El Comercio informó a inicios del pasado mes de febrero que comuneros bolivianos habían creado tres islotes flotantes muy parecidos a las islas de totora fabricadas y habitadas por pobladores uros en la bahía interna de Puno, lo cual podría atentar seriamente contra el turismo de esa zona del Altiplano peruano. Pues bien, hasta el día de hoy, ninguna autoridad ha tomado alguna acción para proteger a los uros de lo que podría convertirse en una perjudicial disminución de turistas hacia el lado peruano del lago Titicaca.
El antropólogo y periodista de nacionalidad boliviana Manuel Rojas Boyan, quien ha dedicado parte de su vida al estudio de la cultura de los uros, pidió respeto a las tradiciones de esa población asentada en la bahía de Puno desde tiempos inmemoriales.
Según Rojas, es inadmisible que se hagan clones de una cultura ancestral con fines netamente comerciales, como lo estaría pretendiendo una empresa boliviana vinculada al turismo.
Rojas consideró, además, que los gobiernos de ambos países deberían tomar cartas en el asunto para defender el patrimonio de los puneños.
"Las islas flotantes de los uros pertenecen a la cultura de un pueblo milenario, tal vez el más antiguo de los Andes, gente de aguas y lagos. Crear réplicas de esas islas es como pisotear esa cultura solo por el hecho de ganar algo de dinero", dijo.
Como señaló El Comercio en aquella oportunidad, las nuevas islas flotantes fueron inauguradas recientemente en la comunidad boliviana de Sahuiña, a escasos 10 minutos de la ciudad de Copacabana. Autoridades de ese país piensan integrarlas a un circuito que busca promover turísticamente esa provincia. Para ello invertirán aproximadamente cuatro millones de dólares.