Por Raúl Cachay A.
Una cinta musical que respete la tradición de Hollywood y al mismo tiempo pueda ser disfrutada plenamente por los amantes de la estética gótica, las novelas de horror y la fanfarria de vísceras y sangre de utilería propia del cine gore. Algo así solo puede ser carburado por una mente como la de Tim Burton, quien ha sabido capitalizar al máximo los flancos más extremos de su propia excentricidad con cintas singulares y extravagantes que, no obstante, consiguen sintonizar a la perfección con el gusto de una generosa porción del público, más allá de sus imágenes perturbadoras, sus personajes imposiblemente 'freaks' y el turbador imaginario que puebla cada uno de sus encuadres. "Sweeney Todd", basado en un legendario montaje de Stephen Sondheim, es un filme que probablemente coseche menos adeptos que los anteriores trabajos de Burton, dado el inexplicable rechazo que parecen provocar los musicales entre las nuevas generaciones de espectadores (y aquí estamos incluyendo filmes como "Dreamgirls" o "Chicago" que, si bien fueron bastante exitosos en otras latitudes, pasaron con más pena que gloria por la cartelera peruana), pero estoy seguro de que no tardará en ser abrazado por la historia como algo mucho más trascendente que un mero filme de culto: esta es ya una nueva piedra de toque en la fascinante filmografía del realizador.
Sucede que aquí Burton ha vuelto a revelarse como un genuino perfeccionista, que cuida al máximo cada detalle y que no solo ha conseguido que Johnny Depp cante como los dioses en una nueva faena consagratoria, sino que ha iluminado este relato atosigado de muerte y sordidez hasta convertirlo en una antológica celebración del amor, la inocencia y las pulsiones que nos mantienen vivos. Hay sangre, claro que sí, y horribles mutilaciones, canibalismo, cadáveres amontonados en mazmorras subterráneas y casi tantas degollaciones como una película promedio de Takashi Miike. Solo un talento superlativo como el de Burton podía extraer magia y belleza de todo esto. Una dignísima adaptación del clásico de Sondheim. Y el mejor pretexto para que la academia nos sorprenda a todos esta noche y reconozca por fin el talento mayúsculo de Depp, uno de los grandes intérpretes de nuestro tiempo.