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SINGULAR EXPERIENCIA ARTÍSTCA DE RECOLECCIÓN Y RECICLAJE

Nada sobra

Derivadas (resultantes de un proceso de recolección), la muestra del escultor mexicano Víctor Castro en el flamante paradero miraflorino de Micromuseo -el espacio de arte del Café Bar Habana-, es un sugestivo intento de resignificar términos como recolección y reciclaje. La curaduría corre a cargo de Gustavo Buntinx.

Por Diego Otero

Para Víctor Castro
(México, 1974) nada se desperdicia, y la exposición que convoca este artículo es una prueba de contundencia: Derivadas (resultantes de un proceso de recolección) es, en realidad, un proyecto que se desprende de los restos y las implicancias comunicativas de un propósito mayor: una escultura pública de dimensiones monumentales que se realizará a partir de la recolección de tapas de botellas de plástico. Más precisamente, de 121 contenedores de vidrio (tipo urnas o peceras) en los que cabrán cerca de un millón de tapas, de las que ya se ha conseguido poco más de doscientas cincuenta mil.

La primera pregunta que surge de la propuesta está directamente vinculada a su concepción: ¿cómo va a hacer Castro para reunir todo ese volumen de tapas? Pues a través de una compleja red social en la que vienen participando amigos y desconocidos, colegios y espacios de comercio, puntos de acopio y estrategias de propaganda. De modo que al final la escultura monumental será, también, como lo dice Gustavo Buntinx en el catálogo de Derivadas, una escultura social. Una cadena de vínculos en pos de un objetivo tanto estético como ecológico.

Derivadas, entonces, es una muestra de piezas de dimensiones mucho menores (piezas más "íntimas" las llama Castro), realizadas a partir de la estela de desperdicios -tapas no requeridas, anillos, botellas, etc.- que viene dejando el complejo proceso de recolección. Derivadas como alusión al término matemático, pero también al engranaje social, a la suerte de efecto dominó que el proyecto desencadena. La muestra, además, está vinculada al blog "Soy un recolector" (soy-un-recolector.blogspot.com), en el que el artista realiza una tercera operación de reciclaje: cuelga videos y fotos del proceso de trabajo; videos o fotos que también terminan siendo obra.

LA CREACIÓN DE UNA COMUNIDAD
Lo más interesante de Derivadas, lo pertinente, es que activa un par de ideas cruciales para un momento como el que vive nuestra escena artística. En primera instancia, una forma inteligente de creación de comunidad en torno a un propósito específico (de repercusiones tanto estéticas como sociales); en segundo lugar, una nítida y contundente potenciación del ingenio y la creatividad para sacar adelante (con un costo económico muy bajo) un proyecto artístico. Es en este marco que Buntinx vincula a Derivadas con ciertas aristas de las llamadas estéticas relacionales, conceptualizadas en la década del noventa.

Para las estéticas relacionales el arte es, básicamente, un estado de encuentro, un intersticio social. Y Derivadas apunta con agudeza ahí donde los (ya no tan) nuevos dispositivos tecnológicos dejan flancos abiertos. En tiempos de escasa interacción interpersonal, en tiempos de alarmante aislamiento y virtualidad, Derivadas propone la calidez de los lazos físicos y la explícita materialidad de los objetivos. Propone encuentros, organizaciones solidarias, contacto (en el mejor de los sentidos del término). Buntinx, además, como era previsible, vincula los proyectos simultáneos de Castro con la experiencia crítica de E.P.S Huayco: el reciclaje como materia y como sentido.

Pero el trabajo de Castro no pretende ser una actualización pasiva de los postulados de Mariotti y compañía sino más bien una resemantización de esos postulados. Castro no intenta blandir las banderas de la utopía socialista; no hay en ninguna de las escalas de un proyecto como Derivadas una fricción tirante entre lo pequeño burgués ilustrado y lo popular emergente. Lo suyo es, más bien, como apunta Buntinx con precisión, una "pragmática reparadora" de las heridas que deja una paradójica sociedad de consumo como la nuestra; una sociedad en la que solo recae la sombra o la estela de lo post-industrial, y para la cual los desperdicios de esa sombra o de esa estela son vitales.

PIEZAS COMO METAS
Así, Derivadas es también un homenaje a la belleza posible en lo residual y lo emergente, y cada una de las piezas mostradas en la exposición da fe de ello. El No-manto, los No-quipus, los delicados ensamblajes de anillos sobre mallas de acero galvanizado son complejas figuras estéticas, que plantean inquietantes, irónicas, a veces mordaces analogías no solo con el pasado prehispánico sino con ciertas formas de la ingeniería genética, los circuitos integrados o la imagen digital. Con Derivadas, Víctor Castro ha encontrado una forma de convertir los desperdicios de la industria en ideas y en formas, y lo más importante: en instrumentos de vinculación, de creación de comunidades. Recuadro

"Soy un recolector"
Accediendo al blog de Víctor Castro (soy-un-recolector.blogspot.com) podemos saber cómo va el proceso de recolección de tapas, paso a paso. Y sobre todo, podemos saber cuáles son las formas de participación que el proyecto ofrece. ¿Se anima usted a ser parte de esta experiencia artística?

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