Por Carlos Eduardo Vargas Tagle
Era 1976 cuando el lingüista José Luis Rivarola, inspirado por sus experiencias junto al reconocido filólogo suizo Kurt Baldinger, decidió comenzar una revista de estudios lingüísticos y literarios. Regresaba al Perú después de cursar un doctorado en Heidelberg, Alemania, donde había colaborado con la sección hispánica de la prestigiosa y antiquísima revista Zeitschrift für Romanische Philologie (su primer volumen data de 1877), que el propio Baldinger dirigía. Cierto día Rivarola reapareció en el antiguo patio de Letras de la Universidad Católica. Traía ideas entre manos y necesitaba un cómplice. Conversó con el historiador Franklin Pease, gran amigo suyo. Quizá no lo imaginaron, pero aquella charla devendría, algunos meses después, en el nacimiento de dos importantísimas publicaciones periódicas del medio académico.
Rivarola delineó el proyecto. No quería que la suya fuera solamente una revista de filología. Pretendía algo más amplio. Que estuviera abierta a investigaciones en cualquiera de las ramas de la lengua. Y que incluyera, por ejemplo, trabajos sobre el castellano andino o el quechua: "Busqué un término que fuera menos restrictivo con respecto a las revistas que se publicaban en Europa o Estados Unidos, especializadas sobre todo en lenguas romances. Quería una revista que no fuera solo de literatura ni solo de lingüística, sino en la cual confluyeran ambas disciplinas", comenta. Pero seguía siendo 1976 y en el Perú no había tiempo ni dinero para pretensiones muy intelectuales. Pasaba demasiado: un comandante general y su tacnazo acababan de derrocar al dictador Velasco Alvarado; comenzaba otro régimen militar; desde Chile, Pinochet -recién hoy lo sabemos- planeaba declararle la guerra al Perú.
Aquellos años difíciles, de debacle económica, como los recuerda Rivarola, no impidieron que un puñado de catedráticos de la Católica defendiera el fundamental ejercicio de estudiar el lenguaje en todas sus manifestaciones y de difundir esos estudios. El número inaugural de Lexis, la primera revista estrictamente académica de lingüística y literatura del medio universitario, vio la luz en julio de 1977, mientras Morales Bermúdez convocaba a elecciones presidenciales y la CGTP llamaba a uno de los paros nacionales más grandes de nuestra historia. Incluyó artículos sobre las perspectivas de la lingüística como ciencia, el análisis de los campos léxicos, la poesía de César Moro, el discurso simbólico y el castellano limeño. Colaboraron con ella especialistas de la talla de José Miguel Oviedo, Alberto Escobar y Susana Reisz. Como lo haría tantas veces después en el transcurso de dos décadas, su fundador trabajó incansablemente para sacar aquel primer número. Así lo recuerda Carlos Garatea, actual editor responsable de Lexis: "Me impresionó todo lo que Rivarola hacía para la revista. Trabajaba prácticamente solo, con una vieja máquina de escribir, un fichero, cientos de sobres y carpetas, y unos cuadernos en los que llevaba un directorio". En medio del caos, el verbo se había hecho.
Los 31 años que lo separan del inicio de Lexis no enturbian su memoria. José Luis Rivarola recuerda la experiencia con lucidez: "Los comienzos fueron difíciles. Acababa de terminar el gobierno de Velasco y hubo que luchar por el nacimiento de la revista. Debo decir que esto no vale solo para Lexis. En aquel año también se fundó Histórica, dirigida por Franklin Pease. Nuestras revistas crecieron amenazadas. No había dinero; las cosas se hacían artesanalmente. Poco a poco fuimos mejorando a partir de aquellos inicios precarios. Logramos sobrevivir a dos o tres años dificilísimos". Sobre su estante están apilados decenas de ejemplares de Lexis: más de la mitad fueron editados por él.
Dos décadas después de fundarla, Italia lo esperaba. En el Perú Rivarola dejó una situación política algo menos turbulenta y, en la dirección de Lexis, a su entrañable amigo y maestro, Luis Jaime Cisneros. Pero una revista agota. Cisneros, tan académicamente activo como siempre, necesitaba más espacio en su vida. El comité editorial de Lexis tomó una decisión. Carlos Garatea, ex secretario de redacción de la revista, pasaría a editarla: "Al regresar de mis estudios doctorales, asumí el cargo de editor responsable, bajo la dirección de Cisneros", recuerda el lingüista. Y enfatiza una diferencia que sabe fundamental: "Lexis solo ha tenido dos directores: Rivarola y Cisneros"
A pesar del tiempo y de las afinidades personales, la línea de la revista se mantiene intacta. Lexis jamás ha dejado de ser lo que comenzó siendo: una apuesta por difundir el saber humanístico. No solo eso. También se trata de una herramienta, como explica Rivarola, fundamental para la actividad académica: "El docente universitario tiene que publicar y que estudiar. La revista cumple con una doble función: por una parte, le permite transmitir lo que ha trabajado; por otra, recibir estímulos del extranjero. En ese sentido, es dialógica". Y así lo confirma su actual editor: "Una revista académica de humanidades, como Lexis, representa una contribución con la producción del conocimiento, con la reflexión y con la crítica en alguna de las disciplinas humanísticas. No hay universidad sin investigación. La vida académica exige diálogo. Y una de las tareas de Lexis es contribuir con él".
Madurar toma tiempo, pero los años de estudio -y también de ensayo y error- rinden frutos. Lexis ha evolucionado de la mano de quienes han apostado y apuestan por ella. Luis Jaime Cisneros sigue dirigiéndola con el mismo ímpetu de antes. José Luis Rivarola aún la lee y comenta desde su despacho en la Universidad de Padua. Carlos Garatea es consciente del avance: "No creo exagerar cuando afirmo que Lexis ya ocupa un lugar en el mundo académico y es una revista de referencia entre investigadores. En el último congreso internacional de la Asociación de Historia de la Lengua Española, fue mencionada entre las dos publicaciones académicas más importantes de Hispanoamérica. Hemos avanzado bastante, aunque evidentemente todavía tenemos mucho por hacer y corregir. Es inevitable".
Para los miembros de Lexis, la celebración es a lo grande: 31 años publicando ininterrumpidamente no son pocos. El cambio de portada de la revista es, seguramente, un merecido homenaje. Pero su esencia seguirá siendo la misma. En ella todavía confluirán, como lo pretendió Rivarola muchos años atrás, las más rigurosas investigaciones en los campos de la lingüística, de la crítica y teoría literarias, y de la andinística.