Por Ricardo González Vigil
Desde su primer libro de cuentos ("Paren el mundo que acá me bajo"), Fernando Ampuero renovó la narrativa urbana del Perú con una asimilación muy personal, debidamente aclimatada a la realidad nacional, de la llamada "novela negra" norteamericana y el estilo ágil, funcional, sabiamente sugerente de Hemingway. Su universo creativo alcanzó madurez expresiva con la novela "Caramelo verde" (1992) y el volumen de cuentos "Malos modales" (1994).
Precisamente, uno de los textos más logrados de "Malos modales" ha tenido una fortuna singular. Se trata de "Taxi Driver, sin Robert de Niro": novedoso retrato de una práctica delincuencial cada vez más extendida en la Lima nocturna, esos taxis que parecen aves de rapiña a la caza de personas perdidamente ebrias, las que toman con imprudencia suicida (estúpido alarde de machismo o de autodestrucción) "hasta las últimas consecuencias", "hasta que me orinen los perros".
Varias veces antologado en selecciones peruanas e hispanoamericanas (incluidas muestras publicadas en inglés y otros idiomas), fue llevado al cine por Enrica Pérez, un cortometraje premiado por Conacine y el Festival de Columbia. La historia interesó tanto a los productores de Miramaz que le propusieron a dicha cineasta filmar un largometraje, para lo cual le solicitó a Ampuero la confección del guion respectivo. El fruto ha sido la novela "Hasta que me orinen los perros".
Esta novela constituye lo que Ampuero juzga su "trilogía callejera de Lima", con la citada "Caramelo verde" y con "Puta linda" (2006); una anatomía 'negra' de la Lima del 'desborde popular' de los últimos 30 años, a través de tres grandes lacras: el narcotráfico, la prostitución de alto nivel y el 'comercio' de borrachos a manos de taxistas y bandas organizadas. La más literalmente 'callejera' es "Hasta que me orinen los perros", llena de la atmósfera malsana de la Lima nocturna: "en esta ciudad, estamos hechos para odiar a la gente" (p. 9); "Lima continuaba igual de sucia, hostil e insufrible" (p. 33), "La noche te ensucia el alma" (p. 61) y "Creo que la culpa la tiene esta ciudad. Lima hace con nosotros lo que quiere" (p. 149).
De modo notable, Ampuero dosifica la trama, y entrelaza las experiencias del taxista Alberto y de su mujer, la policía Rosa (por cierto, el nombre limeño por antonomasia). Remitiendo al Borges de "El Sur" ("A la realidad le gustan las simetrías"), ironiza enfatizando el rigor del montaje que nos ofrece: "no soportaba esas historias con inverosímiles rasgos de simetría" (p. 139). Ampuero consigue que sus simetrías resulten verosímiles; y sus personajes, seres vivos, complejos, sin límites claros entre lo moral y lo inmoral, satisfechos del éxito de su 'microempresa' delictiva, al modo de "Buenos muchachos", otra película de Scorsese.
ARGUMENTO
El taxista Alberto aprende la labor delictiva de brindar servicio a borrachos para, cuando estos estén dormidos en el vehículo, "venderlos" a reducidores que los desvalijan y dejan casi desnudos. Hecho un experto en el 'oficio', se asocia a otros taxistas para manejar el circuito criminal completo: traslado de borrachos y robo de sus pertenencias (saqueando también lo que puedan de sus tarjetas de crédito). Este hilo principal se ve entrelazado a las peripecias de la mujer de Alberto: una policía que el personal motorizado admite y que un conductor borrachísimo atropella. Además, cada capítulo va precedido de breves confidencias y reflexiones de Alberto.