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ENTRE LA RISA Y EL GRITO CRISPADO

El desfile de los monstruos

Por Carlos López Degregori

El humor surge de la descolocación y consiste en la victoria transitoria del absurdo que rompe la previsibilidad de nuestra existencia y el mundo. El horror es su contraparte, pero en él la usurpación de la realidad tiene un signo distinto; la descolocación se entrega a la amenaza, a los dominios de un mundo incontrolable y amenazador lleno de espectros, almas castigadas, ruinas, pasadizos lúgubres y mazmorras. Ambos desactivan lo convencional y provocan una descarga emotiva que exteriorizamos con placer: la risa o el grito crispado.

Creo que estas coordenadas son necesarias para adentrarnos en el último libro de ese prolífico narrador que es Jorge Eslava, un autor que se ha adueñado en nuestra literatura de ese territorio que imprecisa e injustamente denominamos literatura infantil y juvenil. En efecto, Cuentos horribles + siete escenas siniestras nos contempla con ese doble rostro; es la laboriosa deconstrucción del horror que se vuelve humor, y el elemento que produce la metamorfosis es la fuerza de la imaginación risueña en el lenguaje, en las situaciones y en el diseño de los personajes. Todo el libro se desarrolla a partir de este mecanismo y su misma estructura lo corrobora.

La primera sección, "Un testamento del autor", reclama un espíritu anárquico y libre tanto en el lector como en el narrador, y que es indispensable para acceder a las coordenadas que fijan los cuatro relatos centrales. En ellos vemos desfilar a un científico loco que roba, colecciona y tortura momias; al Signore Diávolo que vive obsesionado con la preparación de la más infame sopa para martirizar a los niños; a la señora que se convierte en cuervo y, finalmente, al viejo, que urde las más terribles bromas. Pero estos cuatro relatos, al margen de su peripecia argumental, contraponen dos universos antagónicos: el del orden riguroso y asfixiante con el de la libertad; ambos batallan y siempre vence el resplandor anárquico y travieso. Es la venganza triunfal de las momias, por ejemplo, o la de los niños que trastocan la horrenda pócima en una sopa amable. Así sucede en los dos mejores relatos del volumen y su desenlace nos recuerda a todos la necesidad que tenemos de restituir la inocencia en el mundo adulto y tenebroso que hemos construido.

Hay un aspecto adicional que enriquece la propuesta; es el hallazgo de un lenguaje espontáneo y alejado de la solemnidad o de cualquier moralismo; a él se añade la seguridad para crear situaciones y subvertir los motivos habituales de los cuentos de horror, como lo demuestran las "siete escenas". Cuentos horribles representa el logro mayor de una identidad escritural que a través de muchos años y libros ha ido construyendo Eslava. Su lectura destruye, adicionalmente, un lugar común que enfrenta la literatura adulta con la infantil y juvenil y todos, como en Las mil y una noches o en Las aventuras de Alicia, podemos disfrutar de sus hallazgos. Eliot, por ejemplo, refiriéndose a la estructura del lenguaje poético explicaba que el verso libre no es mejor que el verso medido, ni a la inversa, pues solo hay buenos o malos versos. Lo mismo cabe decir de los libros dirigidos a un público adulto o a otro juvenil. No es cierto que unos sean más exigentes y de mayor valor que los otros. Simplemente hay buenas y malas propuestas independientemente de la edad cronológica de los hipotéticos lectores. Jorge Eslava hace tiempo que ha demostrado ser uno de los más versátiles y creativos narradores peruanos actuales, y este hermoso volumen lo ratifica.

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