La figura del director de orquesta, asentada tal como la conocemos desde la primera mitad del siglo XIX, tiene en el director austriaco de origen griego, Heribert Ritter von Karajan (05 de abril, 1908- 19 de julio, 1989), una de las personalidades musicales más notables del siglo XX.
Por Alfredo Rebaza
El joven Karajan se graduó del Liceo de Salzburgo con una tesis sobre "Termodinámica y Motores de Combustión Interna". Entre 1926 y 1929 estudió piano y dirección orquestal en la Escuela de Música de Viena. Su primera aparición pública como director de orquesta tuvo lugar en 1928 en un concierto de estudiantes de la clase del profesor Alexander Wunderer. Su debut profesional ocurrió un año después en el Festspielhaus de su ciudad natal. Posteriormente trabajó en diversos puestos en Ulm, Aachen y Berlín. En 1933 debutó en el Festival de Salzburgo.
En 1934 condujo por primera vez a la célebre Orquesta Filarmónica de Viena (fundada en 1842) y en 1938 a la Orquesta Filarmónica de Berlín (fundada en 1882). Con apenas 30 años, había dirigido a las dos mejores orquestas del mundo e iniciado sus relaciones con el sello discográfico Deutsche Grammophon.
AÑOS SOMBRÍOS
Junto a otros directores como Furtwängler, Blech, Böhm, Knappertsbusch, Krauss y Schillins, Karajan permaneció en Alemania durante el régimen Nazi. En un vídeo de la época se le puede ver dirigiendo a la Filarmónica de Berlín en los Campos Elíseos tras la ocupación de París. Su afiliación al partido Nazi en 1935 le trajo problemas una vez terminada la guerra. Karajan pasó los últimos meses del conflicto en Trieste, Italia, donde, separado de la actividad artística, debió esperar un tiempo para poder reiniciar su carrera. En 1946 se le permitió volver a dirigir y una vez más subió al podio frente a la Filarmónica de Viena. En 1938 se había casado con Elmy Holgerloef y posteriormente, en 1942, en pleno fulgor de la guerra, con Anita Gütermann, quien tenía un abuelo judío. El compromiso no fue del agrado de los nazis.
En 1954, tras la muerte de Wilhelm Furtwängler, director titular de la Filarmónica de Berlín, los músicos de la orquesta votaron por tener a Karajan como su sucesor en el podio. El aceptó, pero con la condición de que el puesto fuese vitalicio. Y así fue desde 1956. En 1958 se casó con Eliette Mouret. Después de la guerra se convirtió en la figura emblemática de las dos mejores orquestas del mundo. También colaboró con la prestigiosa Orquesta Filarmonía de Londres y el Teatro alla Scala de Milán. Con los años Karajan fue puliendo su técnica y descubriendo los secretos de la dirección orquestal. Poco a poco logró tener control absoluto sobre las producciones que realizaba: repertorio, ensayos, conciertos, grabaciones y lanzamientos discográficos. En la ópera se convirtió además en un efectivo director escénico. A partir de 1965 inició la filmación de conciertos y óperas contando con la colaboración del director francés Henri-Georges Clouzot y más tarde con la del renombrado Franco Zeffirelli. En 1967 fundó el Festival de Pascua en Salzburgo. A partir de los años 70 realizó exitosas giras mundiales con la Filarmónica de Berlín.
En 1980, cuando aún la tecnología digital no se hallaba al alcance del público, Karajan, siempre un paso adelante de su época, realizó su primera grabación digital. En 1982 fundó Telemondial con el fin de registrar sus nuevas interpretaciones usando la tecnología más avanzada de la época.
TESTIMONIO MUSICAL
Gracias a su enorme prestigio, Karajan dispuso en sus proyectos musicales de la presencia de los instrumentistas y cantantes más célebres de la posguerra. Muchos "puristas" han criticado su enfoque del repertorio barroco (terreno peligroso para cualquier músico serio). Sin embargo, sus versiones "modernas" del Concerto Grosso opus 6 No. 8 de Corelli (DG), del Canon de Pachelbel (DG) y de la Misa en Si menor de Bach (EMI), constituyen verdaderos prodigios musicales, sólo por mencionar algunas de sus exitosas incursiones en este periodo.
En el repertorio clásico, curiosamente no abordó mucho a Haydn, el padre de la sinfonía. En cambio con Mozart sus interpretaciones alcanzaron las cimas más altas de la perfección, como lo demuestran sus extraordinarias versiones de la Sinfonía No. 40 (EMI) y de la No. 41 "Júpiter" (DG), y en el campo de la ópera resultan magníficos el Don Giovanni (DG) y La Flauta Mágica (EMI). Su versión del Réquiem mozartiano es probablemente la más estremecedora de las interpretaciones de la célebre obra póstuma del genio de Salzburgo.
Entre los románticos, Beethoven es sin duda un compositor predilecto en su repertorio. Grabó varias veces el ciclo completo de sus nueve colosales sinfonías, siendo también memorables sus interpretaciones de los conciertos y música coral del genial compositor alemán. En la música sinfónica y concertística de Schubert, Mendelssohn y Brahms, Karajan halló un magistral equilibrio que las distingue por exhibir un planteamiento clásico pero con una sublime expresividad romántica. Junto a la joven y prodigiosa violinista Anne-Sophie Mutter, Karajan brindó las más álgidas versiones de los célebres conciertos para violín de Mendelssohn (DG) y Brahms (DG). Su idílico Tristán e Isolda (EMI) y su mística versión de El Anillo del Nibelungo (DG) de Wagner, muestran la extraordinaria capacidad de Karajan para expresar intensas frases poéticas, coloridas y sombrías alusiones pictóricas, y una profunda evocación simbólica.
LOS CRÍTICOS
Karajan se divertía retando a sus más acérrimos críticos a silbar o tararear sin desafinar el comienzo de alguna sinfonía o marcar con un lápiz unos cuantos compases sin perder el tempo. Estas tareas resultaban sin duda sumamente complicadas para ellos y someterse a ellas no habría hecho más que evidenciar la ridícula capacidad de quienes por un cruel capricho del destino viven condenados a no alejarse de un punto medio que los sitúa entre el arte y la nada.
Una de cada tres actividades musicales de Karajan fue dedicada a la ópera. En este campo se ha discutido mucho entre críticos y aficionados sobre el exigente director que agotaba y arruinaba las voces de los cantantes. Curiosamente, los más célebres cantantes de la segunda mitad del siglo XX alcanzaron sus más memorables interpretaciones bajo la batuta de Karajan, y como es sabido, muchos de ellos cantaron en excelente forma aun pasados los 60 años.
Sus detractores sólo reconocen en Karajan una gran capacidad para extraer de las orquestas un sonido particularmente brillante y alcanzar con ellas un sorprendente grado de precisión (para lo cual no escatimaba horas de ensayo). Inteligencias musicales más desarrolladas y sensibles van más allá de admirar meramente la pulcritud técnica para reconocer en su elevado y elocuente discurso musical la verdadera razón que asentó su figura, a veces vital y otras ensimismada, como el icono más representativo de la música clásica del siglo XX.
* Director Ejecutivo de Perú Clásico
EL MISTERIO DE LA DIRECCIÓN ORQUESTAL
La dirección orquestal es sin duda la disciplina más compleja de la interpretación musical. Una partitura orquestal constituye un amplio manual técnico, con indicaciones muy detalladas sobre los sonidos a producirse: altura, duración e intensidad. Pero es luz tenue si el intérprete no puede compenetrarse a través del lenguaje musical con el mensaje íntimamente ligado a ella. Si se la ejecuta tal cual está escrita, el resultado no pasará de ser más que un insípido episodio. Por ello, el director debe intuir a partir de aquellos signos el verdadero sentido y significado de las ideas musicales que conforman la obra, experiencia que le permitirá soplar el aliento de vida sobre ella.
Lograr una versión referencial de una obra maestra de la música implica que el intérprete se aproxime al estado mental que dominó al compositor cuando concibió la obra. Así, la tarea de un director de orquesta no solo consiste en plasmar en sonoridades sensibles la música escrita, sino en lograr que se proyecte en nuestro interior la evocación que realizó el compositor de la belleza, a veces deslumbrante y otras intimidante, de la naturaleza, de los contrastantes sentimientos humanos y del enigmático simbolismo cultural.