Por Alejandro Vassilaqui. Director ejecutivo de Cedro
Los tiempos cambian y el narcotráfico también responde a tendencias que le son propicias. Tiene la capacidad de adecuarse a los cambios con la rapidez que requiere un márketing eficaz. Según fuentes confiables, hoy la cocaína que proviene de Sudamérica y llega a Europa en un 95% procede del Perú. Los métodos para determinar la procedencia están basados en el análisis de las incautaciones y la relación de radioisótopos de carbono y nitrógeno y el análisis de las diferencias detectables en los patrones de trazas de los alcaloides, que varían de acuerdo al valle de origen.
Con referencia al consumo, los estudios epidemiológicos, tanto en países del mundo en desarrollo como en los europeos, comienzan a arrojar cifras similares respecto a las drogas cocaínicas: prevalencia en el 2003, en España, 2,4% en la población de 15 a 64 años; y en Inglaterra y Gales, 2,7% entre los pobladores de 16 a 59 años.
El Perú exporta drogas a sus vecinos. Argentina es uno de ellos, donde se detectan cárteles que tratan de reemplazar al mercado estadounidense, hasta hace cinco años mucho más lucrativo. En estas mafias, infortunadamente, hay peruanos involucrados que desprestigian a compatriotas que, con esfuerzo y ética, tratan de abrirse un espacio laboral en otros países.
En cuanto a la producción de materia prima, esta es incentivada por organizaciones y personas interesadas y, de forma más o menos evidente, coludidas con el narcotráfico.
El Alto Huallaga es un escenario donde esta dinámica tiene vigencia: pago mayor (S/.10 por kilo) que en el VRAE (S/.6 por kilo), por ejemplo, tratando de quebrar el control e incentivando la corrupción.
Y frente a todo esto se encuentra una población en la que los adolescentes y niños son las principales víctimas. Ha causado horror el caso de los niños obligados por sus padres a llevar droga en sus intestinos.
Tampoco es inusual conocer de jóvenes mochileros asesinados en la ruta de la droga y saber de muchos otros que arriesgan su salud y sus vidas por transportarla como 'burriers'.
Nada de lo anterior le importa al narcotráfico y a sus cómplices. Se trata de un negocio despiadado, donde todo vale para conseguir su fin: el mayor consumo posible, sea este en Europa, en América, en Asia o en cualquier escenario que le sea propicio.
El narcotráfico mata de varias maneras, incluyendo al que infringe sus códigos o no cumple promesas. El narcotráfico crea un sicariato que se ocupa del trabajo sucio, mientras la población va contando, desgraciadamente muchas veces en silencio, las muertes o desapariciones aparentemente inexplicables.
Hoy más que nunca el concepto de responsabilidad compartida tiene una vigencia moral que debe traducirse en acciones concretas y dirigidas fundamentalmente a la población más vulnerable. Hoy más que nunca no debemos callar.