Por Moisés Sánchez Franco
En Caballos de medianoche (1984) y Una mujer no hace un verano (1995), Niño de Guzmán había demostrado su gran capacidad para construir historias breves de alta intensidad. En Algo que nunca serás (2007), su tercer libro de cuentos, reafirma ese talento, al desplegar técnicas como la economía en la descripción de paisajes, la valoración de la anécdota sobre el artilugio técnico, el uso plástico y verosímil del diálogo y la fascinación por los hechos insólitos.
Dispuestos a ordenar los nueve relatos del conjunto podemos organizarlos en tres estamentos: relatos de alucinaciones, relatos fantásticos y relatos realistas. Los relatos de alucinaciones se ajustan a la llamada "literatura de drogas", es decir, son narraciones que se presentan como embelesos provocados por alguna sustancia alteradora de los sentidos. En el caso de los cuentos de Niño de Guzmán dicho alucinógeno es siempre el alcohol. Así en "Viejo ángel de medianoche", se nos relata la ebria aventura nocturna de un escritor peruano en las calles de San Francisco, luego de su (des)encuentro con uno de los íconos de la generación beat, el heroinómano Gregory Corso. "La cometa" presenta a Santiago, un escritor maduro que pasa por una crisis de creación. Este personaje vivirá una experiencia singular: mientras contempla el paisaje miraflorino desde la azotea de su casa una sensación de liviandad única lo posee, al punto que puede elevarse por los aires. En plena aventura es sorprendido por su familia. Entonces Santiago repara con desazón que es el estado de embriaguez lo que le incitó a alucinarse como un ser aéreo.
Entre los relatos fantásticos cabe destacar "Montblanc", un cuento breve de final sorprendente. En un tren de primera clase, un extraño pasajero similar a Omar Shariff asombra a un maduro escritor peruano. El escritor pronto descubrirá que el exótico pasajero que capta su atención por poseer una garra en lugar de una mano es nada menos que el diablo, quien viene a devolverle un "Montblanc", un fino lapicero que el escritor cuando joven y luego de un acalorada discusión con su padre, arrojó al acantilado miraflorino, con la alterada expresión "vete al diablo". En "La vida sexual de Borges" se relata la experiencia erótica del escritor argentino junto a su joven lector-guía en el carnaval de Venecia. El cuento se presenta como una audaz humorada sobre la famosa castidad de Borges. En este sugerente relato, quedan claramente representadas, aunque por momentos con artificialidad, las obsesiones borgeanas: los cultismos, el laberinto, la idea de que en un hombre es todos los hombres, el símbolo sexual que representa el tigre de bengala y, claro está, los límites difusos entre la realidad y el sueño. Los relatos realistas de Niño de Guzmán se caracterizan por reflejar frustración y una inasible incomunicación. Así, la imposibilidad de la comunicación perfecta entre las parejas es el tema de "Café y cigarrillos"; la insalvable distancia generacional entre los padres (figuras del desengaño) y los hijos (figuras de la ilusión) se cristaliza en "Desnudos". Niño de Guzmán sugiere que dichas distancias solo pueden ser abolidas si se apela al lenguaje lúdico, tal como ocurre en "Historias del Zoo".
Por otro lado, en este último relato es posible advertir el curioso papel que cumplen los personajes femeninos en el texto. A veces estos son sujetos del orden: realistas y siempre censurantes; a veces son inasibles objetos de deseo, como la bella Liliana Villar en "Sombras nada más". Pero las mujeres que se muestran más afables para los personajes masculinos son aquellas que cumplen un rol materno, como la espectral y mágica mujer de "El desierto celeste" o la abnegada y enérgica madre del moribundo fotógrafo en "Desnudos". Por último, no podemos dejar de señalar otras constantes en los relatos: la primacía de los paisajes miraflorinos, la predilección del autor por personajes cuarentones de clase media acomodada que experimentan frustrantes vivencias eróticas, el cosmopolitismo de los escenarios, la presencia del bar como trasfondo de los encuentros inolvidables, la representación de los matrimonios destruidos, la preponderancia de los narradores en primera y en tercera persona y la inclusión de personalidades literarias (Zurita, Segovia, Ferlinghetti, Corso y Borges) en la ficción, recurso con el cual la narración adquiere un divertido aire de crónica infidente.
Algo que nunca serás es sin duda uno de los conjuntos de cuentos más importantes de los últimos años. Es tarea pendiente de la crítica averiguar de qué forma los relatos del texto continúan o rompen con nuestra tradición cuentística. Por ejemplo, sería oportuno indagar sobre la tácita relación que une a los fracasados personajes ribeyreanos con las criaturas de Niño de Guzmán, aquellos seres nocturnos que sueñan, se desengañan y desmoronan al comprobar que la realidad es, a veces, un inquietante espejismo.