EXPOSICIÓN BROTES VITALES DE MELISSA LARRAÑAGA
Hace un año y medio aproximadamente, Melissa Larrañaga no solo alumbró a un pequeño niño, sino que también ese día concibió la idea de vastos campos plagados por cientos de flores germinando en sus cuadros.
Artista de una sutil sensibilidad y perspicacia, Larrañaga nos hace partícipes de su reciente experiencia materna, a través de una gama de tonalidades y detalles vertidos en su obra pictórica que expresan las sensaciones y emociones vertidas en este proceso.
Así, el color dentro del paisaje se convierte en un elemento muy importante en la pintura de Melissa, pues pasa de lo 'naïf' a lo agresivo, de la sutileza y el candor a la fuerza y a la emotividad más sincera, e invita al espectador a la complicidad.
En la pintura de Larrañaga el poder simbólico de la flor no solo transmite la fuerza de la naturaleza, sino también la culminación de un proceso creador y creativo.
Según se explica en el preludio de la sala, en francés, el verbo 'épanouir' denota no solamente el momento en que una planta o una flor germina, sino también un estado de realización personal, de desarrollo pleno, además de una apertura del espíritu.
La maternidad --según Natalia Ames, curadora de la muestra-- ha motivado en Melissa Larrañaga una situación de similares características: el 'épanouissement' de la mujer al convertirse en madre se vislumbra en estos paisajes floridos, y muestra el aspecto mágico de una experiencia vital, cuyas sensaciones han tomado por sorpresa a la artista. Estos estímulos han marcado un antes y un después en la obra pictórica de la artista y en su manera de ver el mundo.