Con toda la esencia de los autos superdeportivos, el nuevo GT-R se suma a la larga lista de autos de última generación y altas prestaciones. Aquí un resumen de sus notables virtudes
Las entregas de Nissan, en lo que respecta a autos de performance deportiva, siempre han marcado la pauta. Desde finales de los años 80, con el 300 ZX, y finales de los 90, con el Skyline GT-R (R33 y R34), los caballajes han sido cada vez más generosos y las prestaciones han satisfecho a mecánicos y usuarios. Este año en el Salón de Ginebra se estrenó el Nissan GT-R, último aporte de la casa nipona al segmento deportivo.
Entre sus ventajas figuran el nuevo motor VR38DETT V6 biturbo de 3,8 litros que desarrolla 480 HP a 6.400 rpm, y 60 kgm de torque máximo entre 3.200 y 5.200 rpm. El propulsor, asistido por dos turbocompresores IHI, está unido a una caja de cambios secuencial GR6 de seis marchas con doble embrague y colocada sobre el eje posterior, para obtener un mejor balance y mayor control del auto, que alimenta de tracción a las cuatro ruedas. La carrocería trabajada en acero aligerado es aerodinámica y guarda relación en sus formas con el PGC 10 GT-R de 1969. Asimismo, la larga y fina apertura en la parrilla delantera es similar a la del R34 GT-R de 1999.
En términos de eficiencia, el VR38DETT cumple con los estándares americanos U-LEV y lo convierte en un vehículo de emisiones ultrabajas y consumo moderado.