emergencia y se rehabiliten sus terrenos, aunque ellos se niegan a dejar sus destruidas viviendas.
El desborde del río Aja ha terminando de dañar parte del sistema de desagüe y alcantarillado de la zona norte de Nasca, que tiene una antigüedad de casi 35 años.