Por: Francisco Miró Quesada Rada. Politólogo |
Probablemente Barack Obama, Condoleezza Rice, el reverendo Jackson y Colin Powell no serían figuras prominentes en la política estadounidense si no hubiera sido por la lucha de Martin Luther King contra el racismo y el reconocimiento de la extensión de los derechos civiles, para aquellos ciudadanos de Estados Unidos que, como él, sufrieron la discriminación racial.
Cuando mataron a King, en abril de 1968, yo estudiaba en la Universidad de Deusto, situada en Bilbao, España, que pertenece a los jesuitas. Una universidad avanzada para la época, que iba un poco más allá de los límites impuestos por la dictadura franquista. Tenía 20 años y el asesinato de este héroe de la resistencia contra la discriminación no solo me causó un profundo dolor, sino que me rebeló e indignó. Una reacción que debió suceder también con aquellas personas que se dan cuenta, desde temprana edad, de que el racismo es una de las estupideces más grandes de la historia de la humanidad y como toda estupidez que carece de fundamento racional, o sea científico, es peligrosa, puesto que se sustenta en prejuicios muchas veces enraizados en pueblos, naciones y culturas. Cuánta razón tenía Einstein cuando dijo que es más fácil separar un átomo que quitarnos un prejuicio de la cabeza. Un mes después del asesinato de King se produciría la revolución de los estudiantes franceses. En ese año el mundo estuvo convulsionado, asesinaron a Robert Kennedy.
Con el asesinato de King ha pasado lo mismo que con el de John Kennedy, un manto de misterio y de contradicciones se inventaron para impedir saber quiénes fueron los autores intelectuales. Se dijo que eran los racistas americanos, cuya raíz se encuentra en el antiguo esclavismo y la discriminación después ejercida contra los negros. También se afirmó que el discurso de Martin Luther King motivó la reacción violenta de grupos reaccionarios, que lo tildaron de comunista. Pero la verdad saldrá a flote en algún momento, a veces tarda, pero llega.
El racismo ha tenido diversas aplicaciones políticas en el mundo contemporáneo, por ejemplo el antisemitismo de los nazis que tiene una raíz más remota. El 'apartheid' en Sudáfrica, país donde se realizará el mundial de fútbol en el 2010. En esta nación surgieron luchadores antirracistas como Mandela, Desmond Tutu y el ex presidente Declerk.
Las causas del racismo son múltiples. La dominación de unos pueblos sobre otros, la xenofobia, frustraciones de diversa índole como la de los 'pobres blancos' del sur de Estados Unidos, los más encarnizados promotores del racismo, o según dicen los psicoanalistas que la agresividad racial es el producto de frustraciones sufridas desde la infancia, en consecuencia, debido a estas se acumula odio contra "una categoría de otros", de los diferentes, a los que se les considera inferiores, en consecuencia deben ser sometidos y excluidos.
Por todo lo que significa su lucha contra el racismo, el momento es oportuno para recordar a este pastor cristiano que nació el 15 de enero de 1929 en Atlanta, Georgia, que había estudiado Teología en la Universidad de Boston y encabezó la gran marcha desde Selma a Montgomery; Premio Nobel de la Paz, intérprete y portavoz de su etnia, que nos dio una gran lección de dignidad, ética y coraje moral. Su gesta reivindicó a los suyos y a toda la humanidad.