Por Richard Webb
Adam Smith tuvo la culpa. Fue el padre de la ciencia económica, pero se equivocó cuando sostuvo que el trabajo productivo consiste en crear bienes materiales y no servicios. En una de sus frases famosas dijo que el trabajo del rey, el clero, los ministros, militares, abogados, médicos, escritores, actores, payasos y cantantes de ópera es improductivo. Ninguno de ellos agrega nada a la riqueza nacional, como sí lo hacen los agricultores y los industriales, dijo. Y no obstante lo risible de esta idea para el economista actual, Smith creó una confusión que no desaparece del todo.
El alumno más influyente de Smith fue Karl Marx. Lamentablemente, la idea del trabajo improductivo fue precisamente una de las que acogió de su maestro. Para Marx lo improductivo no era la producción de servicios sino el trabajo que no crea utilidad para el capitalista, pero ni él ni sus seguidores se sacudieron del todo del concepto original, antiservicios, de Smith. Un marxista moderno, por ejemplo, señaló que el número de trabajadores improductivos en Gran Bretaña, como los vendedores y los banqueros, había crecido mucho más que los trabajadores en fábricas y pronosticó malos tiempos para los capitalistas. En los años 70 surgió una gran crítica al capitalismo en los países en desarrollo. Se dijo que había crecimiento pero que este no llegaba a los pobres porque no había suficientes puestos de trabajo en las fábricas y en otros sectores de avanzada tecnología. Así, se descubrió el fantasma del problema del empleo, que tuvo como propulsor a la Oficina Internacional de Trabajo (OIT), burocracia internacional que cobró mucho protagonismo a raíz de ese descubrimiento. La tesis de la OIT me hizo recordar una de las conferencias más interesantes de mis años de estudiante, del economista Kenneth Boulding. Luego de dibujar una larguísima raya horizontal en la pizarra, Boulding dijo: "Esta raya representa la era de la precivilización, cuando todos tenían que trabajar para que todos pudieran comer. Después --dibujando una cortísima subida al final de la raya-- vino la era de la civilización, cuando el 90% debía trabajar para que el 100% pudiera comer. Y hoy está empezando la postcivilización, donde el avance tecnológico hará posible que solo el 10% necesite trabajar para que todos puedan comer. El gran problema, dijo, es ¿a qué se dedicará el resto de la población que ya no necesita trabajar?". Este fantasma acaba de ser reeditado por el Banco Interamericano de Desarrollo en su informe titulado "¿Los de afuera?". La pobreza, dice el BID, se debe en parte a un aumento en el desempleo y especialmente, al número de malos empleos que, son mayormente los del sector informal donde las remuneraciones son bajas y no existe pensión ni seguro médico.
No comparto la preocupación por el empleo de Smith, Marx, Boulding, la OIT y el BID, como explicación de la pobreza actual, y menos aun como fantasma de un futuro de desempleo masivo. En Japón los que trabajan en el comercio y en los servicios suman 77% del empleo total, en EE.UU. 87%, y en Gran Bretaña y Suecia 81%. En Lima, desde el 2003 el salario de los que trabajan en servicios creció 22% y en el comercio 28%, mucho más que en las fábricas donde aumentó apenas 5%. La empresa informal tampoco condena al trabajador limeño. Si bien paga salarios reducidos, estos crecieron 18% desde 2003, mientras el de la gran empresa subió solo 4%. Vislumbro un futuro donde la tecnología desplaza al arduo trabajo agrícola e industrial y los trabajadores en servicios como comunicaciones, ventas, educación, salud, artes y entretenimiento estarán bien remunerados.