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Crónica LA FRONTERA MÁS ALTA DEL PERÚ

Vivir frente a otro mundo

Alto Perú es el pueblo de frontera más alto del país. Ubicado en la sierra de Tacna, a más de 4 mil metros de altura, su gente vive pensando en el futuro, por más difícil que sea

Por Ricardo León. Enviado especial

Desde la ventana del único colegio del pueblo se puede ver Chile (y es curioso que la frase que adorna la pizarra del aula sea: "Todo por amor, nada por la fuerza"; el lema patrio chileno es, más bien: "Por la razón o por la fuerza"). Muchos niños que estudian en esta escuela pasarán gran parte de sus vidas pastando a sus llamas y alpacas en los bofedales de la enorme pampa donde se ubica, como un pequeño oasis de adobe y calamina, el centro poblado menor Alto Perú, del distrito de Palca, de la provincia de Tacna (en el departamento del mismo nombre). Este es el pueblo de frontera más alto del Perú.

Y no solo es el más alto, también uno de los más remotos; por eso el nombre aimara con el que se le conocía décadas atrás era queñahuichinca, que en castellano quiere decir: "donde quedan los últimos queñuales".

Y no solo es remoto, también es uno de los más aislados; por eso las autoridades comunales tienen tantos proyectos de desarrollo en mente, y tan pocos en ejecución.

Y no solo está aislado, también es uno de los más desatendidos. Por eso otros niños de esta misma escuela también crecerán como pastores de llamas y alpacas, pero al frente, en ese país al que se puede ver desde la ventana del colegio como si fuera una vitrina.

DOS CARAS DEL MISMO PUEBLO
Hay dos niveles paralelos de desarrollo a los que puede llegarse a 4.400 metros sobre el nivel del mar, en una región alejada del círculo de acción de las autoridades políticas. El primero es visible: en este pueblo hay inodoros en los baños y luz en algunas viviendas.

El otro es invisible: ninguna madre se muere durante o después del parto, esas madres no tienen más de 2 o 3 niños, esos niños no se mueren a las pocas semanas de nacidos... de hecho, en la pared de la posta médica un cuadro estadístico indica que nadie en este pueblo murió por enfermedad durante el 2007. No tener que pensar en inodoros ni en luz eléctrica ni en epidemias permite generar ideas: un proyecto integral de nutrición, criaderos de truchas, un albergue infantil, centros de producción de telas.

Pero también hay dos niveles de subdesarrollo ya definidos. En el centro del pueblo viven solo algunas de las 280 familias que lo forman; la mayoría de ellas vive en pequeños anexos distribuidos en una enorme pampa donde proliferan los bofedales. Estos bofedales constituyen el principio y el fin de la única actividad económica que se desarrolló en el pueblo: la crianza de llamas y alpacas. Durante las heladas estos animales mueren de hambre porque los pastizales desaparecen dramáticamente en medio de la nieve y del frío extremo. Y como no hay de qué más vivir, la vida del pueblo cae en un hueco económico que se repite todos los años; ese es un problema visible. El otro son los niños que viven en esas estancias y deben caminar largos trechos para asistir a la escuela.

Y hay un problema que no tiene que ver directamente con el frío. "Lo que buscamos es que ningún poblador de Alto Perú quiera irse a vivir a Chile", comenta Erasmo Torres, presidente de la comunidad.

Torres explica que en los pocos años de vida de este centro poblado menor (creado hace apenas 19 años) muchas familias han cruzado la frontera para instalarse en Chile y no regresar más. Lo normal es que durante su juventud los pobladores de Alto Perú pasen cortas temporadas en territorio chileno, trabajando para ganaderos chilenos y ganando un sueldo chileno, que puede llegar a quintuplicar el que perciben en esta región del Perú. "Allá uno puede llegar a ganar 500 soles. Aquí, en cambio, algunos viven con menos de 100 soles al mes".

Erasmo sabe que se trata de un problema social extendido en el tiempo; de hecho, varios familiares suyos cruzaron la frontera para instalarse definitivamente en Chile y otros tantos lo harán un día de estos: Juana Ticona, una pobladora que se dedica a la ganadería y al tejido, explica --y nadie en el pueblo la critica-- que quiere irse porque allá hay más futuro; ese argumento podría considerarse, a estas alturas, irrebatible. "Pero yo insisto en que es importantísimo representar las fronteras, vivir en las fronteras. No podemos dejarlas vacías", responde Rufino Torres, un poblador que cuando era adolescente viajó al país del sur, pero regresó.

Esta disyuntiva nunca pierde actualidad en Alto Perú.

EN PUNTOS
4Según Marcial Ordóñez, presidente de la Asociación de Alpaqueros del anexo de Paucarani, en el 2007 se perdió el 40% de los animales por las heladas.
4Este año, la escasez de lluvias en la región impide almacenar forraje suficiente para abastecer a los animales durante la temporada de frío.
4La Municipalidad de Palca suele entregar 40 kilos de forraje por familia durante esa temporada.
4Los pobladores de Alto Perú se abastecen de alimentos y demás productos en una feria llamada Tripartita, cerca de la frontera con Chile y Bolivia.
4Por la distancia y especialmente por el mal estado de la carretera, que en su mayor parte es una trocha, ellos acuden a Tacna con menor regularidad.
4Existen planes (nunca hechos realidad) de construir la ansiada carretera Tacna-La Paz.

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