ENTREVISTA GIOVANNA POLLAROLO UNA DE NUESTRAS MÁS RECONOCIDAS POETAS PUBLICA SU PRIMERA NOVELA: "DOS VECES POR SEMANA". UNA HISTORIA SOBRE EL APRENDIZAJE DEL AMOR Y DE LA SOLEDAD, DESARROLLADA EN EL CONSULTORIO DEL PSICOANALISTA
Por Enrique Planas
Hace dos años, Giovanna Pollarolo se fue a Canadá a llevar un doctorado en la Universidad de Ottawa. Nunca antes había vivido fuera del país, y sus eventuales salidas solo necesitaron la visa de turista. "Pero antes de morirme tenía que vivir la experiencia de instalarme en otro país", dice sonriendo la autora de "La ceremonia del adiós", que confiesa sentirse muy cómoda en Ottawa, la capital de ese enorme país norteño. Una ciudad muy serena y tranquila, con todas las ventajas de una ciudad grande, y ninguna de las desventajas. Una capital multilingüe, cosmopolita, abierta a todos los grupos migrantes. Ideal para escribir una novela que, curiosamente, también parece serena y tranquila, pero que lleva la procesión por dentro.
Pollarolo pasó una breve temporada en Lima para presentar "Dos veces por semana", una novela de aprendizaje en la que una mujer se somete a una terapia psicoanalítica para descubrirse a ella misma y encontrar la razón de sus fantasmas. Como anuncia su título, dos veces por semana ella se confrontará con su psicoanalista, y los resultados podrán ser dramáticos, conmovedores, dolorosos e incluso divertidos.
Has logrado escribir una brillante novela con uno de los temas menos literarios que existen: el psicoanálisis. Una historia en la que pareciera que no existe la acción, con ambos personajes encerrados en un cuarto asfixiante. ¿Fue un reto narrativo?
Sí. Yo también creo que el tema es poco literario y también cliché. Se ha hablado y escrito mucho del psicoanálisis en los años 80, y se desprestigió mucho el tema. Pero para mí, al contrario, no fue un obstáculo sino una solución estructural juntar a dos personas en un consultorio. Creo que de quien aprendí este esquema es de Manuel Puig, en "El beso de la mujer araña" o en "Cae la noche tropical", cuando encierra a sus personajes en una celda o en el departamento en Río, respectivamente. Eso me permitió narrativamente entrar y salir de la historia, ir al pasado, a la calle, recorrer la vida de la protagonista y cuando había que volver al orden, retomaba la conversación en el consultorio.
"Dos veces por semana" es una novela de enorme coherencia con el resto de tu obra. ¿Esa coherencia es planeada? ¿No te gustaría romper con los temas que caracterizan tu obra?
He pensado en eso. Hay que diferenciar y darse cuenta en qué momento el mundo que trabajas cambia de la exploración a la repetición. No sé qué va a venir en el futuro. De pronto, pienso que todavía no he terminado de explorar en estos temas, pero debo tener cuidado de no repetirme. Creo que este libro no es "La ceremonia del adiós" ni "Entre mujeres solas", pero tiene de ambos, no sé si una síntesis o un acercamiento más libre o complejo al tema. La novela te permite explorar más, ampliar más. Un poema es más concentrado. Pensaba en un escritor como Raymond Carver. Todos los poemas y cuentos que escribió, de una u otra manera, hablan de lo mismo. Pero él tuvo el talento de construir siempre nuevos personajes y situaciones para escribir sobre las complicaciones en las relaciones con los otros.
¿Qué es lo que dices en una novela que no se puede explicar en un poema?
Creo que tiene que ver con la ampliación, con el desarrollo. La novela te permite indagar, ser más minucioso. El poema va más a la alegoría, a expresar mucho con pocas palabras. Buscas la concentración. La narrativa te da mucho más espacio. Yo me he sentido realmente cómoda escribiendo esta novela y jugando mucho con las sesiones de terapia...
Pero también hay muchas alegorías, personajes e imágenes simbólicos en esta novela.
En verdad sí. Estoy hablando de hechos que el lector puede entender como reales y cotidianos, pero que también tienen una carga simbólica, alegórica. Creo que terminé hablando, una vez más, del aprendizaje. Son símbolos que aparecen por algo. De alguna manera te has ido entrenando en eso. Así es como funciona la verdadera intuición; no viene de la nada.
Cuando le preguntaron si alguna vez había llevado una terapia, Ernest Hemingway dijo: "Mi psicoanalista es mi máquina de escribir". Tú has realizado ambos procesos...
Sí, aunque creo que en este libro no reproduzco sesiones que ocurrieron en la realidad. Si fuera así, ¡me desaprobarían en cualquier curso de psicoanálisis! Las sesiones que narro no tienen esa lógica necesariamente. Este no es un manual para estudiantes, de ninguna manera. Pero sí creo que el diálogo entre Ella (la terapeuta) y Yo (la protagonista) es un diálogo interior. Puedo haber tomado cosas de afuera, pero al escribir se ha ido desarrollando este proceso psicoanalítico, casi un autoanálisis, recurriendo a conocimientos y experiencias no necesariamente mías, por necesidades narrativas.
Los que hemos pasado por terapias nos sentimos identificados con una novela como esta. Cómo describes lo injusto de tener que pagar las citas a las que no asistimos, por ejemplo. Se siente que has dejado muchísimo de ti misma para escribir este libro.
A mí me fascina el tema de la asociación libre y del hablar. Finalmente se trata de hablar, escribir, expresarte. La posibilidad de curación viene de la capacidad de hablar, y de allí supongo que viene la idea de que la escritura permite la curación. De alguna manera, recrear historias equivale a lo que hace el paciente en el diván.
¿Qué piensas de aquellos que dicen que el psicoanálisis es una estafa, una seudociencia?
No pienso eso. Creo que siempre va a ser mejor que una persona se autoanalice a que viva ajena, sin contactarse consigo misma. No es garantía de felicidad ni mucho menos, pero siquiera te permite conocerte. Y este conocimiento da lugar a que las relaciones con los otros sean mejores. Pienso que si las personas en una sociedad hicieran un mínimo esfuerzo por conocerse a sí mismas, por indagar en sí mismas, dejarían de vivir la vida sin darse cuenta, sin entender por qué tienen ganas de llorar, o por qué le pegan a su mujer, o por qué se emborrachan todos los fines de semana. Creo que el psicoanálisis es un camino, entre otros.
Es interesante cómo tu protagonista construye sus recuerdos a partir de comentarios sobre películas...
Las películas funcionan también como textos narrativos; ayudan en el proceso comunicativo. Siempre he pensado que las historias nos salvan.
Me quedaría muy corto si le dijera al lector que "Dos veces por semana" es el diálogo entre una paciente y su psicoanalista. Si bien ese es el esqueleto de la novela, lo más interesante es que está llena de subtextos y metalenguajes, de historias dentro de otras...
Fue un largo proceso de escritura, me he demorado bastante. Y no sabía cómo terminar. Sabía que había un proceso que no podía ser lineal; eso hubiera sido demasiado obvio. Había que jugar con la forma como un tema te lleva a otro. Pero sí había puntos claves: el aprendizaje de la lectura, el aprendizaje del amor y el aprendizaje de la soledad. Creo que esos son los tres momentos del libro. Y allí empezaba a meter las historias. A veces salían de manera muy libre, y en otros casos las iba escribiendo en función de lo que creía que faltaba, como si rellenara huecos. Fue un proceso muy largo. Creo que el lector en esta novela siente que a veces está del lado de Ella y después del lado de Yo. La identificación ambigua del lector con ambos personajes no me parece un defecto.
Para alguien que ha hecho varios guiones de cine y que está obligada a contar historias a través de acciones e imágenes, ¿cómo tomas el trabajo de hacer una novela de personajes, con acciones mínimas? ¿En qué tipo de historias te sientes más cómoda?
En la de personajes, sin duda. Y me gustaría escribir un guion de cine que no tuviera que seguir de una manera tan rigurosa esas normas de acción con peripecias y giros. Quisiera experimentar con eso. Ahora se está haciendo un cine más carveriano, más minimalista. Me gusta ese cine. Creo que el reto es que el espectador no se aburra. Poder demostrar que no solo con peripecias, tramas muy rígidas o acciones fuertes el espectador va a estar atento. El mundo de un personaje, sus recorridos por caminos cotidianos también pueden interesar al lector y al espectador.
¿Cuánto te molesta que siempre asocien tu vida privada con lo que escribes?
Como que me he acostumbrado (ríe). Creo que todos los escritores trabajan con sus mundos, y algunos los disfrazan más que otros. Alguien dijo alguna vez que hay más autobiografía en los textos más fantásticos y ajenos al escritor que aquellos que parecen más cercanos a las experiencias personales. Creo que lo mejor cuando uno lee es entregarse al mundo de la lectura sin tratar de rastrear en la vida privada. ¡Pero si el lector está interesado en eso, qué se va a hacer! No creo que las vidas privadas sean tan interesantes a menos que seas Madonna o Michael Jackson. Pero las vidas de personas como yo se parecen tanto unas a otras.
PERFIL
NOMBRE: Giovanna Rosa Pollarolo Giglio (Tacna, 1952)
TRAYECTORIA: Poeta, ensayista, narradora y guionista peruana. Pollarolo es magíster en Literatura Hispanoamericana por la UNMSM y licenciada en Lingüística y Literatura por la PUCP.
GUIONES: "La boca del lobo" (1988), "Caídos del cielo" (1990), "No se lo digas a nadie" (1997), "Pantaleón y las visitadoras" (1999), "Tinta roja" (2000).
POESÍA: "Huerto de los olivos" (1987), "Entre mujeres solas" (1991), "La ceremonia del adiós" (1997),
CUENTO: "Atado de nervios" (1999).
DOS VECES POR SEMANA
Autor Giovanna Pollarolo
Editorial Alfaguara
Nacionalidad Peruana
Número páginas 340
4Yo, la protagonista y narradora de la historia, acude a Ella con la esperanza de encontrar una curación milagrosa. Pero una vez que se da cuenta de que el psicoanálisis no tiene nada que ver con la brujería, Yo empieza a hablar, e inicia así un viaje por lugares peligrosos de su subconsciencia. Más de una vez se preguntará, entre las cuatro paredes del consultorio, si las dolorosas revelaciones la conducirán a la anhelada felicidad.