Por Jaime Cordero
Aunque uno nació en Jamaica y el otro en Nigeria, sus destinos estaban conectados. Medían los mismos 2,13 metros, ambos fueron estrellas en el básquet universitario y ambos estaban predestinados a vivir bajo la sombra de Michael Jordan, que en su breve primer retiro de casi dos años solo dejó tiempo para que uno saliera campeón.
Patrick Ewing nació primero, en Kingston, en 1963, pero Hakeem Olajuwon llegó un año antes a la NBA, en 1984. Ambos venían de ser campeones universitarios y fueron las primeras selecciones en sus 'drafts' respectivos. Fueron a conferencias diferentes, Ewing a los New York Knicks y Olajuwon a los Houston Rockets. Desde esta semana, están los dos en el Salón de la Fama. Un colofón paralelo para dos carreras ídem. Es difícil imaginarlos por separado porque su rivalidad marcó época. Ambos eran implacables defensores y constantes encestadores. Olajuwon era más sutil bajo el tablero y perfeccionó una serie de movimientos anotadores. Ewing abusaba más de su físico, pero era capaz de lanzar de media distancia con precisión. En la cuenta general, Hakeem gana por dos anillos contra ninguno.
Con Jordan en el medio ya eran grandes, pero debieron esperar a que el '23' de los Bulls se retirase a probar suerte en el béisbol para tener una chance de título. Se encontraron en las finales de 1994 en una final épica que se definió en el séptimo partido a favor de los Rockets. Al año siguiente, Olajuwon repitió el plato aplastando al Orlando Magic, donde destacaba un pívot emergente llamado Shaquille O'Neal, con lo que confirmó su chapa de mejor jugador de la posición. Incluso lo que discuten eso no niegan que se trata de uno de los más completos. Ewing siguió remando por un título y, cuando su decadencia ya era evidente, logró llevar a su equipo a las finales de 1997, pero no pudo jugarlas debido a una lesión. Sin él, su equipo fue fácilmente derrotado por los San Antonio Spurs. Allí se fue su última chance de ser campeón. De consuelo le quedaron las dos medallas olímpicas de 1984 y 1992 y el estatus de ídolo máximo en el Madison Square Garden de Nueva York, sede de la mayor afición basquetbolera del mundo. Terminó su carrera en el Orlando Magic, equipo del que ahora es técnico asistente, en el 2002. El mismo año que terminó la suya Olajuwon con los Toronto Raptors. Ahora los dos tienen lugares preferenciales entre los grandes del baloncesto. Seguro que allí también los ubican juntos.