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DOS EXPOSICIONES ACTUALES

De la página a la pared

La escena artística empieza a desperezarse al final del verano y estos días se exhiben varias muestras muy distintas y de interés. Aquí un repaso por la colectiva Lado B, que es una especie de sketch book transformado en mural, en 80 M2, y la nueva serie de pinturas de Denise Mulanovich, realizada a partir de la poesía de José Watanabe, en Forum.

Por Diego Otero

Desde hace unos años, aunque tímidamente al principio, el universo gráfico, la ilustración, el apunte (que utiliza el dibujo más como una herramienta de registro inmediato que de representación), han empezado a filtrarse por los muros porosos de nuestro arte contemporáneo, enriqueciendo así su vocabulario. La exposición Lado B, que ocupa el segundo piso de 80M2, no solo parte de esa premisa sino que la convierte en motivo de celebración y en método.

Lado B tiene algo de documento de proceso creativo y de graffiti anónimo de baño de bar, de dibujo "automático" (esos que a veces se hacen mientras se habla por teléfono) y de conjunto de señas que se dejan en el yeso que cubre un hueso roto. Es un trabajo expansivo y caótico, cuyo núcleo es la improvisación; y en eso tiene más de sesión de jazz que de conjunto de temas usualmente no incluidos en un disco, que es la noción original del término.

El concepto es simple: utilizar las paredes de la galería como un sketch book, como una especie de diario colectivo en el que cabe toda técnica, así no sea ésta prestigiosa: el dibujo a lapicero, los plumones, el carbón, el collage o la fotocopia; y también toda estrategia discursiva, incluyendo evidentemente la palabra, que aparece y desaparece, y que es a veces puro elemento gráfico, puro despliegue formal, y a veces testimonio irónico, cita, reclamo, broma privada o declaración de principios.

En Lado B no hay fronteras ni límites de ningún tipo: es un continuo de obra producido (mayoritariamente) in situ, que intenta diluir tanto las nociones de "estilo personal" como de "autoría". Porque si bien el proyecto ha sido respaldado por las firmas de Eliana Otta, Diego Molina, Hemilio Vargas y Juan Diego Vergara, la intervención de cada artista se superpone a la de los demás, generando capas, imbricaciones, signos y referentes en mutación.

Pero más que no saber quién hizo qué, lo que el espectador no puede distinguir es dónde termina la "mano" de uno y dónde empieza la del otro. En ese sentido Lado B no es tanto (como bien pudo haber sido) un ejercicio de desactivación momentánea del yo público -tan pertinente, a veces, en el mundo de las artes- sino un juego de retroalimentaciones creativas, de intercambio de sensibilidades, de "trueque" de ideas y puntos de vista.

Lado B acierta parcialmente: es un testimonio vital, audaz, nervioso, de una generación que aprende a mirar dónde sangra y dónde se ilumina, que aprende a ser crítica y a conjurar el exceso de información; pero también es un sketch book que el espectador no puede 'leer' a cabalidad: algo se pierde en el cambio de escala, algo no se disfruta en la dispersión, algo se nos ofrece que no podemos aprehender. ¿O será que esa zona oscura, esa grieta, define también a este momento?

COSAS DEL CUEPOR (Y EL ARTE)
La nueva serie de pinturas de Denise Mulanovich es, más que un homenaje al poeta José Watanabe (este mes se cumple un año de su muerte), una larga conversación con su obra. Si bien la exposición ha sido bautizada simplemente como Pintura, la primera serie del conjunto lleva por título "Cosas del cuerpo", y los cuadros han sido nombrados a partir de algunos versos de ese libro de Watanabe, especialmente del poema "El lenguado".

La obra de Watanabe, que es una acerada, emocionante y precisa reflexión sobre la condición humana a través de un conjunto de estrategias discursivas que encuentran en la parábola sobre la naturaleza su mejor y más usual formato, llega a Mulanovich no para ser ilustrada sino para ser discutida, celebrada o incluso distorsionada. A Mulanovich le interesan las cosas que Watanabe dice, desde luego, pero como punto de partida para tratar otros asuntos.

Mulanovich parte de la imposición visual de la figura humana (o antropomorfa) sobre la naturaleza. El cuerpo representado, que luce irónicas reminiscencias de cierta fascinación moderna por el llamado primitivismo, se expande hasta los límites de la tela y se adueña del cuadro. La naturaleza está en función del cuerpo, opera para el cuerpo. Y éste despliega sus abismos culturales, sexuales y raciales en una paleta para la cual ornamentación es también sentido.

Trastocados así ciertos lastres y convenciones de la "pintura", Mulanovich nos ofrece la segunda y mejor serie del conjunto, titulada "Laberintos". Aquí los personajes ya no están solos, en ese extraño diálogo con la naturaleza que parece querer absorberlos y expelerlos a la vez. En "Laberintos" todo es movimiento colectivo, danza ritual, viaje simbólico. Y en ese "Mantra" final el cuerpo es ya, como hubiera podido querer Watanabe, todos los cuerpos. 

Una sonrisa a mitad del camino
Bajo ese título, la galería Pancho Fierro viene presentando una exposición imprescindible no solo para entender ciertos ejes centrales de la compleja y singular relación entre Frida Kahlo y Diego Rivera, nombres cruciales en el arte y la cultura mexicanos del siglo XX, sino también para entrever aspectos de una época intensa y convulsa, que empezaba a preparar el terreno vertiginoso de la velocidad que define a la actualidad. Una sonrisa a mitad del camino es una nutrida selección de fotos de ambos artistas desde sus respectivos nacimientos hasta sus muertes: dos vidas que parten de momentos y lugares -físicos y simbólicos- muy distintos, y que de pronto se cruzan y combustionan.

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