Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
LOS PELIGROS DE LA HEGEMONÍA HOLLYWOODENSE

El monopolio de un cine

Por Joel Calero

Desde hace unos años, muchos turistas que antes venían tan solo a conocer Machu Picchu ahora deciden quedarse tres o cuatro días en ciudades como Lima para degustar la cocina peruana, esa mixtura de sabores donde lo criollo y lo andino se amalgaman con lo chino, lo africano y tantas otras vertientes culinarias. A su vez, cada vez más peruanos frecuentan restaurantes donde la causa a la limeña alterna con cuyes colorados o formas varias de mil y un tiraditos y juanes. La Cámara de Comercio de Lima estima que solo en el 2008 se abrirán unos 40 restaurantes gourmet en nuestra ciudad y que en dos años se abrirán 5.000 restaurantes de todo tipo en el Perú. Todo esto da cuenta de una floreciente cultura gastronómica que ocurre aquí, cerquita de nuestro paladar.

Pero imaginemos algo radicalmente distinto: mañana, al despertar, no se consiguen en nuestro país ninguna cebichería, picantería, chifa, pollería o pizzería, sino, tan solo, innumerables Mc Donalds, Burguer King y otros fast food similares. Esta hipotética situación sería terriblemente empobrecedora, pues se estaría reduciendo nuestra experiencia gustativa a un único modelo de comida. Este delirante escenario, impensable para la cultura gastronómica, ocurre sin embargo -y sin que nos horroricemos de ello- en el ámbito del cine: la industria hollywoodense monopoliza y satura nuestro panorama audiovisual. Pero, ¿se trata de un problema con varias implicancias culturales o es tan solo un hecho de mercado?

EL LENGUAJE Y LA REALIDAD (AUDIOVISUAL)
Es sabido que el lenguaje verbal no solo representa la realidad, sino que crea o modela una realidad. Otro tanto se puede decir del lenguaje audiovisual. Las películas no solo representan realidades o fantasías, sino que agregan realidades (fílmicas) a nuestra realidad; es decir, la complejizan.

Por eso, a mayor número de fuentes o tradiciones posibles, más rica será nuestra experiencia, fílmica y vital. Eso es lo que nos estamos perdiendo los espectadores peruanos sometidos al monopolio del cine hollywoodense, que es una retórica, una sensibilidad, una manera de representar, modelar y vivir la realidad.

Hace unos años, revisando cortometrajes estudiantiles, me sorprendió ver los imaginarios homogéneos y casi calcados con los que alumnos aparentemente tan distintos representaban sus redes sociales: los sujetos eran o loosers (de gruesos lentes y peinados con gel o gomina) o winners; y el amor era un ritual en el que los ositos de peluche y globos con el consabido I kiss you eran su única forma de la ternura. ¿De dónde procede ese imaginario, esa uniformizante manera de representar(se)? De las comedias hollywoodenses, desde luego. El cine, como se ve, modela y forma sensibilidades. Es obvio que no estamos cuestionando esta sensibilidad y su estética, legítimas y válidas, como cualquier otra, sino el hecho de que sea la única disponible. Eso es lo empobrecedor.

LA CULTURA Y LA TRADICIÓN CINEMATOGRÁFICA
Vargas Llosa se preguntaba hace unos años si todavía existían imbéciles en el mundo que pensaran que el arte podía cambiar la vida e, inmediatamente, respondía que sí, que él era uno de ellos. A su vez, Borges decía que muchos personajes de la literatura son bastante más entrañables y complejos que la mayoría de personas que conocía y que, por eso, disfrutaba y aprendía más de ellos. El cine, como la literatura, tiene esa misma capacidad de "enriquecer" la vida. Eso, que es acaso lo más valioso del arte, no ocurre (en general) con el cine hollywoodense, cuya única finalidad es asegurar ganancias exorbitantes para la compañía productora, apelando a todos los manierismos, efectismos y tics que funcionan con el gran público. No hay en este cine industrial ningún interés por crear filmes originales o singulares u obras que puedan movilizar, estremecer o desafiar al espectador. Se conforman con "entretener". O, más, exactamente "entretener a la hollywoodense", es decir, con un conjunto de clichés repetidos ad nauseam (mostrencos que se avalanchan contra la pantalla, autos que se estrellan estrepitosamente, etc.). ¿Se imagina el lector en qué se habría convertido la literatura latinoamericana si Borges u Onetti o Cortázar hubieran querido tan solo "entretener" o asegurarse el top ten de las ventas? Todo ello nos permite concluir que la globalización para el cine solo ha traído uniformidad y pobreza, si lo pensamos desde un país como el Perú, donde sus habitantes espectadores no pueden conocer el cine más interesante que se está haciendo en el mundo.

OSCARES Y OTRAS COMPLICIDADES
Las innumerables notas que salen en casi todos los periódicos peruanos sobre el último tatuaje o niño adoptado de Angelina Jolie o la celulitis de Breatney Spears son, tal vez, productos de la pereza o la inercia de un redactor de la sección de espectáculos, ese acto frívolo o perezoso aceita el mecanismo del que se nutre la hollywooditis. Un lector al que el nombre de Angelina Jolie se le ha quedado grabado irá a ver, casi como acto reflejo, una película en la que aparezca la actriz y no una en la que actúen, digamos, una Isabelle Hupert o Marisa Paredes, actrices fantásticas a quienes no conoce porque nunca, o casi nunca, aparecen en su periódico habitual. Por eso, no cabe duda de que una de las mayores responsabilidades de este monopolio informativo recae en la prensa escrita y televisiva.

Tal vez no sea iluso pensar que si esos pocos filmes interesantes que se exhiben en nuestra ciudad recibieran mayor cobertura mediática un mayor número de espectadores iría a verlos. En consecuencia, tendrían una mayor recaudación y ese sería un estímulo para que los distribuidores se animen a seguir trayendo filmes europeos, asiáticos y latinoamericanos de calidad. En cualquier caso, no podemos sucumbir con los brazos caídos a este panorama de devastación cultural. Las soluciones deben plantearse, para ser reales y efectivas, desde el terreno económico. El reto es, pues, ayudar a que el negocio de exhibir un cine distinto sea rentable. En eso tenemos que estar unidos espectadores, cineastas, críticos y periodistas. Es nuestro deber y (acaso) nuestra salvación.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook