Henoch Loayza Espejo ha recorrido durante décadas casi todos los rincones del valle del Mantaro en busca de piedras con historia. En su casa tiene un museo donde exhibe su pasión
Por Raúl Mayo Filio
A él, las piedras en el camino lo hacen muy feliz. Las busca con anhelo y cuando las encuentra las mima, las acaricia y se las lleva a casa. Esta es de barro, pero con espíritu también de piedra, pues tiene más de cien años en pie y aún luce desafiante al tiempo.
Ese mismo tiempo parece haberse detenido en aquella calle empinada del barrio Centro, del distrito de Yauyos, en Jauja, la primera capital del Perú. Estamos allí, frente a un portón que luce un viejo letrero que reza "La Casa del Caminante".
El caminante se llama en realidad Henoch Loayza Espejo y ese apelativo es un regalo que le hizo uno de sus vecinos tras descubrir que este hombre recorría y recorría el centro del país en busca de piedras.
Las piedras de Henoch son especiales, pero una de ellas es la que dio inicio a esta búsqueda incansable por todo el valle del Mantaro. La encontró cuando tenía ocho años, en un día de paseo escolar. Cuando su curiosidad recurrió a la fuente inagotable del saber que era el profesor de su escuela, se dio cuenta de que ese oasis era un espejismo al recibir como respuesta: "Es una piedra".
La dureza de esa respuesta hizo que guardara su piedra en el bolsillo y luego se la mostrara a su abuela Espírita, quien le contestó: "Es la cara del Inti". Al menos esta respuesta lo llenó más, pero no era suficiente.
"Veinte años después supe que era un amonite(molusco fósil) petrificado", recuerda Henoch al momento de entrar a su mundo de piedras con paredes de barro.
EL MUSEO
La prehistoria tiene olor y se puede sentir en la casa de Henoch. Allí, en medio de tantos restos fosilizados, uno se encuentra con restos que han sabido escaparse a las manos del olvido.
Él sonríe orgulloso y toma ansioso una de sus adoradas piedras y nos dice que se trata de un hemiaster, del período cretácico de la era mesozoica; es decir, de hace más de 200 millones de años.
No acaba de dar la explicación cuando se dirige a una mesita y apunta con el dedo a una gran piedra que parece un gusano gigante enroscado ¡es un amonite!, de 49 centímetros de diámetro y 17 kilos de peso.
La mirada de incredulidad de los visitantes es obvia, por lo que Henoch toma un catálogo de edición alemana titulado "Fossilien", del autor Axel Hungerbûhler, y nos muestra una foto idéntica al objeto que se encuentra en la mesita, pero que fue hallado en Alemania.
Desde ese momento no para y empieza a mostrar, corales, trilobites (crustáceo), rynchonellas (braquiópodos), erizos, gasterópodos, y en general ejemplares de fondo marino de hace millones de años, todos petrificados.
Muy orgulloso señala que las más de 1.500 piezas con que cuenta fueron halladas en la provincia de Jauja, en sus diferentes localidades: Llocllapampa, Curicaca, Miraflores, Parco, Marco, Paccha, Canchayllo, Ricrán, también en la quebrada del río Mantaro.
"Toda Jauja es un banco de fósiles marinos de hace millones de años, lo único que se requiere es paciencia para buscarlos y reconocer un nódulo (piedra redonda) que en su interior contiene alguna especie fosilizada", anota como un experto paleontólogo, sin serlo.
En su permanente caminar, Henoch Loayza Espejo halló también restos arqueológicos preíncas, como puntas de piedra para lanzas de hace 6 mil años. Igualmente piezas de cerámica, herramientas, instrumentos musicales líticos de diversos momentos de nuestro pasado.
Completan su colección restos arqueológicos donados de otras partes del país, incluida una momia y un fardo funerario. Esto último le sirvió para que el 4 de junio de 1988 inaugurara el museo Julio Espejo Núñez, que se encuentra justo enfrente de La Casa del Caminante.