Por Virginia Rosas
¿Qué pasa en la bella Italia que ha reelegido por tercera vez a Silvio Berlusconi, ese magnate impresentable con implantes capilares, tacos a lo Sarkozy y maquillaje exageradamente rosado, que pasó sus dos anteriores gobiernos modificando leyes en provecho propio para no ir a la cárcel, dejó el país completamente arruinado y se puede jactar de no pasar por los tribunales porque la mayoría de sus delitos ya prescribieron?
La mitad de los italianos ha votado por este hombre que hace dos años era considerado un cadáver político. Por desilusión hacia los políticos, dicen unos. Por culpa de Romano Prodi, el ex primer ministro socialista que decepcionó a los electores, dicen los otros.
Italia atraviesa infinitos problemas económicos, con una deuda externa superior al 100% de su producto bruto interno. Los italianos están desesperados por el alza del costo de vida a causa del alza de las tasas de interés y un euro demasiado fuerte.
En diez años de gobierno, Berlusconi no hizo las reformas fiscales y estructurales necesarias para flexibilizar la economía. En el plano industrial la bota languidece y el desempleo aumenta.
Pero toda esta debacle no basta para explicar la desesperación de los electores al elegir por tercera vez al 'cavaliere'.
El diario "El País" publicó poco antes de los comicios del domingo pasado --cuando ya se presagiaba que el triunfo sería de Berlusconi-- una entrevista al ex fotógrafo de Benetton y exitoso publicista Oliviero Toscani, quien anunciaba que por primera vez en 50 años no votaría en las elecciones y expresaba su desilusión por la crisis moral que atraviesa su país. Copio textualmente sus propósitos porque coincido con la descripción que Toscani hace de su propio país y que, en algunos aspectos se parece al nuestro.
"Italia es hoy lo contrario del Renacimiento. No hay energía ni valentía, el riesgo se desprecia. La creatividad ha muerto a manos de la seguridad, y lo único seguro es que vamos todos a la quiebra", dice.
"El producto de peor calidad de Italia es la política. Los peores profesionales del país son los políticos. Los incapaces, o trabajan de burócratas o se hacen políticos o se convierten en mánagers. Por eso Italia está así".
Desalentado, Toscani afirma que todo es de una oscuridad siniestra en Italia y que lo único que funciona lo hace gracias a una minoría de individuos, grandes profesionales, anárquicos pero disciplinados que van por la libre.
"¡Italia es un desaparecido! En 50 años no ha existido arquitectura, la precariedad de la inteligencia se ha hecho norma, las 'mammas' siguen siendo grandes castradoras, los profesores ganan menos que los obreros, nadie respeta la escuela y hay que defender a los profesores de los idiotas de los padres. No es posible refundar el país porque la decadencia no es económica, es moral y se emite todas las horas por televisión. Hemos sido vencidos por la vulgaridad. Moriremos elegantes, vestidos a la última moda, vulgares, vacíos e idiotizados por dentro".