ESCULTURA. Judith Ayala
Judith Ayala (Facultad de Arte de la Pontificia Universidad Católica del Perú) optó desde el principio de su carrera por trabajar con grandes formatos: esculturas monumentales destinadas a espacios abiertos, públicos y que están cargadas con un fuerte sentido religioso y cósmico. El material elegido fue el fierro ya que siente que es el más apropiado para dar expresión a los sentidos de la creación. "Mi opción es hacer escultura monumental para compartir percepciones y significados con los demás en el cruce de los caminos y tiene que ver con mi proyecto personal de vida en el arte: crear lecturas colectivas de lo que significa el permanente interés de todos nosotros por los sentidos del mundo en que vivimos", explica Ayala, escultora y profesora de la Facultad de Arte de la PUCP.
Ayala expone "El lenguaje del fierro" en las dos salas del Museo de Arte Contemporáneo de la Municipalidad de Cusco. En la Sala 1 muestra una serie de esculturas cuyo sentido se construye en torno a los valores simbólicos de la vida: el crecimiento, la unidad, orden cósmico de la existencia, la expansión de la energía. "Apelé a la distribución armoniosa de las partes. Anhelé con ello captar la unidad esencial de las cosas, por la integración de los elementos. Como David Hume, creo que la belleza es orden y disposición de las partes capaces de producir placer y satisfacción al alma", explica la artista.
En la Sala 2 expone la instalación "La creación del mundo", una remembranza de las diferentes leyes de la creación del mundo en torno a una escultura de grandes dimensiones: "El hombre sol".
"Desearía que mi obra, ubicada en espacios de gran confluencia de gente, sea un acontecimiento que incorpore a los participantes en la experiencia de los placeres del mundo y de sus verdades", añade Ayala, para quien el simbolismo del centro y el simbolismo de la dualidad son esenciales, pues para ella no solo intervienen conceptualmente en la representación de los sentidos de génesis, sino que relacionan planos, contenidos y formas en una suerte de repetición de la cosmogonía.
La curaduría de la muestra estuvo a cargo de Mihaela Radulescu y el diseño fue de Edward Venero.