Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
EDITORIAL

Un conflicto que debemos disipar, no atizar

Luego de la estridente intervención del presidente venezolano Hugo Chávez, que irresponsablemente pretendía atizar aun más el conflicto colombo-ecuatoriano, debemos saludar que la sesión extraordinaria de la Organización de Estados Americanos (OEA) haya contribuido a empezar a calmar las aguas y abrir las puertas al diálogo y la cordura.

El pedido de disculpas por parte de Colombia y la solicitud ecuatoriana de una próxima reunión de cancilleres son gestos que cuentan, en medio de una severa crisis que en pocas horas, y bajo el irresponsable influjo de Chávez, llevó al abrupto retiro de embajadores, la ruptura diplomática y el cierre de fronteras.

Lo mismo puede decirse de la gira regional que inició en Lima el presidente ecuatoriano Rafael Correa quien, más allá de las sospechas de actuar bajo la influencia de Chávez, trasunta ahora la intención de explicar y quizá evitar el escalamiento del conflicto.

Y es que hay mucho que perder y nada que ganar. El fantasma de la guerra es simplemente catastrófico y deleznable para la región y sobre todo para dos naciones hermanas, que verían cercenadas sus posibilidades de desarrollo y cooperación, con gravísimas secuelas posteriores, debido a un incidente que debe, indiscutiblemente, resolverse por la vía del diálogo.

Como bien lo ha dicho el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, hay que buscar "una solución pacífica a esta crisis, para así abordar los problemas de fondo que la han provocado"; y sin olvidar que "subsiste la crisis humanitaria generada por el secuestro prolongado de personas a manos de las FARC".

Efectivamente, queda claro que las tropas colombianas violaron la soberanía nacional de Ecuador, lo que es inaceptable pues confronta los principios del ordenamiento internacional. En esto están de acuerdo casi todos los representantes de las naciones del continente, incluido el Perú, que ha añadido dos circunstancias importantes relativas a la peligrosa e indeseable tendencia intervencionista del mandatario venezolano Chávez: Por un lado el presidente Alan García ha reiterado que el conflicto debe mantenerse en el ámbito bilateral; y por otro lado, ha advertido que así como hay que defender la soberanía territorial hay que hacer lo mismo con la soberanía política, con lo cual rechaza la injerencia ideológica del chavismo a través de las casas del ALBA y el apoyo no solo a partidos nacionales sino también a grupos abiertamente subversivos.

Sin embargo, eso no es todo. Así como es recusable la agresión a la soberanía de un país, otro asunto bajo objetivo análisis es la responsabilidad que debe asumir el gobierno del Ecuador. Sobre todo por su indolencia y pasividad para permitir el refugio de las FARC en su territorio para desde allí iniciar sus ataques con toda comodidad contra los soldados colombianos.

Es en ese contexto que se podría en tender el que Colombia no haya informado adecuadamente a las autoridades ecuatorianas, habida cuenta de que eso posiblemente habría servido para poner a las FARC bajo alerta.

A más de ello hay otro aspecto que no se podrá soslayar en la OEA. Al abatido número 2 de las FARC 'Raúl Reyes' se le quiere hacer aparecer como el pacífico mediador para la liberación de rehenes, olvidando que fue él mismo quien los secuestró y mantuvo en condiciones inhumanas.

En realidad era el segundo en la línea de mando de un grupo terrorista que mantiene en vilo a toda una nación hace medio siglo, ha invadido una porción importante de su territorio y que ha matado y secuestrado a políticos e inocentes ciudadanos sin ninguna contemplación. Ello, además de hacer del chantaje y la extorsión sus métodos preferidos y aliarse con el narcotráfico, al que presta protección como cualquier mercenario o asesino a sueldo. ¿Es ese el personaje que Chávez pretendía convertir en mártir?

Esta peligrosa amalgama terrorismo-narcotráfico es una de las principales amenazas para la paz y la democracia de la región, al igual que la vociferante presencia del autoritario Hugo Chávez y su proyecto intervencionista de corte socialista, a quien poco importan las formas democráticas y no tiene ningún escrúpulo en defender a las FARC. Ello ha llevado al Gobierno Colombiano a anunciar que denunciará a Chávez ante la Corte Penal Internacional por su patrocinio de terroristas y genocidas.

Hacemos votos porque la crisis colombo-ecuatoriana se resuelva paulatinamente con el auspicio de la OEA y de líderes regionales de reconocida vocación democrática, que promuevan la formación de comisiones de inspección y distensión en las relaciones bilaterales.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook