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Crónica EL SAMBENITO DE LOS GOBIERNOS No saber comunicar o no tener tribuna para hacerlo ha sido la explicación coincidente de los dos últimos gobiernos ante las caídas de la aprobación presidencial. ¿Será solo eso?

¿Comunico, luego existo?

Por Rocío La Rosa Vásquez

Un mensaje efectivo --qué duda cabe-- es el que llega a su destino con absoluta claridad, y eso es lo que acaba de pedirles a sus ministros el presidente Alan García: "(...) cuatro o cinco líneas muy claras de lo que está haciendo este gobierno". Lo hizo en el último Consejo de Ministros y luego de que el propio secretario general del Partido Aprista, Mauricio Mulder, cuestionara la capacidad del Gabinete para transmitir sus logros. Este dardo lo lanzó un día después de que este Diario publicara que un 70% desaprueba la gestión de García (según la última encuesta de Ipsos Apoyo para El Comercio).

Es curioso. Hace seis años, coincidentemente, en el primer tramo de la gestión de Alejandro Toledo, y cuando este gozaba de solo 15% de popularidad, su primer ministro, Carlos Ferrero, le decía a la periodista Cecilia Valenzuela: "Hay que mejorar la comunicación por el lado del Gobierno, preferiblemente (...) creo que el sistema de comunicación del Gobierno ha fallado, creo que no se ha sabido comunicar bien".

LA PREGUNTA DE RIGOR
¿Será que no saber comunicar se ha convertido en el sambenito de nuestros gobiernos, o es su mejor pretexto para justificarse cuando las encuestas no les sonríen? "Es posible que ( no comunicar bien) lo sufran todos los gobiernos, pero las razones son distintas. En nuestro caso tuvimos una prensa adversa y esa fue la razón más importante de por qué en la época de Toledo no se comunicó bien", dice ahora Carlos Ferrero.

Punto seguido remarca una distinción. "En el caso de García la motivación es distinta. Como (él) ocupa todo el espacio mediático, automáticamente desplaza a los ministros. Su sobreexposición los enmudece porque ya no tienen qué decir".

¿Solo los medios tienen la culpa? Jesucristo, uno de los grandes comunicadores de la historia, no tenía prensa acompañándolo en sus recorridos. Ferrero reconoce que tuvieron otros escollos.

"No siempre todos los funcionarios, más allá de los ministros, estuvieron dispuestos a explicar las cosas. No era fácil convencer a un viceministro, a un presidente de organismo autónomo, a un director o secretario general, que tenía que salir a los medios. Eso les gusta a los políticos pero a muchos técnicos no porque los expone y coloca en situaciones difíciles".

Entonces, Ferrero buscó revertir ese escenario. Durante su paso por la Presidencia del Consejo de Ministros citaba semanalmente a los periodistas, a quienes sentaba en una mesa para darles una breve exposición. Luego les cedía el micrófono. Incluso, llevó religiosamente la cuenta de esos prolongados encuentros .

¿Le funcionó? "Que juzguen los medios. Por lo menos era un esfuerzo por tenerlos al día con las cosas del Gobierno. No lo siguió haciendo mi sucesor ni lo hicieron mis antecesores. Fue una iniciativa personal, me esforzaba, aunque con prensa adversa. Ni tenía la misma presencia mediática que hoy tiene Jorge del Castillo".

¿NACEN O SE HACEN?
Nuestro país puede jactarse de haber tenido personajes que destacaron por su don de buen comunicador. Tuvimos a un Alfonso Barrantes Lingán, el popular 'Frejolito', que en 1980 fundó la Izquierda Unida, la misma que unió a diversos grupos de izquierda y de la que llegó a convertirse en único portavoz.

Y si de apristas se trata, allí estuvo Ramiro Prialé, el de la famosa frase: "Conversar no es pactar". Tal fue su arte para dialogar que logró sentar a la mesa a varios enemigos políticos del partido de la estrella, como el presidente Manuel Odría con el que, dicho sea de paso, sí llegó a pactar.

No podemos dejar de mencionar aquí al médico Uriel García, ministro de Salud del segundo gobierno de Fernando Belaunde. En una ocasión, ante la asamblea de las Naciones Unidas argumentó: "¿Cómo bajar la mortalidad infantil por enfermedad diarreica aguda con lo que cuesta el ala de un Mirage?". También predicó con el ejemplo cuando quiso probar que un cuestionado lote de vacunas sí estaba apto. Lo hizo vacunando a su propio nieto.

Durante ese mismo período se iniciaron algunos procesos de concertación entre el Estado, las empresas privadas y los trabajadores. Hablamos de las famosas mesas tripartitas encabezadas por el entonces ministro de Trabajo, Alfonso Grados Bertorini, quien hoy evoca ese mismo espíritu.

"Lamento que la concertación sea ahora una palabra sin contenido y profundidad, y se utilice más bien para ponerse de acuerdo en lo superficial, como un parche", se queja el también periodista.

Para él la comunicación es solo un ángulo. Reconoce los intentos del Gobierno por informar, pero ve que siempre se estrellará contra el muro de la oposición. "Ya la cosa no es racional", dice. Por eso recomienda que la tarea recaiga en los ministros que tengan más poder de convocatoria.

¿QUÉ COMUNICO?
Mulder ha dicho también que el Ejecutivo debe solicitar al Congreso un crédito suplementario para subvencionar una estrategia de comunicación. Eso no sería recomendable, según la presidenta de Pro Ética, Cecilia Blondet, para quien la publicidad estatal es probablemente la manera más costosa y a la vez menos rentable para conectarse con la población.

"Las personas no creen en el funcionario y menos en aquel que se hace publicidad. Lo importante es hacer cosas y luego estar donde estas se están haciendo para informar e involucrar a la población en la fiscalización de las obras".

La pregunta que nos debemos plantear, según la directora de Ciudadanos al Día, Beatriz Boza, es si la actual coyuntura política obedece a la falta de talento para comunicar o tiene que ver más con la eficiencia en la gestión.

"Cuanto más se habla, si no hay producto, de poco sirve, y el ciudadano puede rechazar eso (...) de qué sirve la publicidad si siguen las largas colas, si en el día a día continúa el maltrato".

Su consejo para las autoridades: no buscar reconocimiento por sus palabras sino por sus acciones y gestos concretos. Y para la población: saber reconocer a la autoridad que hace bien las cosas.

EN PUNTOS
Se cuecen habas en Latinoamérica

Uribe, el mediático
En Colombia, la voz cantante ante la prensa la lleva el presidente Álvaro Uribe y no sus ministros, quienes en algunos casos, como el de Defensa, Juan Manuel Santos, han protagonizado públicas metidas de pata.

Pocas palabras en Brasil
El brasileño Luiz Inácio Lula da Silva ha dado pocas conferencias, pero goza de alta popularidad gracias, sobre todo, a la entrega de alimentos.

El vocero en Chile
El ministro secretario general de Gobierno, Francisco Vidal, es el vocero de la presidenta Bachelet. Antes lo fue de Ricardo Lagos. Ofrece conferencias los domingos en su casa.

El discurso argentino
La presidenta Cristina Fernández solo ofrece públicos discursos. Ante la prensa fungen de sus voceros el jefe de Gabinete y el ministro de Justicia.

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