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ENTREVISTA A LA AUTORA DE EN "EL TIEMPO DE LAS MARIPOSAS"
Nació en New York en 1950, pero a los tres meses de edad volvió a la tierra de sus padres, República Dominicana. Al cumplir diez años, volvió a Estados Unidos, esta vez para quedarse definitivamente. Hoy forma parte de un grupo de destacadas escritoras que, pese a escribir en inglés, tienen sus raíces latinas más que presentes.
Por Jimena Ugaz
Julia Alvarez es autora de poesía, novela y ensayo y profesora en el Departamento de Literaturas Inglesa y Americana de Middlebury College. Emigró a los Estados Unidos a los diez años; escribe en inglés, pero todos sus libros han sido traducidos al español, "la lengua de su infancia". Su novela Para salvar el mundo (2006) llegó a Lima a finales del año pasado. El libro combina la crónica de la expedición histórica del doctor Balmis para la difusión de la vacuna contra la viruela (1815), con una historia de ficción, escenificada en la actualidad, sobre la vacuna del Sida. Entre sus libros más celebrados se encuentran En el tiempo de las Mariposas (2001) y De cómo las chicas García perdieron su acento (1994). Lo que sigue es un diálogo con la escritora.
¿Hace cuánto tiempo que escribe? ¿Recibió apoyo de su familia en relación a su profesión de escritora?
-No, de ninguna manera. Yo me crié en la República Dominicana en los años 50. No había una cultura fuerte de lectores: estábamos en una dictadura. A cualquier persona intelectualmente capaz, que leyera, había que vigilarla. Siempre pensé que lo que me convirtió en escritora fue el venir a los Estados Unidos a los diez años. Tuve que aprender una lengua completamente diferente, de forma semejante a como uno tiene que redescubrir su propia lengua cuando escribe. Otro aspecto que influyó fue que cuando llegamos nos encontramos con muchos prejuicios. En las plazas los niños nos insultaban, nos escupían. Yo tenía necesidad de una vida interior, de un lugar a donde ir, donde pudiera enraizarme y no era que los Estados Unidos fueran un lugar hostil, pero después descubrí la lectura y el mundo de la imaginación, en el que a nadie se le prohibía la entrada, no había prejuicios allí. Entonces creo que me hice escritora como resultado del doloroso proceso de venir a este país como inmigrante, perderlo todo, sentirme una outsider.
¿Cuáles son algunos de los escritores que más la han influido?
-Pienso que soy una escritora americana en términos continentales: con mis raíces, mis historias, mis ritmos, mis cadencias en América del Sur y mi instrucción y la lengua que domino en América del Norte. Empecé como poeta y mi primera influencia fue Neruda, pero al mismo tiempo estaba leyendo a Whitman y a Emily Dickinson. Yo no escribo en las oraciones cortas de la tradición anglosajona: hablo mi español en inglés. Mi mundo opera híbridamente. He tenido influencias de ambas Américas pero también de otras culturas. Cuando leo a Amy Tan, a Maxine Hong Kingston, están escribiendo en inglés pero siento que tengo acceso a una sintaxis completamente diferente que viene con sus raíces asiáticas. Lo mismo cuando leo a Salman Rushdie o a Arundati Roy. Yo me formé como escritora en Estados Unidos, cuando en América Latina se vivía el boom. Todos estaban leyendo a García Márquez, a Borges, a Vallejo, a Vargas Llosa. De pronto, Estados Unidos era consciente de que existía América Latina y de que en su cultura ya había un componente latino y creo que soy de esa generación de escritores, como Sandra Cisneros y Ana Castillo. Repentinamente Estados Unidos se interesó por esta identidad multicultural.
¿La leen de manera diferente en la República Dominicana que en los Estados Unidos? ¿Cree que es una escritora diferente en cada lugar?
-Eso es difícil de saber. En la República Dominicana me identifican con un libro en particular que es En el tiempo de las mariposas, del cual se ha hecho una película y a la familia Mirabal le ha encantado el libro. Ha sido traducido a doce lenguas y entonces sienten que la historia realmente se ha difundido y, luego de que se publicó el libro, las Naciones Unidas declararon el día 25 de noviembre el día nacional en contra de la violencia contra la mujer. No digo que haya sido mi libro el que lo logró, pero cuando lo leen ven allí el comienzo de la historia convirtiéndose en una historia internacional y allí todos me conocen como esa autora. En ambas novelas, En el tiempo de las mariposas (1994) y en Para salvar el mundo (2006) la historia juega un papel importante.
¿Como define la relación entre la ficción y la historia?
-Una de las cosas que descubrí cuando estaba investigando para mi libro En el tiempo de las mariposas es que la Historia es como una historia. Imponemos una estructura narrativa a los eventos y esa es una de las herramientas de un escritor de ficción. Cuando estaba haciendo la investigación -eran sobre todo entrevistas; en esa época se documentaba poco de la historia dominicana-, me di cuenta de que la historia es una composición de puntos de vista. Novalis, el escritor alemán dijo "Las novelas se crean a partir de los vacíos de la historia". Igualmente, cuando investigaba para mi novela Para salvar el mundo, descubrí que los veintidós niños del orfanato no viajaron solos en la expedición contra la viruela, sino que también fue la rectora a cargo del orfanato. Esta mujer logró que la invitaran, aunque no estaba en el plan original y cuando hablé con los historiadores, que estaban organizando el bicentenario de la expedición, dijeron, "sí, sabemos que su nombre de pila era Isabel, pero qué pérdida para la historia porque no sabemos más de ella". Y yo pensé Eso es genial, porque ahí es donde entra el novelista. Tienes que usar los hechos y organizarlos al servicio de la historia: cómo estructurar la trama, cuál será el punto de vista. Esas son herramientas de la ficción, pero se aplican todo el tiempo sobre hechos verdaderos.Ahora me gustaría que comentara sobre uno de sus últimos libros, Había una vez una quinceañera: de niña a mujer en EE.UU (Once upon a quinceañera: Coming of Age in the USA).
¿Cómo concibió el proyecto y por qué le interesó?
-Fue el primer libro que me encargaron. Este boom de las fiestas quinceañeras era algo pequeño y familiar en nuestros países; luego evolucionó en Estados Unidos. Por otro lado, estaba leyendo las estadísticas que indican que las jóvenes latinas en este país están en el primer lugar en cuanto a conductas de riesgo. Tenemos la mayor cantidad de embarazos entre adolescentes -algo así como una de cada cuatro latinas tendrá un hijo antes de los 20 años-; la mayor cantidad de intentos de suicidio entre las jóvenes latinas, una de cada seis; el segundo lugar en el abandono de los estudios secundarios, una de cada cuatro. Y cuando consideramos que para el año 2050, una de cada cuatro mujeres en este país va a ser latina, no es un problema específicamente latino, sino un problema americano. Entonces, por un lado, consideraba estas estadísticas y, por otro lado, esta fiesta para una princesa, como si fuera a heredar un reino. Esto de gastar 10.000 dólares que las familias no tienen, creando esta fantasía. Tenemos esta tradición, pero ¿cómo podemos usarla para darles poder a nuestras jóvenes latinas? Entonces me vino una sensación de pánico. Miren lo que está pasando y nosotros que somos los supuestos líderes de esta comunidad, ¿qué estamos haciendo al respecto? Todavía no tengo la respuesta.
¿Le parece que un escritor siempre debe tener un objetivo cuando escribe un libro? ¿Crítica social o revisionismo histórico, por ejemplo?
-No creo que esa deba ser su prioridad. Tienes que trabajar al servicio de una historia, y si lo haces pensando en una polémica determinada, estás manipulando la historia y traicionando el inmenso poder de la narración. Scheherezada, de Las mil y una noches, es un ejemplo de cómo entiendo yo la escritura. Scheherezada está a merced del sultán, que está matando a todas las mujeres del reino y la va a matar a ella. Scheherezada no tiene poder, entonces ¿qué hace? Le cuenta una historia y la historia lo entretiene de tal manera que esa noche el sultán le perdona la vida y luego la próxima noche y la próxima. Y lo que pasa es que por medio del poder de la historia el sultán se transforma y su odio y su misoginia desaparecen: se arrepiente de lo que ha hecho y no solo eso, ella se salva a sí misma y a todas las mujeres del reino. Pero cuando narraba, tenía que contar la mejor historia y la más interesante y eso es lo que le da el poder que adquiere. Una cita que me gusta mucho es la de los tejedores mayas, que antes de empezar a tejer, oran y piden: "Dame la inteligencia y la paciencia para encontrar el verdadero diseño". Y tú sabes que estás contando una historia que no ha sido narrada antes, que no tienes una receta que te asegure que lo has hecho correctamente y tu única lealtad al escribir es hacerle justicia a la riqueza y complejidad de la vida.