Por Pedro Ortiz Bisso
La noticia de que Sporting Cristal está en venta y que un grupo de ex dirigentes aliancistas estaría interesado en adquirirlo provocó un terremoto de grado 9 con epicentro en el Rímac. Aunque los rumores de venta recorren las redacciones hace meses, la posibilidad de que sea comprado por el enemigo sumió en el desconcierto a sus simpatizantes. Como en otras ocasiones, los directivos del club salieron raudos a desmentir la venta, estrategia que ya usó Wong en su momento (y todos sabemos cuál fue el final de esa triste historia).
Sporting Cristal es una sociedad anónima y está sujeta a la posibilidad de cambiar de dueño en cualquier momento. Y este no tiene que ser hincha celeste; es más, a la luz del deplorable estado en que se encuentra la mayoría de los clubes profesionales del país, sería mejor que no lo fuera.
Manejar clubes con mentalidad de hincha provoca que se tomen decisiones irracionales que afectan el negocio y, a la larga, la estabilidad de la institución. Ahí está Universitario, con una deuda impagable de 50 millones de soles producto del despilfarro y la corrupción de gestiones anteriores; Sport Boys, cuyos ingresos por la transmisión por TV de sus partidos son embargados cada mes por la Sunat o el propio Alianza Lima, que tras anunciar a principios de año que afrontaría la presente temporada con juveniles, acaba de contratar a un jugador de 36 años que lleva al menos cuatro meses sin jugar.
¿Y por qué el menos informal de los clubes está en venta? Porque el fútbol peruano, tal como está organizado, difícilmente puede ser rentable. Carece de reglas claras, sus torneos son caóticos y sus dirigentes no tienen credibilidad.
Las sociedades anónimas no son la panacea --el Liverpool, de propiedad de dos empresarios estadounidenses, vive una seria crisis económica--, pero garantizan un manejo más profesional por la sencilla razón de que en cada una de sus decisiones está en juego el patrimonio de sus dueños y estos siempre harán lo imposible por potenciar sus ganancias.
Si se enfocara el fútbol como lo que es --un gran negocio-- y no se manejara como siempre se ha hecho --con criterio de hincha--, Cristal no se vendería como un club deficitario, sino como una joya a la espera de que un nuevo dueño la haga brillar mucho más.