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PEDRO SALINAS Y LA ÉTICA DE UNA PROFESIÓN DIFÍCIL

Rajes y desembalses del periodismo

Pedro Salinas es un periodista lo más parecido a un luchador de artes marciales: se mueve mucho (ha pasado por varios diarios, canales de TV y radios), es ágil verbalmente, elegante, pero asesta golpes a veces demoledores. Cediendo a la curiosidad pública que hay por algunos de nuestros mayores periodistas, acaba de publicar el segundo volumen de Rajes del oficio (Editorial Planeta). Esta vez El Dominical lo sometió a un interrogatorio bastante parecido al que él utilizó con sus colegas entrevistados. El tema: la ética y los avatares de la profesión del periodista.

Por Enrique Sánchez Hernani

¿Cuáles son los políticos más picones con lo que te has topado como periodista?
-Un montón (risas).

Haz un ranking entonces.
-En mi caso, el más sonado fue Jorge Mufarech. A ver, por partidos: Lourdes Flores no es picona pero sí tiene cierta hipersensibilidad sobre lo que se diga de ella y su partido, pero a la par tiene bastante correa. En el PPC sí hay bastante picón: Xavier Barrón, Bedoya de Vivanco, Antero Flores-Araoz que ya no está allí pero que tiene todo el perfil de picón.

¿Qué otros más existen?
-En la izquierda hay otros piconcitos: Ollanta Humala, que lidera el rating, y su hermano Antauro, que tiene un poquito más de correa. En el APRA son más caraduras, tienen pellejo de hipopótamo, les rebotan las cosas. Aunque hay algunos que se toman las cosas bien a pecho.

¿Te han plantado alguna vez una entrevista y se han parado y se han ido?
-Sí, pero uno vuelve a la carga. Hay algunos entrevistados que por inflexibles te pueden convertir la entrevista en algo sumamente aburrido. Esa es una buena estrategia para evitar que sigas hincando en el tema. Me refiero concretamente a Alex Kouri.

¿Y cuáles son los más adulones que te ha tocado conocer?
-Gustavo Pacheco a su estilo, pero eso lo hace divertido. Alejandro Toledo, antes de ser Presidente, era adulón.

¿Qué lisonjas te han llegado a dar?
-Para adulón, Antero Flores-Araoz. Se acordaba de tu santo y conocía todos los tips de las relaciones públicas para congraciarse y caer simpático a los periodistas. Hasta contaba chistes. Cuando sus estratagemas no funcionan, se pican.

¿Qué es lo más urticante que te ha tocado decir como periodista?
-Las columnas que han desatado algunos escandaletes, como las dedicadas a Jorge Mufarech, y una crónica que yo consideré de viaje, pero que en la práctica suscitó una reacción en cadena de todo un pueblo. Me refiero a Juliaca. Querían demandarme por 50 millones de dólares y me declararon formalmente persona no grata. No puedo pisar Juliaca hasta hoy.

¿Te ha tocado pelearte con un amigo por cosas que hayas escrito o dicho?
-Nunca he tenido problemas con gente amiga. Discusiones sí he tenido. Con los amigos no pasa que si te veo no te hablo.

¿Has tenido que autocensurarte alguna vez?
-En mi época de columnista en Expreso sabía que a veces tocaba temas que no iban a leerse bien en algunas esferas del diario. De hecho varias de estas columnas terminaron con mi salida.

¿Por estar vinculadas a qué temas?
-Críticas a Fujimori, cuando estaba Jorge Morelli como editor de Economía en Expreso. Cuando Jaime de Althaus viajaba, él se quedaba a cargo de la página editorial. Morelli provocó mi salida del periódico. Me canceló una columna.

¿Ahora te autocensurarías por alguna razón?
-No, porque uno se siente demasiado mal consigo mismo cuando llega a hacerlo. Sí, he escrito algunas columnas de las que me he arrepentido y después no las he mandado, pero más que con temas políticos tuvieron que ver con temas personales, que podrían traerme consecuencias con una persona cercana.

¿Es lícito que algunas veces el periodista omita alguna información picante?
-No todos los casos son iguales, tendría que tener el ejemplo completo. En algunos casos sí se puede justificar el hecho de levantar algún tipo de información dentro de un reportaje, si es que este no ha sido validado o si la fuente no es cien por ciento de fiar.

¿Si tuvieses un secreto de Estado, lo revelarías?
-No creo en las razones de estado para silenciar una información. Si esas razones existiesen, se usarían frecuentemente como un instrumento para censurar. Sería malísimo para la libertad de prensa.

¿Qué es lo peor que puede hacer un periodista para obtener información?
-Acostarse con la fuente (risas). Aunque no conozco ningún caso así. Todavía.

Ahora parece haber una interpretación permisiva de lo que es periodismo. Por ejemplo, ¿es periodista Magaly Medina?
-Yo no la considero periodista. Para comenzar, no la veo. Por lo que sé del trabajo que hace, lo suyo es un programa de entretenimiento, farandulero, que pertenece al canon de la prensa basura que yo no consumo. Para mí ella y Laura Bozzo están en el mismo costal.

¿Cuándo el periodismo pierde todo crédito y brújula?
-Cuando se vende o se alquila, cuando miente deliberadamente, cuando no es riguroso, cuando hace una investigación y no cruza las fuentes.

¿Eso pasa mucho en el Perú?
-Lo que ocurre en el Perú y América Latina es que hay mucha ligereza en el tratamiento de la información. Es normal la existencia de secciones sin confirmar, chiquitas, pataditas y otras tonteriítas más. Es el chisme que se publica en bruto. En el periodismo anglosajón eso no existe. Detrás de eso se ocultan vendettas, revanchismos, oportunidades para lanzarle la piedra al colega generalmente.

¿Con qué periodistas peruanos célebres te hubiese gustado trabajar?
--De repente con Enrique Zileri, pero ya estoy tarde (risas). Para mí Zileri es una leyenda viva, es el John Wayne de los semanarios políticos. Me parece una fuerza salvaje del periodismo, con instinto, con olfato, con humor. Tengo referencias que en la redacción es gritón y complicado; pero, bueno, nadie es perfecto.

¿Y con qué periodistas no trabajarías nunca?
-Con Eduardo Calmell del Solar, que no es periodista pero siempre ha estado vinculado a medios y me ha tocado gozarlo. Es más, la segunda vez que me fui de Expreso fue con una mandada a rodar mía a Calmell. Es algo despreciable, que va contra la esencia del periodismo. En tu libro le preguntas a los entrevistados sobre las argollas de periodistas.

¿Tú crees en ellas?
-Sí, claro. A ver si te animas a dar nombres. -Las argollas en el periodismo van cambiando. Por ejemplo, hace varios años existía el grupito de los jóvenes liberales. Ese grupo hoy no existe y, al contrario, se quieren matar entre ellos (risas). Había también los periodistas que hoy pasan los 50 años y que entonces recibían críticas de los viejos de la tribu. Pero se ha ido mitigando.

¿"La Cofradía" califica para ser una argolla?
-Presumo que sí. Nunca he ido a uno de sus almuerzos, pero sé, por algunos de los que van allí, que eso puede ser una argolla.

¿A qué periodistas que no son amigos tuyos respetas?
-Mirko Lauer, Nicolás Lynch. Nicolás es un columnista serio, consecuente, luchador; yo le he visto en la época de Fujimori. Y a raíz de la entrevista que le hice en mi libro anterior, descubrí a un Lauer auténtico, consecuente y sensato en las cosas que dice, coherente desde su perspectiva de la realidad. Aunque discrepo de muchas cosas que dicen ellos.

Si tuvieses la oportunidad de ser director de un nuevo diario, ¿a qué periodistas llamarías?
-Llamaría a todos mis amigos periodistas (risas). Es que yo creo que la química es importante. Ahora, entre mis amigos periodistas, varios no se llevan bien entre sí. Eso es una ventaja, porque le daría un cariz bastante plural al periódico.

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