Por Gustavo Rodríguez. Escritor y comunicador (*)
Si usted tiene una hija --o un hijo-- que está dejando la pubertad para entrar en la adolescencia, quizá haya experimentado un diálogo parecido al siguiente.
-- Papá, ¿me compras un celular?
-- ¿Para qué quieres un celular?
-- Para llamarte cuando esté en la calle.
-- Si nunca estás sola en la calle.
-- ¿Y si estoy en la casa de una amiga y tienes que hablar conmigo?
-- Te llamo al fijo, como ha pasado hasta ahora.
-- (Puchero) ¡Todas mis amigas tienen!
-- ¿Y porque todas tienen te voy a dar un celular?
(Portazo furioso)
Es una edad complicada, la verdad. Cuando yo tenía 14, mis grandes referentes eran los amigos y mis padres el enemigo a derrotar. Ahora que la mayor de mis hijas camina hacia esa edad, trato de no repetir las acciones autoritarias que se les escapaban a mis padres. Trato, pero cuesta. Además, cuesta mucho arreglar cerraduras luego de tanto portazo furioso.
Curiosamente, la semana pasada, una ida y vuelta de noticias que leí en los periódicos me hizo proyectar esta mecánica en la relación entre el Gobierno Central y las regiones. El primer titular decía: "Gobiernos regionales rechazan la norma del tercio superior". Y el del día siguiente proclamaba: "Gobierno denunciará a regiones que no acaten la norma". Caramba, me dije, esto se parece a las discusiones que estoy teniendo en casa últimamente. Al igual que lo que ocurre con la independencia de los hijos, la descentralización suena bonito, pero alcanzarla implica un ejercicio enorme de crecimiento y madurez. Durante años, el Gobierno --desde Lima-- fue el papá que administra recursos y los departamentos se encontraban en la cómoda situación de recibirlos y protestar por el statu quo. Ahora que las regiones pueden autogestionarse, intuyo que el lazo de sujeción permanece al margen de la norma escrita: el primer impulso es que papá siga solucionando el problema. Y si la solución no gusta, pues queda el recurso de la rebeldía.
Hace unos días mi socio, Sandro Venturo, meneaba la cabeza al ver las iracundas manifestaciones en el Cusco por la ley de inversión privada alrededor de monumentos históricos. Me dijo: "Los cusqueños se están haciendo daño a ellos mismos. Son como esos chicos que se pegan a la cabeza y dicen ¡hazme caso, hazme caso!". Fue un símil clarísimo.
-- Hijita, no debemos gastar plata en algo que no necesitamos.
-- ¿Y si lo pago yo?
-- ¿Todos los meses?
-- Podríamos ahorrar si no viene Pamela (su tutora de estudios).
-- Pero tendrías que concentrarte más en el colegio...
Firmeza con sensibilidad. Paciencia. Mucho diálogo. Según algunos expertos en crianza, son estos los requisitos necesarios para una relación virtuosa entre padres e hijos que han dejado ser niños. ¿Será que también son necesarios entre el Gobierno Central y las regiones? Han pasado cincuenta años desde que Luis Alberto Sánchez escribió que el Perú es un país adolescente. Si ignoramos estos requisitos, seguiremos teniendo la pubertad más larga del planeta.