Hablar de éxito en la educación pública parecía una utopía para todos, menos para el padre jesuita Juan Enrique Cuquerella, director de Fe y Alegría: la red de 72 colegios en las zonas marginales del país, que si bien pertenecen al Estado y este paga el sueldo de sus 3.500 profesores, son creados, conducidos y administrados por el equipo que él dirige.
Gracias a su gerencia, 82 mil alumnos de bajo nivel económico reciben una formación general, laboral y en valores. Hoy está por inaugurar un colegio en Pisco, que le dará educación a 1.200 niños afectados por el terremoto.
Cuquerella revela en Contracorriente el quid de su éxito: tener una mística de cambio social, capacitar a los maestros en técnicas de enseñanza además de conocimientos, tener una gerencia responsable y abrirse a la inversión privada: "La educación pública debe ser abierta a la solidaridad civil y a la responsabilidad social de las empresas".
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El educador con éxito